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Margaret Thatcher

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Los latidos del dinero - En Portada

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Si no fuera por el dinero que mueve y porque sus raíces se hunden en la banca y en la política, la City de Londres pasaría por ser un barrio acomodado de Londres. Pero nada más lejos de la realidad. Sin apenas residentes, -viven unas 9.000 personas- frente a las 350.000 personas que trabajan allí de lunes a viernes, La City es el paradigma de la banca de inversión, -la banca de casino para sus detractores-, y el principal centro financiero internacional del mundo, por delante de Wall Street.

Poderosa y peligrosa. Los que trabajan en ella lo saben y se sienten especiales, aunque lamentan estar bajo sospecha desde la crisis del 2008. La City no causó el desplome económico, pero hay coincidencia general en que sus manejos no fueron ajenos. Joris Luyendik, antropólogo y periodista en el diario The Guardian, lleva años investigando el comportamiento de los cityboys y concluye que no se sienten en absoluto responsables, porque viven en una burbuja y no ven ni a los parados de España ni los recortes de Grecia y porque, -detalle importante-, tienen miedo, mucho miedo a ser despedidos. Así de cruel y de atractivo puede ser trabajar en La City.

Aunque no figura en la lista negra de la OCDE, Londres es, en la práctica, un gran paraíso fiscal. John Christensen, director de Tax Justice Network, la Red para la Justicia Fiscal, explica en el reportaje como funcionan estos “refugios de dinero” y las prodigiosas cifras que evaden.

Pero la City es algo más que negocio y dinero. También tiene mucho de gigante incontrolado, que “piensa” por todos, máxime desde que la crisis pulverizara la división que existía entre políticos y autoridades monetarias. Y no tiene corazón o si lo tuvo, fue devorado por el capitalismo más avaro, al que culpabilizaba, no hace mucho, el poco sospechoso The Economist. Según el prestigioso medio “los más potentes enemigos del capitalismo no son los movimientos a favor de una globalización alternativa, la izquierda socialdemócrata o comunista, ni siquiera los terroristas, sino los amigos del capitalismo, sus hombres de confianza, que han soltado las riendas y abusan de su poder sin límite”.

Es la City: demasiado grande para caer; demasiado influyente para no vigilarla, aunque sea de reojo.

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