El desplome de Dubai

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Fue un shock y una sorpresa, no solamente para mí sino para todos a quienes conozco. Toda la información con que yo contaba desde ayer era que todo estaba bajo control. Teníamos fondos para cubrir toda deuda que venciera este año; había 10 mil millones de dólares desembolsados en febrero último y casi 8 mil millones
liberados el mes pasado.

DIC 09
Robert Fisk - SinPermiso

India podría tener el fuete en este juego de poder

Alá fue generoso con Dubai este jueves. Justo cuando la inmensa prosperidad del emirato parecía a punto de colapsar los mercados internacionales, que naturalmente temblaron”, comenzó la fiesta de Eid al Adha que envió a todos los reyes, emires y jeques de vuelta a sus Diwan (consejos administrativos o contables N. de la T.) para celebrar la decisión del padre del monoteísmo, el profeta Ibrahim, de no matar a su hijo Ismael. Sin embargo, el jeque Mohamed bin Rahid al Majtoum sabía que la fiesta de una semana de duración en Dubai cerraría
los mercados locales aunque no podría frenar los rumores.

Entre ellos estaba la patraña de que el jeque Mohamed tendría que entregar su inmensamente redituable Aerolínea Emiratos a su primo de Abu Dhabi, el siempre benévolo jeque Califa bin Sayed bin Sultan al Nahytan, quien ocupa mucho de su tiempo financiando las desmedidas ambiciones turísticas y oligárquicas de Dubai. Puede ser que Dubai tenga la más alta torre del mundo y también la más grande isla artificial, pero sería prudente que pagara lo que debe a la compañía japonesa que construyó el primer sistema de Metro del emirato, que tiene la
desventaja de que no tiene capacidad para transportar el equipaje de quienes son
llevados al aeropuerto.

Existen, sin embargo, dos realidades básicas sobre Dubai, reino que, de manera nada sorprendente, no ha logrado figurar en la especulación de los mercados internacionales ni en los análisis financieros de los periódicos. La primera es que Dubai puede descubrir muy pronto que es un satélite, no de su capital, Abu Dhabi, sino de India. Los más importantes comerciantes de Dubai son de nacionalidad india y tienen el monopolio no sólo del oro, sino hasta el de las librerías. El patio de recreo del jeque Mohamed está a sólo dos horas en avión
del oeste de India. Hasta 1962 (hay que ser viejo para entender el mundo económico de los emiratos), la rupia india era la moneda oficial de la región del golfo Pérsico, incluido Kuwait.

Esto no cambiará porque el jeque Mohamed, furioso, despidió hace una semana a tres de sus principales ejecutivos, si bien puede servir de advertencia a quienes quieren sacar demasiado provecho del boom de Dubai. El gobernante deberá reflexionar sobre el futuro de los emiratos, incluso el inválido Mundo Dubai, si es que quiere hacer las paces con su amistoso primo de Abu Dhabi. Pero al final, todos los emires saben que Dubai, al igual que los bancos de Estados Unidos y Gran Bretaña que se desplomaron espectacularmente este año, es demasiado grande como para ser abandonado. Si realmente falla Mundo Dubai, las agencias financieras empezarán a bajar el precio de sus activos, que antes promovieron escandalosamente, y por tanto los jeques y las elites financieras de los Emiratos Árabes Unidos tendrán dificultad para obtener dinero.

Siempre ha habido una cómoda relación entre el arrogante y estirado Abu Dhabi y el playboy que es Dubai. Al jeque Mohamed le gusta el turismo, los extranjeros, las carreras de caballos y hasta los oligarcas rusos, cuyos matones protagonizaron un tiroteo hace unos meses en el entorno del edificio más alto del mundo. Abu Dhabi, propietario de la sexta reserva más grande de crudo en el mundo, cree en la industria y el arte, y ocasionalmente hace bromas ligeras
contra el exuberante emirato que tiene al este. La exitosa creación de Aerolíneas Ettihad, de cara a la constante expansión de Aerolíneas Emiratos, fue una broma y una advertencia al mismo tiempo.

Pero desde el fondo de sus doradas mezquitas, la familia gobernante se hace preguntas muy serias en estos feriados islámicos. ¿Por qué fue tan grosero y poco profesional el llamado a declararse en moratoria de su deuda?

El lector puede confiar en que la fuente que dio esta información al periódico The Independent se encuentra en una posición muy alta de la escalera, por lo que debió haber sido informado de dicho llamado antes de anoche, y no fue así. “Fue un shock y una sorpresa, no solamente para mí sino para todos a quienes conozco. Toda la información con que yo contaba desde ayer era que todo estaba bajo control. Teníamos fondos para cubrir toda deuda que venciera este año; había 10 mil millones de dólares desembolsados en febrero último y casi 8 mil millones
liberados el mes pasado.

“Es un acertijo: estaba claro que el certificado de deuda que se vence en diciembre próximo serviría sobre todo como indicador. Todo mundo planeaba pagarlo. Los habitantes de Abu Dhabi no sabían que esto pasaría. Los mercados no esperaban esto”, dijo la fuente.

Muy cierto. Si Mundo Dubai y todos sus conglomerados (conocidos simplemente como Dubai) ya estaban en un proceso de restructuración, ¿por qué el extraordinario llamado del miércoles a declararse en moratoria? Se habló este jueves de “la revolución de los Diwan”, aunque uno pensaría que esto comenzó cuando el jeque Mohamed empezó a despedir a sus altos ejecutivos hace una semana.

Como dijo un periodista financiero del golfo: “Para obtener seis meses de gracia en los pagos a acreedores, no se puede nada más anunciarlo sin antes de hablar con ellos. No se logra algo así en un par de semanas”.

A menos, claro, que el jeque Mohamed haya planeado todo el fandango con el jeque Jalifa. Esto no es muy probable si se toma en cuenta que la decisión de Dubai de permitir a los extranjeros comprar propiedades en el emirato se adoptó sin hacer referencia alguna a las leyes de la nación y sin avisar a Abu Dhabi. Como sea, quizá en vez de preocuparnos por los mercados en Londres o Tokio deberíamos observar los movimientos de la bolsa en India...

Robert Fisk es el corresponsal del diario británico The Independent en Oriente Medio.

Traducción para la Jornada: Gabriela Fonseca


La Jornada, 27 noviembre 2009

 

 

Fuente: SinPermiso