De la misma suerte que saber, también dudar es meritorio

Dante

Corre Rubalcaba, corre
Juan Carlos Monedero - ComiendoTierra

SEP
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Corre Rubalcaba, corre

Los maestros de la confusión han olvidado la diferencia entre la teoría y la práctica, y gritan con convencimiento que el mercado es de izquierdas porque garantiza la competitividad. Sin rubor vuelven a afirmar que la ley está hecha para defender a los débiles de los poderosos (como si a Pashukanis no lo hubiera asesinado Stalin por decir lo contrario). También se atreven a mascullar que los contratos laborales son acuerdos libres entre ciudadanos libres, como si el capitalismo fuera ese sueño de pequeños propietarios que pensaron algunos liberales del siglo XIX. Los mismos a los que les asustó la fuerza del socialismo. Nos ponen a discutir con la teoría y no con las prácticas, y se olvidan de que con ese quehacer nos dedicaremos solamente a interpretar el mundo mientras que otros se siguen encargando, con rigor de hormigas-soldado, de transformarlo.

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Juan Carlos Monedero - 04/09/11

“Camina o siéntate, pero no te tambalees

Yunmen Wenyan

Señales para confundir

En las encrucijadas, un paso en falso te aleja kilómetros de la meta original. ¿Quién dijo que los tiempos son sencillos? Cuadrillas de despistadores profesionales llevan tiempo cambiando la dirección de las flechas, los nombres de las poblaciones, la distancia que resta al lugar al que te diriges. Han inventado también nuevos signos de difícil interpretación que, como en los bares pretenciosos, no dejan claro cuál es el baño que corresponde a damas y cuál a caballeros. Señales que anulan el pensamiento. Signos que no son sino el libro de autoayuda del moribundo sistema. Señales que marcan con fiereza simbólica el camino al tiempo que hacen lo posible para que pienses que es tu libertad la que escoge. Si acaso miraras un momento atrás, sentirías que te alejas y te alejas. Corre Rubalcaba, corre.

Bajar impuestos a los ricos, dicen esas señales, es de izquierdas. Al igual que lo sería cambiar los gravámenes directos –donde el que más tiene más paga- por impuestos indirectos, como el IVA, que tratan a todos por igual. Tiran una vez más al basurero de la historia a los pensadores que vieron con claridad cuando todo era menos confuso. Marx, repiten, está muerto, mientras golpean con el talón para apelmazar la tierra que lo encierra dos metros más abajo. De los demás, no recuerdan ni siquiera el nombre. Para ocupar el vacío, gritan contundentes, con nostalgia de sesentayocheros con el esparadrapo por dentro,  que no son de aquí ni son de allá, mientras acarician un gato de incierto color que sólo caza ratones colorados.

Convencer con la teoría, golpear con la práctica

Los maestros de la confusión han olvidado la diferencia entre la teoría y la práctica, y gritan con convencimiento que el mercado es de izquierdas porque garantiza la competitividad. Sin rubor vuelven a afirmar que la ley está hecha para defender a los débiles de los poderosos (como si a Pashukanis no lo hubiera asesinado Stalin por decir lo contrario). También se atreven a mascullar que los contratos laborales son acuerdos libres entre ciudadanos libres, como si el capitalismo fuera ese sueño de pequeños propietarios que pensaron algunos liberales del siglo XIX. Los mismos a los que les asustó la fuerza del socialismo. Nos ponen a discutir con la teoría y no con las prácticas, y se olvidan de que con ese quehacer nos dedicaremos solamente a interpretar el mundo mientras que otros se siguen encargando, con rigor de hormigas-soldado, de transformarlo.

Dice esa peculiar guía Michelin del pensamiento de izquierda –mientras todo un Ministro de Trabajo intenta no mover ningún músculo de la cara aun al precio de entumecerla- que es mejor estar empleado que estar desempleado. Posteriores pasos sin incurrir en deslaves ontológicos están servidos: ¿no es acaso mejor cobrar algo que no cobrar nada? ¿Tú qué quieres, un puesto de trabajo o un contrato?  ¿No es mejor ser esclavo y comer que estar desempleado y morirte de hambre? Bueno, tu jefe se adueña de partes de tu cuerpo que no están en ningún convenio y te dice que seas cariñosa, pero ¿prefieres quizá estar mano sobre mano en tu casa? El pensamiento debe adaptarse a las circunstancias. Corre Rubalcaba, corre.

 

Y perdona nuestras ofensas ya que no perdonas nuestras deudas

Dicen estos portadores de señales ad hoc que endeudarse es malo, algo que está a la altura de ese matón que después de darle a su víctima una paliza y romperle todos los huesos le sermonea diciéndole que tiene que cuidarse porque tener mala salud perjudica el normal desarrollo de la vida. Estos nuevos rastreadores de su propio beneficio han aprendido una palabra que repiten como un mantra (adanismo) para reprocharle a los que les miran con cara de sorpresa que no se engañen queriendo partir de cero porque no venimos de la nada. No vaya a ser que alguien les diga: si con estas reglas del juego no puedo respirar, quiero empezar de cero otro escenario. Al tiempo, ellos afirman y afirman como si viniéramos de la nada, olvidando que el endeudamiento de nuestros sistemas –convertir el dinero en fotocopias de dinero con una supuesta garantía de unos Estados que, siempre se ha dicho, nunca quiebran- fue la forma de evitar las pretensiones socialistas de los trabajadores que habían derrotado a la derecha en la Segunda Guerra Mundial. Ese endeudamiento público luego se completó con el endeudamiento privado.

Tanto el lubricante del sistema como el horizonte de la felicidad era consumir, consumir y consumir, algo imposible con la reducción real de los salarios. No había problemas: los mismos que se enriquecían pagando menos por el trabajo, le prestaban a los trabajadores el dinero que necesitaban para comprarles sus propias mercancías. Los mismos que, sin saber qué hacer con tanto dinero, lo colocaban en burbujas que siempre terminaban por estallar, arrastrando a los incautos que creían que podían jugar en la misma liga que los poderosos. Capitalismo popular lo llamaban. Uno de sus máximos engaños lo consumaron cuando hicieron de la vivienda –de la cueva donde, como dice su nombre, hacemos la vida-, el penúltimo negocio. Embelesados por el incremento artificial del precio de las casas –como si vender la propia no llevara necesariamente a buscar una nueva-, caímos en la locura. Los que pusieron en marcha la espiral andaban tranquilos: el Estado siempre se haría cargo de las deudas. Pero, como siempre, estiraron la cuerda hasta que dijeron que se rompió (que nadie crea que hay una tasa objetiva de ruptura de la cuerda). Puede haber dinero para guerras, rescates bancarios, sueldos de altos directivos, obras monumentales encargadas a constructoras amigas, rebajas fiscales, actos de proselitismo de la iglesia…Dinero para quien tenga la capacidad de dialogar con el poder. Para el grueso de la gente, por el contrario, es el momento de la sinceridad. Todos no cabemos en los botes salvavidas. Se trata de reconstruir el modelo de negocio y sobra mucha gente. Los partidos políticos hace tiempo que decidieron en qué bando estaban. Corre Rubalcaba, corre.

 

Socialismo Tarantino (Constitución y Europa, bululú y muerte)

La constitucionalización del techo del déficit no parece haber afectado a la tasa de riesgo. ¿O alguien se cree que cuando “los mercados” saben que pueden terminar robándote la cartera van a darte algo a cambio? En esta carrera, el asesino que tenga un atisbo de duda –no digamos de honestidad- será a su vez ejecutado de manera inclemente por los demás miembros del cartel. La lógica funciona, como dijo Karl Polanyi, como un molino satánico. ¿Teníamos que olvidarnos también de estas cosas? De acuerdo: no celebren a Marx, pero léanlo. El circuito “vendo mi mercancía, obtengo dinero, compro otra mercancía que necesito” satisface utilidades sociales. Por el contrario, el circuito propio del capitalismo: “pongo dinero, vendo una mercancía, obtengo otra vez dinero, pero aumentado” -que es lo que hacen los bancos con la mercancía “dinero”-, es un fin en sí mismo. Y si quiebras ese fin, les rompes precisamente ese juego mafioso que es al que se dedican. En esa lógica, no hay alternativa. Como en el chiste adolescente, después de preguntarte si prefieres bululú o muerte, cuando terminan de divertirse con el bululú te matan. Nuestra democracia se ha convertido en una película de Tarantino. ¿Qué hace corriendo hacia ahí la socialdemocracia?

Se votó en el Congreso la reforma constitucional. Esa que apenas hace unos meses era imposible porque no estábamos maduros. En el Parlamento español no ha aparecido un 10% de disidentes. Un 10% de diputados y diputadas que conectaran con esa ciudadanía que está a punto de arrancar las señales que le conducen al precipicio. ¿Quién tiene la razón? ¿Los que aun ven una gran pared y una ligera grieta, o los que saben que la grieta marca la tendencia? Creen desde el PSOE y el PP que son ellos quienes entienden bien al país. Los restos de franquismo sociológico que aún tiene nuestra cultura política hacen difícil cualquier discusión que tenga por medio una Constitución o que contradigan algo que viene de Europa. Europa y la Constitución eran los sueños durante la pesadilla del franquismo. Por eso la derecha siempre estuvo en contra de la Constitución y en contra de Europa. ¿No es sospechoso que ahora sean sus principales armas?

La gran coalición del PSOE y el PP (donde hay barón, no manda marinero)

La lectura del comportamiento del PSOE en la actual crisis apunta a la creación de una gran coalición real o formal después de las elecciones del 20-N. Si la presión de los mercados ha suspendido la democracia justificando decisiones para las cuales la soberanía popular no ha sido consultada, los nuevos embates –que necesariamente están a la vuelta de la esquina- darán paso a la suspensión de las diferencias ideológicas (y, es de temer, a su mera enunciación). Como ya dijo hace más de medio siglo Maurice Duverger, un diputado de la izquierda está más cerca de un diputado de la derecha que de sus propias bases. Defender el sistema, aun pagando el precio de cinco millones de parados, de la pérdida de derechos laborales básicos, de centenares de miles de desahuciados, del incremento de las dificultades para la obtención de una pensión, de más de un millón de hogares sin ingresos, de mayores problemas para acceder a la sanidad o la educación públicas, de la reconversión elitista de la universidad, sólo demuestra que el principal interés de la casta política es defender su modelo de negocio. Esto es, su puesto de trabajo. El principal objetivo de los diputados y senadores del Parlamento español –salvo las honrosas excepciones que deja la ley electoral- es defender su puesto en las listas de sus respectivos partidos. La lealtad no es con la Constitución –si es menester, la cambian-; no es con la ciudadanía –no ven necesidad alguna de consultarle nada-; no es con los trabajadores –les dificultan de manera creciente sus condiciones laborales-. La lealtad es con los que les garantizan el puesto de trabajo.

En el PSOE hubo una ligera disidencia cuando Zapatero anunció el proyecto de reforma constitucional. Pero vinieron los delegados de zona –barones territoriales les dicen- y se terminó la discusión. Todos se cuadraron como en un ejército de soldados que pusieron lejos la funesta manía de pensar. Pura democracia interna. “Los partidos políticos –dice la Constitución de 1978 en su artículo 6- expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la Ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos”. Pero donde hay barón, no manda marinero.

Del 15-M al 20-N: se buscan caras nuevas para el Parlamento (caras duras abstenerse)

Cuatro diputados en el Parlamento islandés fueron esenciales para sentar en el banquillo al Primer Ministro, para apoyar parlamentariamente la negativa popular a pagar una deuda ilegítima, para impulsar una reforma constitucional de abajo a arriba. 35 diputados en el actual Congreso de los Diputados, 26 senadores, habrían bastado para devolver la responsabilidad que corresponde a la ciudadanía en democracia a través de un referéndum.

El 15-M, ese impulso ciudadano que ha encarado a la cansada democracia española, necesita reimpulsarse a sí mismo. Tres batallas, donde se ha dejado parte de la piel, le obligan. La batalla contra la hipocresía vaticana (este país, en su desarrollo histórico, nunca ha resistido la pelea contra la iglesia). La reciente batalla contra la reforma constitucional (donde no basta para ganarse a la ciudadanía recurrir a simplezas como decir que esta Constitución es una herencia del franquismo o pretender en un mismo lema: “¡Abajo el capital, abajo la Constitución!”). Y la batalla del cansancio de una movilización permanente que no puede mantenerse y que amenaza con regalar el movimiento a los que tienen más posibilidades de ser perseverantes, sobre todo cuantos menos sean. En los nuevos retos que tiene por delante el 15-M, las elecciones lo emplazan. Es cierto que tiene que aprender a “organizar su silencio”, pero también a hablar como el nuevo interlocutor político que es. No se trata, en modo alguno, de convertirse en una opción electoral. El impulso del 15-M es de mucho más largo aliento. Pero tiene que entender los plazos políticos. Si su ejemplo sirve para trasladar su metodología horizontal, asamblearia, creadora de consensos, radical a espacios electorales –sin convertirse en parte de ellos- demostrará una vez más su capacidad de avanzar en una senda virtuosa. No se tratará tanto de programas –partidos como IU coinciden en buena parte de sus consensos mínimos- como de maneras de entender la participación política. Y es ahí donde a todos los partidos les queda mucho por aprender.

La peor herencia que legará el PSOE

Ya sabemos hacia dónde corre el PSOE y hacia dónde corre el PP. La meta los aproxima. El impulso que pudo significar el “efecto Rubalcaba” ha quedado disuelto con la reforma constitucional, donde, una vez más, queda claro que es más lo que les une que lo que les separa. Algo también válido para Zapatero, quien ha oscilado entre la falta de coraje de negarse a dirigir unas reformas para las que no fue elegido, y forzar una reforma constitucional guiada por el único interés de no cerrar su patética segunda legislatura habiéndose atrevido a forzar el rumbo de la Unión Europea. Que sean otros los que sinceren la mentira de la actual Europa. Les interesa más su legado que su servicio. Rajoy y Zapatero ya han negociado. Rubalcaba ha asentido. Ya da igual quién gane. Formal o de facto, la gran coalición está firmada. La socialdemocracia sólo vivirá de los excesos nacional-católicos que pueda cometer el PP. Y el PP, de recordar los excesos cometidos durante la mala gestión del PSOE. Uno, por su ideología. El otro, por torpe.

La actitud del único diputado de Izquierda Unida, Gaspar Llamazares, ha servido para demostrar una esquina de independencia y honestidad en el Congreso. El abucheo por parte de los brazos de madera que configuran el Parlamento es una señal de coherencia para todos: de los que se atreven y de los cobardes. Hacen falta diputados islandeses en el Parlamento. El polvo se acumula en los rincones.

EL PSOE parece empeñado en dejar siempre una terrible herencia después de pasar por el gobierno: dejar a un PP legitimado para hacer lo que quiera. No queda prácticamente ninguna política que no la haya adelantado el gobierno socialista. El espacio que le queda a la socialdemocracia ya no es ideológico, sino de mera gestión administrativa. ¿Despertarán militantes y  votantes socialistas? ¿Sabrá el resto de la ciudadanía decir basta y hacerse oír en donde corresponda? Viene a la memoria la frase vieja vuelta a atribuir al peronista y amigo de pesca de Felipe González, el elogiado por el FMI Carlos Menem: “Hace un año estábamos al borde del abismo. ¡Hoy hemos dado un paso al frente!”

Deprisa, deprisa, deprisa. No te pares. Corre Rubalcaba, corre.

Rubalcaba en sus tiempos socialdemócratas

 

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