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¿ Y después qué ? . Reflexiones de Julio Anguita sobre el 15- M
Julio Anguita - Colectivo Prometeo

JUN
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¿ Y después qué ? . Reflexiones de Julio Anguita sobre el 15- M

Vengo de estar acompañando a los integrantes del movimiento 15 M, instalados en el bulevar del Gran Capitán de Córdoba . Algunos jóvenes durante el acto me han planteado la madre de todas las preguntas : ¿y ahora qué?

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Julio Anguita - 11/06/11

Vengo de estar acompañando a los integrantes del movimiento 15 M, instalados en el bulevar del Gran Capitán de Córdoba . Algunos jóvenes durante el acto me han planteado la madre de todas las preguntas : ¿y ahora qué?

Los acampados y supongo que la inmensa mayoría de los que están dando el toque de atención y reflexión más mayúsculo desde hace muchísimo tiempo, están siendo conscientes de que la fase de ocupación y manifestación en la vía pública está tocando a su fin como única manifestación visible de su ejemplar capacidad de traducir a consignas, propuestas y actitudes un estado de opinión generalizado.

Es decir, se trata de afrontar el reto de la ampliación de este movimiento a sujeto de intervención política inmediata en nombre de las aspiraciones de una mayoría social que lo es. en función de la situación objetiva de sus integrantes: paro, precariedad, pérdida de horizonte, futuro más que incierto, derechos fundamentales negados en la práctica, etc.

El reto no es otro que la transformación de hábitos mentales, imaginarios colectivos y subjetividades alienadas, en consciencia de la propia situación y las causas de la misma. Ese tránsito conlleva implícita y explícitamente la asunción del protagonismo para facilitarlo; es la Política.

Afortunadamente los portavoces de este movimiento han sentenciado algo fundamental, “somos apartidistas pero no apolíticos”. Esta precisión los hace incompatibles con quienes hacen del apoliticismo bandera del medro propio y excusa para sus concupiscencias. Y es que el problema ahora radica en como el 15 M Ya lleva a buen puerto sus denuncias, sus anhelos y sus propuestas.

Se ha afirmado en estos días que los cambios- para ser efectivos- son inseparables del voto. Es cierto, pero solo a medias; la afirmación necesita ser precisada. El voto ciudadano en Democracia es la única fuente legítima de las leyes; pero ello no puede interpretarse de manera reduccionista como la obligación ineludible de votar a tal o cual partido político; es una opción tan cerrada que más bien parece un trágala. ¿Por qué no hablamos de propuestas y/o programas en vez de siglas partidarias? ¿Por qué no llevamos a las instituciones directamente las medidas nacidas de un gran consenso social, hijo del debate ciudadano?

Nunca he olvidado mi pertenencia a un partido político pero en él aprendí que éste no era otra cosa que una herramienta útil para crear- en unos casos- y en otros ayudar, a conseguir consensos, acuerdos, programas y movilizaciones de transformación social.

Democracia Real Ya, a mi juicio, no puede esperar que su esfuerzo presente y futuro cristalice en una espera del caballo blanco de Santiago que le ofrezca, a cambio de su voto, su mediación en las instituciones; la experiencia vivida en España me exime de mayores comentarios. Tampoco puede resignarse a ser interpretada en el campo del funcionamiento político; ya sabemos lo de traduttore, traditore .

Porque además eso sería dejar el ejercicio de la Política en las exclusivas manos de las organizaciones políticas. El ciudadano y la ciudadana son los sujetos principales de la actividad política. Los partidos y su más que obvia necesidad, son algo más que unos meros confeccionadores de listas electorales para ejercer su actividad en las instituciones; tienen un pape esencial en la formación de la ideología, la vertebración social y la formación del consciente ciudadano. 

    Si este naciente movimiento quiere- y digo además que debe- convertirse en un sujeto de intervención en la Política, desde su apartidismo, debe buscar una organización plural, participativa, activa, profundamente democrática y centrada en concretar sus anhelos y luchas en torno a programas, propuestas legales y proyectos de organización de la sociedad y del Estado. De esta manera ejercerían el papel de una función política totalmente objetivada en la realidad concreta sin tener que optar, como tal movimiento, por siglas partidarias y haciendo de sus relación con ellas una cuestión de debate programático y de compromiso en la defensa del mismo.

Visto en Colectivo Prometeo


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