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J.J. Rousseau

¿Por qué se despistó Israel respecto al Cairo?
Aluf Benn

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¿Por qué se despistó Israel respecto al Cairo?

Desde el acuerdo de paz con Egipto, Israel se ha preocupado de sus enemigos situados al norte y al este. ¿Tal vez por eso le pillaron por sorpresa los recientes acontecimientos sucedidos al oeste?

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Aluf Benn 23/02/11

El gobierno, la comunidad de inteligencia y los expertos académicos de Israel creían que el régimen de Mubarak era estable y que perduraría hasta que el veterano presidente egipcio pasara las riendas a su hijo Gamal o a su ministro de inteligencia, Omar Suleiman. El apoyo de Norteamérica también parecía inamovible. La valoración israelí del apoyo norteamericano a Mubarak se resumía inmejorablemente del siguiente modo: "Sin novedad al oeste, y no habrá novedad".  

 

Y entonces las masas se rebelaron contra Mubarak e Israel acabó triplemente sorprendido: por la forma en que se substituyó al gobernante, por el momento en que tuvo lugar y por la reacción norteamericana.

 

El fallo de la inteligencia recuerda hace recordar la valoración de la Inteligencia Militar de la Fuerza de Defensa Israelí respecto a la existencia de una "reducida probabilidad" de que estallara la guerra la víspera de Yom Kippur en 1973, pero su significado es distinto. Entonces el enemigo estaba a las puertas y la sorpresa impidió la convocatoria a tiempo de los reservistas y llevó al derrumbe del alto mando. Esta vez, sólo pilló desprevenido al gobierno.  

 

El resultado fue que el primer ministro Benjamin Netanyahu siguió apoyando a  Mubarak después incluso de que el presidente norteamericano le hubiera vuelto la espalda. Netanyahu también hizo explícitos sus temores de que el acuerdo de paz se viniera abajo y de que Egipto se convirtiera en un nuevo Irán. En foros cerrados advirtió de que Israel tendría que incrementar su presupuesto de defensa, completar rápidamente la verja a lo largo de la frontera meridional y prepararse para el posible cierre del Canal de Suez y los estrechos de Tirán. Si el primer ministro hubiera estado preparado para la revolución, tal vez habría hablado con más cuidado y se hubiese visto menos expuesto a las críticas internacionales.  

 

¿Qué provocó ese error de juicio? Al igual que en 1973, los evaluadores se adhirieron a una "concepción" que guiaba su pensamiento: que Egipto dispone de un gobierno fuerte y una oposición débil. El distorsionado resultado de las elecciones parlamentarias del pasado otoño se percibió aquí como prueba de la fortaleza del partido gobernante, no como signo de debilidad de un régimen que depende del engaño y la intimidación para sobrevivir.          

 

Desde que se firmó el tratado de paz con Egipto, la inteligencia israelí se ha ido concentrando en sus enemigos situados al este y al norte: Siria, Líbano, Irán y los palestinos. Los oficiales de inteligencia comprendían que ser destinados al departamento egipcio era como si te mandaran al exilio. Quienes se ocupaban de la capacidad nuclear de Irán o del "terror global" conseguían ascensos, viajes a reuniones de inteligencia en el extranjero y oportunidades de desarrollar su carrera en institutos de investigación.  

 

Los jefes de inteligencia conocían personalmente a sus homólogos del Cairo y mantenían una relación continuada de trabajo con ellos. Les habría resultado difícil volver de los encuentros con sus pares egipcios y escribir a continuación un informe que cuestionara la estabilidad del régimen del Cairo.

 

Los funcionarios gubernamentales tenían problemas similares. Si Netanyahu hubiera convocado una reunión para discutir el futuro de Egipto, y eso se hubiera filtrado, habría constituido un grave insulto a Mubarak, fomentando una crisis seria en las ya delicadas relaciones con Egipto. La avanzada edad de Mubarak y su declinante salud no pasaron inadvertida a los oficiales de inteligencia, especialistas en Oriente Medio y periodistas. Es más, durante el año pasado, la cuestión de la sucesión se trató por extenso en Israel y los medios de información occidentales, prediciendo la mayoría de los analistas la continuidad de la estabilidad.    

 

Sin embargo, el periodista norteamericano Adam Shatz, escribió en mayo pasado en The London Review of Books [1] que la situación política de Egipto recordaba al crepúsculo del régimen del Sha en Irán. Con mayor previsión y precisión todavía, Assaf Adiv, de la revista digital Etgar-Challenge, [2] escribió a finales de mayo que Egipto se encontraba en el umbral de una revolución social en sus bases. Citaba informaciones de Al-Ahram Weekly , órgano oficial del régimen, sobre el creciente número de manifestaciones, prediciendo que se extenderían. "La opción de que el régimen de Mubarak puede durar no es más que una ilusión", escribió como respuesta a un artículo mío de Haaretz, que daba cuenta de la esperanza israelí de que el régimen del presidente fuera duradero. 

 

Shatz y Adiv tenían razón, pero es dudoso que los lea alguien de los servicios de inteligencia o la comunidad académica. Shatz se muestra sumamente crítico con Israel y Adiv está etiquetado de extremista de izquierda. Tal vez los leen en el departamento antisubversivo del los servicios de seguridad del Shin Beth, [3] pero no en el departamento egipcio del Ministerio de lnformación. Conclusión: vale la pena buscar información de fuentes no tradicionales, aun de fuentes que irriten al funcionario y al profesor.

 

En otoño, después de lass elecciones parlamentarias amañadas de Egipto, empezaron a aparecer señales en la superficie que indicaban que los EE. UU. estaban distánciandose de Mubarak. Artículos críticos con su régimen fueron pasando de los márgenes a destacadas publicaciones como The New RepublicThe Washington Post, que apelaban a Obama para que promoviera la democracia en Egipto y se desvinculara de su veterano dictador.  

 

La impresión era que algo había cambiado, pero se perdió en el estamento de poder israelí. En su alocución de la reciente Conferencia de Herzliya, el presidente del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa de la Knesset, [el Parlamento israelí] Shaul Mofaz, del partido Kadima, se refirió a la sorpresa que causó "el terremoto que comenzó en Túnez, continúa en Egipto y tiene visos de extenderse". Pidió que se reexaminara la fiabilidad de las promesas norteamericanas: "La conducta [norteamericana] en el contexto egipcio constituye una disfunción severa", afirmó.

 

Esta semana Mofaz convocó a varios subcomités para debatir los cambios regionales, pero nada dijo de investigar los fallos de inteligencia. Tal vez no sea siquiera necesario: se ha ido Mubarak, pero el régimen egipcio continúa intacto, con el país gobernado con leyes de emergencia por el "Mando Militar Supremo". Si los oficiales se enamoran de sus poltronas, los análisis respecto a la estabilidad del régimen resultarán correctos y las manifestaciones de la Plaza Tahrir parecerán un acontecimiento aislado que se desinfló. 

 

NOTAS T.:  [1]  Adam Shatz, "Mubarak´s Last Breath", The London Review of Books, Vol. 32, No. 10, 27 de mayo de 2007.  [2] De Etgar-Challenge ha publicado SP el artículo de Yacov Ben Efrat, Un tufo de apartheid: la Ley de Ciudadanía de Israel.  [3]  El Shin Beth o GSS (General Security Service) por sus siglas en inglés, es el servicio de inteligencia y seguridad general interior de Israel, hoy conocido como Shabak, acrónimo en hebreo de Sherut Bitachon Klali, שירות ביטחוןכללי, Servicio de Seguridad General). Su lema es "מגןולא יראה" ("Defensor/protector invisible"). El servicio cuenta aproximadamente con 5.000 miembros. Es una de las tres organizaciones principales de la comunidad de inteligencia israelí junto con el servicio de inteligencia de las fuerzas armadas (Aman) y el Mossad. (De Wikipedia).

Aluf Benn es editor general del diario israelí Haaretz. Como periodista, se ha ocupado de temas de política exterior, seguridad nacional y líderes políticos, cubriendo la información sobre seis primeros ministros de Israel, de Ytzhak Rabin a Netanyahu, las guerras árabe israelíes y las negociaciones desde los acuerdos de Oslo de1993. Ha colaborado en The New York Times, Foreign AffairsNewsweekThe Guardian. Benn tiene una maestría por la Kellogg School of Management de la  Northwestern University y es licenciado por la Universidad de Tel Aviv.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

Haaretz, 23 febrero 2011

Visto en SinPermiso


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