Lo imposible es lo que nosotros tenemos que hacer, porque de lo posible se encargan los demás todos los días.

Simon Bolivar

LOS CRÍMENES OCULTOS DEL IMPERIO
COMITÉ INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PARA AMÉRICA LATINA (CISPAL) - CEPRID

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LOS CRÍMENES OCULTOS DEL IMPERIO

El SIDA, que apareció en los '80 entre la población negra de Haití y en algunos países africanos, bien puede ser otro artilugio del arsenal biológico estadounidense. Todo es posible para los líderes de ese imperio del mal.


03/01/11

COMITÉ INDEPENDENCIA Y SOBERANÍA PARA AMÉRICA LATINA (CISPAL)

CEPRID

Al terminar la II Guerra Mundial, los pueblos de la tierra contemplaron con horror los brutales crímenes cometidos por los nazis en los campos de concentración. No podían imaginar siquiera que a seres humanos indefensos se los matara por inanición, y se arrojara sus cuerpos a hornos crematorios que no dejaron de funcionar durante las 24 horas de cada día. Entre incrédulos y asombrados se enteraban de los experimentos médicos ejecutados por Mengele y compañía, en personas de carne y hueso por unos monstruos llamados “científicos de la raza superior aria-hitleriana”

Esos crímenes fueron castigados en los históricos juicios de Nüremberg. En esos procesos se condenó a la horca a varios líderes y dirigentes del régimen nazi por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad, entre ellos, por los experimentos biomédicos desarrollados con seres humanos.

Estados Unidos en calidad de imperio victorioso levantaba la voz en nombre de la humanidad, para condenar los crímenes del nazifascismo, al tiempo que ensalzaba el modelo yanqui de democracia, libertad y respeto a los derechos humanos, mientras escondía similares crímenes que cometía desde los albores del siglo XX. ¿Por qué asombrarse de la doble moral de la potencia imperial si Washington es un maestro en el discurso de dos caras?

Como maestro de crímenes monstruosos, Estados Unidos realizó pruebas ocultas, “fuera de todo control –de ordinario en el campo de la investigación biomédica o en las tecnologías bélicas–, en general con los “conejillos de Indias” que representan las poblaciones del Tercer Mundo, de los países pobres.

Según acaba de saberse por una supuesta “casualidad”, la investigadora estadounidense Susan Reverby, del Wesllesley College, en búsqueda de información sobre experimentos realizados con reos de la prisión de Tuskegee, en Estados Unidos, encontró datos que revelaron estudios secretos desarrollados entre los años 1946 y 1948 por personal del gobierno de Washington en la centroamericana nación de Guatemala” y en una serie de países de América Latina, África y Asia.

Las potencias mundiales y, en especial, el imperio yanqui, pueden cometer cualquier crimen en cualquier parte del mundo, sobre todo debido a la impunidad de la que gozan. Los crímenes que perpetra Estados Unidos permanecen sin castigo porque no hay tribunal que sea capaz de juzgar y condenar al imperio. Para resguardarse de algún tipo de condena, pasea su impudicia de primera potencia mundial por cualquier parte de la tierra.

Las potencias son potencias, justamente, porque manejan a las poblaciones, a los recursos que éstas poseen y, en definitiva, a los países en su conjunto donde todo ello se encuentra, sostiene el periodista Marcelo Colussi en un reportaje divulgado por ANS, y agrega que para manejarlos se apela a todo tipo de armas. El racismo, la desvalorización de los pueblos considerados “primitivos”, la noción de “ciudadanos de segunda” versus ciudadanos de sentido pleno –civilización y barbarie si queremos decirlo de otro modo–, son todas ideas que permiten la manipulación de esas masas excluidas, dando como resultado, entre otras cosas, la posibilidad de hacer experimentos abominables sin ninguna culpa con los “primitivos”. Si los Aliados juzgaron las abominables prácticas de los nazis, no fue en absoluto por consideraciones éticas: fue sólo una demostración de poder.

Ejercer el poder es todo eso. Y a ello contribuye, de un modo igualmente necesario para las estrategias de dominación, la manipulación informativa, afirma. ¿Podemos creer seriamente en lo que informa la prensa oficial? En el Sur somos conejillos en todo, también en la manipulación de las noticias.

El poder mediático mundial se ubica en territorio estadounidense y, por tanto, sirve a los intereses del imperio y, en el caso de experimentos médicos, manipulan la información, tergiversan hechos, minimizan realidades y hasta montan verdaderos shows, razón por la que nada informa a los pueblos sometidos, por ejemplo de que muchas de las sustancias prohibidas en el Norte, siguen siendo un buen negocio en el Sur.

El último escándalo sobre experimentos médicos se produjo en Guatemala, pero esos experimentos biomédicos con la utilización de seres humanos como conejillos de Indias, no son nada nuevo ni se constituyen en un hecho aislado. Ese tipo de experimentos realizan los “científicos” yanquis en los pueblos del Tercer Mundo, empobrecidos y explotados por los países ricos del norte, pero también son cobayas humanas los negros, los pobres, los inmigrantes que viven en los propios Estados Unidos.

Bien se puede afirmar que de las torcidas mentes de los anglosajones, no se libran ni sus propios compatriotas, o será que por ser pobres y miserables, ¿no son dignos de ser ciudadanos estadounidenses? Negros, latinos, indios, asiáticos, mulatos, mestizos se convierten en ratas de laboratorio de todos los experimentos que son dirigidos y financiados por varias instituciones médicas y organizaciones como la CIA.

El analista guatemalteco Alfredo Embid afirma que los experimentos humanos se realizan preferentemente sobre poblaciones indefensas y que los sujetos de los experimentos están desinformados y son engañados. Sostiene que los responsables siempre tienen excusas para justificar su comportamiento criminal y que transcurren décadas antes de que las atrocidades se den a conocer. Como en el caso de Guatemala, las autoridades responsables, como el emperador de turno Obama, presentan disculpas décadas después, cuando la mayoría de los cobayas humanos han muerto.

El caso actual revela que en Guatemala se infectó intencionalmente con sífilis, gonorrea y otras enfermedades venéreas a unas 1500 personas. La sífilis es una enfermedad grave que puede producir complicaciones cardíacas, enfermedades mentales y muerte.

Antes de los mediatizados experimentos en humanos realizados por los nazis, médicos occidentales ya los habían realizado sobre la fiebre amarilla en poblaciones africanas. Yersin dirigió experimentos sobre el tifus en poblaciones de Indochina y Rusia. Otero en México, Sergent en Argelia, Hamdi en Turquía y Sparrow en Polonia dirigieron el mismo tipo de experimentos. Por ejemplo, en 1905 Strong utilizaba para sus experimentos sobre el beriberi y la peste a 900 personas que eran, al mismo tiempo, filipinos, voluntarios y condenados a muerte. No deja de ser sorprendente que en una ciudad tan pequeña como Manila, en aquella época se pudiesen encontrar 900 filipinos condenados a muerte, y que además todos fueran “voluntarios”. Las multinacionales siguen haciendo experimentos sobre la población de los países empobrecidos.

Según un informe del United States Department of Health and Human Services, el 80% de los fármacos aprobados en 2008 estaban basados parcialmente en estudios realizados fuera de Estados Unidos. Por ejemplo en Nigeria; Pfizer ha realizado experimentaciones de drogas antibióticas sobre niños nigerianos sin el conocimiento de los pacientes con la cobertura de los Institutos Nacionales de la Salud de Estados Unidos. La multinacional ha sido acusada de violar el Código de Nuremberg por los padres de los niños que murieron o quedaron inválidos gracias al tratamiento. Peor aún, en el 2004 se demostró que la campaña de vacunación anti-polio de la OMS en Nigeria utilizaba vacunas contaminadas con substancias anti fertilidad. Lo documentó el Dr. Haruna Kaita, que hizo los test en la Facultad de Farmacia Ahmadu Bello University Zaria de India, En muchos países del Tercer Mundo se han experimentado vacunas con sustancias toxicas y anticonceptivas sobre su población, informa Colussi.

Los portorriqueños también han sido utilizados por años como “animales de experimentos” por parte del gobierno de Estados Unidos según el doctor Héctor Pesquera Sevillano, presidente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano Lo ocurrido en Guatemala ha sido una realidad durante décadas en Puerto Rico, que “Estados Unidos ha utilizado como un laboratorio experimental bacteriológico y químico”... “Eso que ha ocurrido en Guatemala hay que enmarcarlo en el contexto de las prácticas abominables de lo que hace Estados Unidos en sus colonias y neo colonias”, sostuvo Pesquera Sevillano.

En 1931, el médico estadounidense Cornelius Rhoads inyectaba células cancerosas a pacientes que trataba por anemia en el hospital “Ashford Presbyterian Community”, ubicado en El Condado, sector turístico de San Juan de Puerto Rico. Este científico criminal estaba financiado por la Fundación Rockefeller y tras ser descubierto por un nacionalista, que le dio la información al independentista Albizu Campos, nunca fue enjuiciado”. Además de inyectar a los pacientes anémicos con células de cáncer les administró elementos radiactivos para estudiar sus efectos en el Hospital Presbiteriano de San Juan.

El doctor Héctor Pesquera Sevillano informó que “El uso de la población como animales de experimentación científica ha sido una constante; miles y miles de mujeres fueron esterilizadas sin su consentimiento”. En las poblaciones indígenas de América Central y del Sur, Estados Unidos con sus especialistas mezclaban leche en polvo con agentes esterilizantes con la intención de imponer su política despobladora y eugenésica. La eugenesia consiste en la aplicación de las leyes biológicas de la herencia descritas por Mendel, para procurar el perfeccionamiento de la raza humana.

Una fanática de la eugenesia fue la estadounidense Margaret Sanger furibunda partidaria de la Planificación de la Familia fundada en 1942. Margaret Sanger fue miembro de pleno derecho de la Sociedad de Eugenesia Americana de carácter racista. Sanger publicó muchos artículos racistas, y hasta pensaba en solicitar a las Naciones Unidas un “permiso de raza”.

Margaret Sanger sostenía que sólo se debe permitir el nacimiento de niños aptos de las élites. Los pobres no tenían derecho a tener hijos. Ese es el objetivo principal del control de la natalidad. Sanger afirmaba que los eugenistas deben trabajar en el mejoramiento racial para lo que se debe hacer hincapié en la unión de parejas saludables con el propósito consciente de producir niños sanos. La esterilización de los ineptos debe aplicarse para evitar poblar el mundo con su clase. La anticoncepción es una medida necesaria entre las masas de trabajadores, donde los salarios no mantienen el ritmo de crecimiento de la familia y sus necesidades en la forma de alimentos, ropa, vivienda, atención médica, educación y similares. Sanger sostenía que los pobres deben desaparecer porque no se debe permitir que se reproduzcan los "imbéciles”. Proponía que deben ser enviados a Las Colonias de "Granjas y Espacios Abiertos", dedicadas al lavado de cerebro de los "tipos inferiores".

Los eugenistas consideran que el mundo va a depender de un simple anticonceptivo barato, seguro, que se debe utilizar en los barrios pobres afectados por la pobreza, para las mujeres que viven en las selvas, y entre la gente más ignorante, ideas que eran compartidas por la Sociedad Americana de Eugenesia.

Para esos “loables” fines se propuso contaminar el agua que iban a consumir las mujeres pobres de América Latina y del Caribe con abundantes anticonceptivos baratos, pues era más higiénico y menos costoso matar a los espermatozoides en el útero de las pobres que en el futuro matar guerrilleros en las selvas y montañas.

En Puerto Rico, realizaron experimentos con armas químicas y radiactivas, como el agente naranja con alto contenido en dioxinas, luego empleado por las fuerzas armadas estadounidenses contra la población de Vietnam, fumigando de paso a miles de soldados norteamericanos y cuyos efectos teratogénicos siguen manifestándose aún hoy.

La isla de San José, en Panamá, fue uno de los lugares donde se realizaron experimentos con radiaciones provenientes de la energía nuclear. El Regimiento de Infantería 295, compuesto por soldados portorriqueños fue rociado, deliberadamente, con gas mostaza mientras realizaba maniobras en las selvas panameñas.

El actual escándalo referido al caso de los experimentos biomédicos conducidos por el Servicio de Salud Pública de Estados Unidos, que infectaron intencionalmente a unos mil 500 guatemaltecas y guatemaltecos con enfermedades venéreas entre 1946 y 1948, obligó a Barack Obama e Hilary Clinton, presidente y Secretaria de Estado norteamericanos, respectivamente, a pedir perdón al país centroamericano.

La periodista guatemalteca Mayra Rodríguez, decía que esa información creó indignación por lo inescrupuloso del asunto en los ciudadanos de esta nación, quienes no se conforman con tal actitud de ese Gobierno y demandan acciones concretas de resarcimiento para las víctimas.

La noticia ha ocupado los principales titulares en los medios de comunicación guatemaltecos desde el primero de octubre de este año en que se hizo público el hallazgo de la investigadora Susan Reverby del Wellesley College, en los archivos del médico John C. Cutler, quien, con el consentimiento del Secretario de Salud de Estados Unidos, condujo los experimentos que infectaron de sífilis, gonorrea y chancroide a unas 1,500 personas, sin su consentimiento.

Según revelaciones de Reverby, el macabro proceso consistió en la inoculación forzada de enfermedades venéreas a mujeres trabajadoras sexuales para que, a través de relaciones sexuales contagiaran a soldados, reos y pacientes de salud mental.

Cuando se comprobó que eran pocos los infectados, se pasó a la contaminación directa inyectando las bacterias en uretra, brazos, cara o espalda de los hombres, a quienes se aplicaba penicilina, buscando determinar la efectividad de ésta en la población masculina. Las mujeres ni siquiera recibían antídoto después de ser infectadas.

El director jefe de esos bárbaros experimentos fue el doctor John Cutler que era funcionario del Servicio de Salud Pública de los EE.UU. y, asimismo, participó en el proyecto Tuskegee, realizado en los años sesenta, que consistió en negar el tratamiento a cientos de ciudadanos negros de Alabama, que ya estaban contagiados con sífilis, para observar el desarrollo de la enfermedad.

Susan Reverby, en búsqueda de información sobre experimentos realizados con reos de la prisión de Tuskegee, en Estados Unidos, encontró datos que revelaron estudios secretos desarrollados entre los años 1946 y 1948 por personal del gobierno de Washington en Guatemala.

De acuerdo a lo hallado por la investigadora, con la aquiescencia de la embajada de su país en Guatemala y de la por aquel entonces Oficina Sanitaria Panamericana, precursora de la actual Organización Panamericana de la Salud (OPS), en esos años se llevaron a cabo en el país centroamericano cuestionables estudios con pacientes psiquiátricos, trabajadoras del sexo, soldados y niños huérfanos. Lo que se buscaba era conocer la efectividad de la penicilina en el tratamiento de enfermedades venéreas (sífilis y gonorrea), para lo que se les infectó a las personas seleccionadas –por supuesto, sin previo aviso y con total desconocimiento de lo que se les hacía– con microorganismos de ambas patologías.

En opinión de expertos en el tema, como es el caso de Frank Donaghue, presidente de PHR, las disculpas del presidente Obama por el caso de Guatemala resultan huecas cuando la Casa Blanca se niega a investigar crímenes similares que presuntamente ocurrieron en la última década.

"La evidencia creíble de experimentos humanos ilegales por parte de la CIA en detenidos en cárceles clandestinas merece igualmente atención y justicia" , agregó Donaghue quien informó que en junio pasado el PHR analizó pruebas de que la entonces Administración Bush, presuntamente, realizó investigaciones ilegales con seres humanos y experimentos en prisioneros bajo custodia de Estados Unidos.

Las investigaciones se realizaron aparentemente tanto para proteger a los interrogadores de posibles juicios como para uniformar el uso de la tortura, indicó PHR.

Para Scott Allen, médico y principal autor del informe de PHR, la conducta de los profesionales de la salud tanto en el caso de Guatemala como en el de las cárceles clandestinas de la CIA, "son una burla a los principios fundamentales de la ética y la ley" en el campo de la medicina. "Las protecciones para los sujetos humanos en las investigaciones no significan nada si no se aplican a todos en todo momento, sin importar la política", agregó Allen.

Según PHR, médicos y psicólogos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) recabaron y analizaron datos sobre el impacto físico y psicológico de las tácticas coercitivas utilizadas durante los interrogatorios a detenidos.

El análisis de esos datos fue la base de los memorándums del Departamento de Justicia para justificar el programa de tortura, indicó el grupo, fundador de la Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Antipersonas y ganador del Premio Nobel de la Paz 1997.

PHR advirtió de que los presuntos experimentos con los detenidos violan la ética, las leyes federales, y las normas internacionales sobre investigaciones, incluyendo el Código de Nuremberg y, en ciertos casos, podrían "constituir crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad".

Mayra Rodríguez decía que lo ocurrido en Guatemala causa indignación, rabia, rechazo, enojo, desconfianza y recalcaba que es una ironía de que mientras Estados Unidos denunciaba las atrocidades cometidas por el gobierno Nazi en la Segunda Guerra Mundial, hacía lo propio en Estados Unidos y en los países latinoamericanos.

La sociedad guatemalteca coincide en que más allá de una disculpa, Estados Unidos debe resarcirla por semejante delito. “Ni los Estados Unidos ni la sociedad norteamericana tienen la autoridad moral ni política para despreciar, marginar, discriminar y explotar a los inmigrantes latinoamericanos en ese país, que están dando un servicio a ese pueblo con su mano de obra, ayudando al progreso y desarrollo, por lo que hacemos un llamado al gobierno norteamericano para que, a partir de este reconocimiento, busque una forma de resarcir los daños causados a Guatemala, sea que reciban, de manera digna y con los derechos de seres humanos a la población migrante, y que no nos los regresen de manera inhumana e irrespetuosa”. La comunidad internacional demandó se realice la más amplia investigación para encontrar a los culpables de esos crímenes de lesa humanidad.

En tanto, la sociedad guatemalteca duda de las pesquisas que logre la comisión designada para profundizar la investigación de estos experimentos, pues en Guatemala los registros y estadísticas son un eterno valladar y, por ejemplo, actualmente no se tiene un dato claro del comportamiento en las cifras de enfermedades de transmisión sexual, en el que apenas se da seguimiento a los casos de VIH/Sida, con un fuerte sub-registro.

El Periódico de Guatemala, en su página editorial, al referirse a los experimentos ejecutados en Guatemala por médicos estadounidenses sostenía

El objetivo del experimento era indagar nuevas fórmulas para prevenir las enfermedades de transmisión sexual (gonorrea, sífilis, chancroide o chancro blanco). Para el efecto, fueron utilizadas prostitutas portadoras de gonorrea o sífilis para contagiar a presos y enfermos mentales. El periódico rechazaba frontalmente tales prácticas monstruosas e inhumanas.

La periodista Carolina Vásquez Araya, señalaba que el escándalo que sacude a los países involucrados (Estados Unidos y Guatemala) no debe, sin embargo, circunscribirse al hecho puntual de esta investigación, la cual señala a los responsables y pretende resarcir a los afectados. Las investigaciones deberían extenderse a otros ensayos y operaciones realizados en distintos ámbitos, como la venta y promoción de agroquímicos y medicamentos que por sus efectos peligrosos fueron prohibidos en los países productores, pero distribuidos en los del Tercer Mundo para proteger la economía de las grandes compañías, o la exportación de productos alimenticios contaminados y de desecho, o el uso de nuestros mares y territorios como cementerio de materiales tóxicos.

Para poner otro caso emblemático, ahí están las hábiles maniobras de las empresas exploradoras y explotadoras de minerales e hidrocarburos, que se aprovechan de la debilidad institucional de naciones menos desarrolladas para cometer toda clase de abusos en contra de la integridad de estos territorios, su medio ambiente y la salud de sus pobladores. Como los casos de Perenco y de Montana Exploradora, sin necesidad de ir más lejos.

En países como Guatemala y otros de América Latina también se cometieron excesos incalificables durante la Guerra Fría, como las esterilizaciones masivas de mujeres indígenas y de estratos pobres. Estos operativos de “limpieza social” también fueron generosamente patrocinados por Estados Unidos a través de instituciones de fachada que se insertaban en las comunidades para realizar supuestas misiones de apoyo en el área de salud. Y los Estados latinoamericanos las apoyaron.

Este asunto de los contagios de sífilis y otras enfermedades en habitantes desprotegidos de los países tercermundistas no es nada nuevo, pero debería servir para abrir los ojos de la población respecto a la manera como los gobiernos avalan situaciones que terminan catalogadas como crímenes de lesa humanidad. Este caso no es único ni será el último, pero en estos momentos es una alerta importante para comenzar a investigar cuántos otros han pasado inadvertidos, amenazando la vida de millones de seres humanos cuyo único defecto, si es que se puede llamar así, ha sido nacer en el otro hemisferio.

EL PROYECTO MKULTRA

Múltiples documentos desclasificados e investigaciones privadas informan sobre la existencia de un Proyecto MKULTRA, o MK ULTRA que, era el nombre código para un programa encubierto de una investigación ilegal planificada y ejecutada por la CIA. Ese proyecto utilizaba a seres humanos, bajo responsabilidad de la Oficina de Inteligencia Científica, un brazo de la tétrica CIA.

Wikipedia informa que era un programa oficial del gobierno de Estados Unidos que comenzó a principios de 1950, continuando por lo menos hasta finales de 1960. Utilizó a ciudadanos estadounidenses y de Canadá como sujetos de prueba.

La evidencia publicada indica que el Proyecto MKULTRA implicó el uso de varias metodologías para manipular los estados mentales individuales y alterar la función cerebral, incluyendo la administración subrepticia de drogas y otras sustancias químicas, la privación sensorial, el aislamiento y el abuso verbal y sexual.

El proyecto MKULTRA fue investigado en 1975 por el Congreso de los Estados Unidos, pero la investigación fue obstaculizada por el director de la CIA Richard Helms, quien ordenó en 1973 que todos los archivos de MKULTRA sean destruidos. Algunos documentos se salvaron de la destrucción. En 1977, se descubrieron unos 20.000 documentos relativos al proyecto MKULTRA.

Suele decirse que la CIA abandonó MKULTRA hace unos 14 años, pero un veterano agente de la CIA, Víctor Marchetti ha dicho en varias entrevistas que la CIA lleva a cabo rutinariamente campañas de desinformación y que la investigación del control mental por parte de la CIA continuó. En el Senado en 1977, el senador Ted Kennedy dijo que el Director Adjunto de la CIA reveló que más de treinta universidades e instituciones participaron en "extensas pruebas y experimentación" con drogas suministradas a ciudadanos inconscientes "de todos los niveles sociales, altas y bajas, nativos americanos y extranjeros". En varias de estas pruebas se administró LSD a diferentes sujetos a los que jamás les pidieron su consentimiento.

El control de la mente siempre ha sido un objetivo de los “imperios” y de los dictadores. MKUTRA se inició durante la Segunda Guerra Mundial con la investigación sobre la hipnosis. La investigación se extendió al uso y efecto de drogas como los barbitúricos y el cannabis, utilizados en interrogatorios. Estabrooks, uno de los investigadores de la CIA admitió en 1971 la utilización de experimentos hipnóticos para fines de Inteligencia Militar.

Wikipedia señala que los experimentos con uso de seres humanos se desarrollaron en la Guerra Fría y la Guerra de Corea. Se dio un gran impulso a programas del control de la mente con la aparición del "lavado de cerebro". Este tipo de investigación fue impulsado por la CIA, pues era importante el lavado de cerebro en la lucha contra el comunismo.

La hipnosis, las drogas, psicocirugía y sicoterapias, se combinaron para la búsqueda del suero de la verdad. El monstruoso experimento tenía como objetivo el crear un agente que jamás hablaría así fuese torturado o un agente que ni siquiera era consciente de que llevaba información secreta que se le proporcionaba en un estado mental alterado por medicamentos cada vez más sofisticados como el LSD, ketamina, y Psilocibina. La lobotomía y la implantación de electrodos fueron consideradas como métodos para la creación de un super agente.

“Uno de los casos más notables de control mental consiste en el caso de una famosa modelo de la década del 40’s y 50’s llamado Candy Jones. En el libro, "El control de Candy Jones", el autor revisó horas de cintas grabadas por Candy Jones y su marido, que reveló un programa sistemático para crear, manipular y alterar personalidades.

Este tipo de investigación continuó hasta principios de los 70 por la propia CIA. John Marks, autor del mejor estudio de los experimentos de control mental de la CIA, hace la diferenciación sutil de que los testigos de la CIA en el Congreso no podrían decir la verdad porque previamente habrían sido manipulados mediante experimentos de control mental y alteración de la personalidad.

Ha habido rumores persistentes de investigación realizada por la Marina sobre telepatía. El más famoso de estos experimentos corresponde al submarino Nautilus con el que se trataba de la detección de submarinos enemigos y la comunicación con un submarino sumergido. La telepatía es un problema en la transferencia de información en un entorno muy ruidoso. El control de la población fue la pasión de John C. Cutler, autor del horripilante experimento sobre la sífilis en Guatemala, pero la utilización de personas vivas en experimentos biomédicos no es de su exclusividad, Estados Unidos no sólo desarrolla proyectos como MKUTRA, sino experimentos como el control de la mente, el lavado de cerebros, el uso del suero de la verdad, los fenómenos parasíquicos. El objetivo es dominar a los seres humanos para dominar al mundo, a fin de cumplir con el más cínico objetivo del imperio. ESTADOS UNIDOS EXPERIMENTA CON SU PROPIA GENTE

Ernesto Carmona, Consejero Nacional del Colegio de Periodistas de Chile y Secretario Ejecutivo de la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (Ciap) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (Felap) ha realizado algunas investigaciones sobre los experimentos humanos de Estados Unidos con su propia gente. Otros periodistas e investigadores de diversas partes del mundo, informan sobre el mismo tema. A continuación una síntesis de esos trabajos que constan en diferentes páginas web.

ALGUNOS ATENTADOS En la década del 40 se inyectó plutonio a pacientes de hospitales, se hizo ingerir radioisótopos a los escolares y mujeres embarazadas bebieron hierro radiactivo. Desde fines de los ‘40 hasta los ‘50, estadounidenses, canadienses y británicos rociaron bacterias en Las Bahamas. En los ’50, las tropas fueron sometidas a la radiación de las pruebas nucleares en la atmósfera, para conocer sus efectos en la infantería.

En 1950, las FF.AA. bombardearon San Francisco, Key West -Florida- y Ciudad de Panamá con bacterias serratia marcescens, sin advertir a la población. En 1952/53 dispersaron nubes de partículas sintetizadas de sulfuro de zinc-cadmio sobre los alumnos de la escuela Clinton de Minneapolis (Minnesota); Saint Louis, el Fuerte Wayne, el Valle del Monocacy (Maryland), Leesburg (Virginia), otros estados del centro y Winnipeg (Canadá), "para ver cuánto se dispersarían". En 1965, agentes del Ejército soltaron el bacilo globigii en el aeropuerto nacional de Washington y en la terminal de autobuses Greyhound. En 1966, difundieron bacterias sustilus varilus en la estación Broadway, Nueva York.

EXPEDIENTES DEL PLUTONIO

Aunque no es fácil obtener información, la verdad termina siempre por saberse. Una investigación de la periodista Eileen Welsome documentó en 1993 la historia de 18 casos de radiación en el libro The Plutonium Files: America’s Secret Medical Experiments in the Cold War (Los archivos del plutonio: experimentos médicos secretos durante la Guerra Fría).

El trabajo de Welsome sobre los expedientes secretos desclasificados impresionó a Hazel O’Leary, secretaria de Energía de Clinton, quien promovió una investigación que en 1994 fue muy resistida por "insólita". Welsome reveló que 73 menores indefensos de una escuela de Massachusetts ingirieron isótopos radiactivos en la avena del desayuno, una mujer de Nueva York fue inyectada con plutonio por los médicos del Proyecto Manhattan -la bomba atómica- que le atendían un desorden pituitario, mientras 829 embarazadas bebieron "cócteles vitamínicos" en una clínica de Tennessee, pero en realidad contenían hierro radiactivo.

El gobierno de Clinton formó una comisión -presidida por Ruth Fade- para investigar los casos de radiación en seres humanos denunciados por Welsome. Sin embargo, el informe no satisfizo porque no hubo culpables. Sólo las disculpas del Presidente.

OTRAS INVESTIGACIONES

Cuarenta años después, una ex alumna de la escuela Clinton -de un típico barrio de clase obrera- descubrió que cuatro compañeros murieron a los 40 años de edad por enfermedades atribuidas a las pruebas químicas.

La mayoría padeció asma, sufrió neumonía y otras enfermedades respiratorias, pero en un juicio sin culpables se impuso el principio de la "inmunidad gubernamental". El Ejército aseguró que sus pruebas resultaron inocuas y garantizó que las enfermedades fueron una coincidencia.

En la mitad de los ’70, el San Francisco Chronicle denunció -un cuarto de siglo después- el evento serratia marcescens. Hubo reclamos de los nietos de 11 víctimas hospitalizadas por infecciones urinarias y respiratorias severas, entre ellas un hombre que murió, pero de nuevo los jueces impusieron la doctrina de "inmunidad gubernamental". Además, el Ejército aclaró que las bacterias causantes del daño humano no fueron las suyas. Otra coincidencia.

Leonard Cole, autor de The Eleventh Plague: The Politics of Biological and Chemical Warfare (La plaga décimo primera: la guerra química y biológica), documentó numerosos otros casos.

No es fácil conseguir información sobre estas violaciones a los derechos humanos en el país gendarme de la democracia mundial. La Red de Noticias de Salud (Health News Network), del Proyecto Libertad de Derechos Humanos de Winston-Salem, Carolina del Norte, ofrece reimpresiones de documentos gubernamentales desclasificados

MÁS PRUEBAS EN HUMANOS

En 1977, las audiencias del Comité de Inteligencia del Senado sacaron a la luz que entre 1949 y 1969 se realizaron 239 pruebas secretas de agentes biológicos aéreos, 80 con bacterias vivas.

Las Fuerzas Armadas afirmaron que sus bacterias tampoco eran nocivas, pero en varios casos se comprobó lo contrario. En 1994, un experto en guerra biológica declaró que por 20 años el Ejército soltó nubes de microbios "simulados" y agentes químicos en cientos de zonas pobladas, causando enfermedad y muerte en humanos y animales.

Las audiencias revelaron que la CIA hizo experimentos secretos (1956-1961) de control mental con el programa MK-Ultra en numerosas ciudades. Sus agentes introducían alucinógenos -LSD y mezcalina- en las bebidas sin que los "conejillos" se percataran y se quedaban a "observar".

Muchos "sujetos" se enfermaron y murieron.

Entre 1944 y 1974, el Ministerio de Guerra (Pentágono) y la Comisión de Energía Atómica estudiaron en miles de personas los efectos nocivos del material radiactivo e inyecciones de plutonio. Un comité del gobierno informó en 1965 que se realizaron 4.000 experimentos en docenas de hospitales, universidades y bases militares, por lo general sin permiso ni conocimiento de los "conejillos".

TODO VALE EN ESTADOS UNIDOS

Los ataques con ántrax perpetrados en Estados Unidos en el año 2002 utilizaron cepas Ames, desarrolladas en laboratorios de Iowa y utilizadas por el Ejército en la década de los 60 para fabricar armas virulentas.

Los experimentos con el ébola se desarrollaron en el Instituto de Investigación de Enfermedades Infecciosas del Ejército en Fort Detrick (Maryland).

Entre 1942 y 1945, los Servicios de Guerra Química experimentaron el gas mostaza en unos 4.000 militares y en centenares de Adventistas del Séptimo Día que eligieron prestarse como conejillos de india en lugar de servir en el Ejército. El registro de las experimentaciones humanas en Estados Unidos podría albergarse en una gran biblioteca.

El servicio de Salud Pública decidió actuar contra el pelagra -una deficiencia de niacina- recién en 1935, después de observar impasible durante 20 años los estragos mortales del mal en la población negra azotada por la pobreza. En 1940, 400 presos de Chicago fueron infectados con malaria, para probar los efectos de nuevas drogas contra esa enfermedad.

El mismo servicio experimentó en los años 30 la sífilis Tuskegee en 200 hombres de la comunidad negra de Macon County, Alabama. Y una vez que comenzó la producción industrial de penicilina tampoco los curó.

El SIDA, que apareció en los ’80 entre la población negra de Haití y en algunos países africanos, bien puede ser otro artilugio del arsenal biológico estadounidense. Todo es posible para los líderes de ese imperio del mal.

Correo electrónico: tribunalpazecuador@yahoo.com

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