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Thomas Jefferson

El manifiesto de 150 escritores
Jaime Richart - KaosEnLaRed

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El manifiesto de 150 escritores

Lo que defienden al defender el copyright en un manifiesto esos 150 escrito­res no son, ni de lejos, los derechos de autor.


Jaime Richart | Para Kaos en la Red | 22-12-2010

En el fondo están defen­diendo el de­recho de las editoriales a extraer de sus libros la pulpa crematís­tica de la obra escrita mientras les dejan a ellos las monda­rajas. Valga lo dicho también para autores musicales y ca­sas dis­cográficas.

  Porque a quien quiere proteger realmente este sistema inmundo capitalista es al capitalista, al empresario; no al autor, al inventor, al verdadero crea­dor de “la idea” cuyos verdaderos derechos, en ma­nos de editoriales y casa discográficas, no pasan de las sobras. El capitalismo es así. Los que se manifiestan y protestan contra la usurpación de sus derechos de autor en Internet son, pues, los que menos pintan en el reparto de los frutos de la propiedad intelectual.

  Todo lo obsceno, lo repulsivo y lo conflictivo relacionado con el arte, con los derechos de autor y con la propiedad intelectual, en el capitalismo (que rezuma contradicciones), tiene que ver con el mer­cantilismo inmundo que emponzoña el arte y la inventiva con lo re­tributivo. Es muy raro el verdadero "creador", el verdadero “autor”. Es muy raro el que no plagia, el que no imita, el que no maniobra para hacerse dueño de lo que no es suyo en la materia que apa­renta serlo. Por otra parte, dice un viejo proverbio árabe: "palabra que dices, ya no es tuya".

  Si esta sabiduría árabe integrase los entresijos de este sistema co­rrupto por defini­ción, esta socie­dad podrida por el dinero cambiaría radicalmente en algunos aspectos. Empezamos por que la mayor parte de esos 150 autores que han firmado ese manifiesto, en lugar de reivindicar “lo suyo” frente a los que se bajan su música o sus li­bros de Internet, confeccionaría otro manifiesto para que las edito­riales y las casas discográficas no les pagasen miserablemente por cada obra suya vendida quedándose ellas con la parte del león.

  El verda­dero creador es humilde. Y poquísimos son los que viven sólo de su arte. Está llena la sociedad de creadores y de inventores, de talentos e ingenios a quienes nadie conoce porque son casi po­bres gentes gracias a cu­yos chispazos de creatividad disfrutamos todos los demás o gracias a los que vivimos con más como­didad, mientras que ellos sobre­viven simplemente. Los que se enriquecen y los que les explotan son muchos más. En tanto que los cazata­lentos se enriquecen a costa de los talentos, los verdaderos talen­tos, puesto que la ambición en­torpece la creatividad,  y suelen confor­marse con muy poco. Y este conformismo es lo que explotan edito­riales y casas discográficas. Puede haber excepciones, pero la ex­cepción no es lo que imprime carácter a la realidad social.

  Todo lo que digo tiene mucho que ver también con el papel de tantos que escribimos en Internet y nos importa muy poco que otros, llegado el caso, se apropien de nuestras ideas; algo con lo que, por otra parte, en casi 20 años que vengo publicando, nunca me he tro­pezado. Eso tiene una doble lectura: una, que mis ideas no val­en un bledo; otra, que la honradez intelectual cunde en los me­dios alter­nati­vos y en el espacio virtual en la medida que brilla por su ausen­cia en la vida real capitalista.

Jaime Richart en Kaos en la Red

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