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Estado de alarma en una España acorralada en el ring europeo
Enric Juliana - SinPermiso

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Estado de alarma en una España acorralada en el ring europeo

Crisis de Estado. Los últimos siete días dibujan un panorama muy inquietante. Un panorama de excepción.


El jefe de Gobierno Alfredo Pérez Rubalcaba logró desbaratar ayer un golpe civil que ha causado enormes daños al prestigio de España en el mundo, ha arruinado las vacaciones de centenares de miles de pasajeros, ha acentuado la amargura de una sociedad desorientada por la profundidad de la crisis económica y ha colocado al poder político en la situación más comprometida desde los atentados del 11 de marzo del 2004 en Madrid. El Consejo de Ministros declaró ayer el estado de alarma previsto en el artículo 116 de la Constitución. Ley marcial en los aeropuertos y aviso a todos los navegantes.

Código Penal Militar. Diez años de prisión por el delito de desobediencia. Escuadrillas de Control Aéreo Operativo del Ejército del Aire han tomado posesión de las torres y centros de control de todos los aeropuertos españoles. Efectivos de la Guardia Civil y de la Policía Nacional se han personado en el hotel Auditorium de Madrid para notificar la militarización a los controladores allí congregados. Soldados de la Unidad Militar de Emergencias (UME) han repartido comida y 3.900 mantas a los pasajeros confinados en Barajas. El estado de alarma tendrá una vigencia de quince días y el Gobierno no descarta su prórroga -previa autorización del Parlamento- para garantizar el buen funcionamiento de los aeropuertos durante las vacaciones de Navidad.

El sometimiento de los controladores al orden militar ha evitado un colapso de gigantescas proporciones en el espacio aéreo y la quiebra de la fiabilidad política de España en una coyuntura financiera de extrema gravedad en la zona euro. Es la primera vez que se activa el estado de alarma constitucional. Las hemerotecas registran como antecedente más próximo el agitado año 1979, con la transición aún tambaleante. Recién celebradas las segundas elecciones generales, el Gobierno en funciones de Adolfo Suárez militarizó el metro de Barcelona para atajar una huelga que tenía a la ciudad paralizada, recurriendo a la vieja legislación franquista. Suárez, como es sabido, no logró acabar la legislatura.

La declaración del estado de alarma -enérgicamente comunicada a la opinión pública por el jefe de Gobierno Alfredo Pérez Rubalcaba- logró evitar una catástrofe logística cuyas consecuencias en todos los órdenes habrían supuesto la más dolorosa puñalada en el plexo solar del debilitado presidente José Luis Rodríguez Zapatero. El mal mayor fue evitado -de momento-, pero la suma de males abulta cada vez más en España. Los últimos siete días dibujan un panorama muy inquietante. Un panorama de excepción.

Hoy hace una semana, el desfondamiento del PSC en las elecciones catalanas envió el peor de los mensajes al Ejecutivo. El derrumbe electoral de la socialdemocracia es una posibilidad cierta. El lunes, la deuda pública se mantenía en el interior del bucle depresivo que podría conducir al default dejando al Rey solo en la Cumbre Iberoamericana de Mar del Plata (Argentina) e improvisar un nuevo paquete de medidas de ajuste para propiciar la intervención ambulatoria del Banco Central Europeo en el mercado de bonos (en pocas palabras, dinero alemán para contener a los especuladores). Entre las medidas de ajuste aprobadas en el Consejo de Ministros del viernes figura la privatización del 49% de Aena, con el consiguiente cambio de escenario laboral en las torres de control. El viernes mismo estallaba la huelga salvaje de los controladores con el pretexto del reglamento sobre las horas de trabajo retribuibles. La casta más incivil de los funcionarios enriquecidos se lanzaba al ataque del Estado. Intento de golpe. La sociedad visualizó ayer una situación política inédita: a fecha de hoy, en España hay un presidente y un jefe de Gobierno. La voz de la autoridad fue, a todos los efectos, la de Pérez Rubalcaba; Zapatero, en segundo plano. El Partido Popular acentuó su mensaje único: espera con ansia, con mucha ansia, ver pasar el cadáver del adversario socialista. Confinado en Lanzarote por la huelga, Mariano Rajoy envió señales poco audibles, y el portavoz Esteban González Pons hizo de volatinero: juegos de palabras aprendidos entre las pólvoras de la política valenciana. El PP transmitió un áspero mensaje. Gaspar Zarrías, visir del socialismo andaluz, acusó al PP de mover hilos invisibles. Fuentes socialistas señalan con insistencia al senador popular Ignacio Burgos Pérez, que el pasado 3 de noviembre se habría reunido con la directiva sindical de los controladores. CiU, en tiempo de investidura, ha dado su apoyo al Gobierno. Ejercicio de autoridad al borde del abismo europeo. Pérez Rubalcaba, al timón. El PP, con alteraciones en el área cerebral que gobierna el disimulo. La sociedad, perpleja e indignada. Informes empresariales al Rey pidiendo grandes cambios de rumbo. Estado de alarma en el interior de una fase de excepción.

Enric Juliana es el corresponsal en Madrid del diario barcelonés La Vanguardia


La Vanguardia, 5 diciembre 2010

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