Yo, que soy profesor de universidad, necesito de la colaboración de los pensamientos aldeanos mucho más que ellos de los mios.

J. Ortega y Gasset

Malas noticias para los milmillonarios… y algún chihuahua
Sam Pizzigati - SinPermiso

JUL
10
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Los progresistas en el Senado de los Estados Unidos han introducido un paquete de reformas del impuesto sobre sucesiones que, si fueran promulgadas, empezarían por recortar seriamente las fortunas más desmesuradas de los EEUU.

Fecha: JULIO 2010
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Hace cien veranos, en 1910, el ex presidente Theodore Roosevelt –republicano– abogó por un “impuesto graduado de sucesiones sobre las grandes fortunas”, por una nueva exacción fiscal que crecería “exponencialmente con la magnitud del patrimonio”.

La semana pasada, cuatro senadores de los EEUU –tres demócratas y un republicano– propusieron una legislación que gravaría a las grandes fortunas –antes de que los herederos puedan disponer de ellas– con un impuesto de sucesión que crecería exponencialmente con la magnitud del patrimonio.

No cabe duda de que la propuesta contaría con el visto bueno Teddy Roosevelt. ¿Contará con de la mayoría del Senado de los Estados Unidos?

Según cualquier lógica –y cualquier cálculo político a sangre fría–, la propuesta de una Responsable Estate Tax Act (Ley Responsable del Impuesto sobre Sucesiones) debería pasar por el Senado con viento en popa. Rara vez, si alguna, ha tenido tanto en su favor una ley tributaria progresiva.

Comencemos por las mates presupuestarias. Los Estados Unidos de la Gran Recesión pasan ahora por las peores restricciones del presupuesto de la administración pública desde la Gran Depresión. Maestros, polizontes y bomberos están perdiendo su trabajo. Se están cerrando bibliotecas y parques. Están cayéndose a pedazos carreteras y puentes.

Los estados y el gobierno local –y millones de estadounidenses desempleados– necesitan ayuda federal. La nueva Responsable Estate Tax Act, propuesta por Bernie Sanders, de Vermont, y copatrocinada por Tom Harbin, de Iowa, Sheldon Whitehouse, de Rhode Island y por Sherrad Brown, de Ohio, contribuiría a proporcionarla.

Con esta ley, todos los patrimonios valorados en más de $3,5 millones, o en más de $7 millones en el caso de parejas, se someterían a un impuesto federal de sucesiones, tal como pasó con el impuesto federal de sucesiones en vigor el año pasado. Pero este impuesto, a diferencia del impuesto del año pasado, estaría “graduado” de manera muy pronunciada, con tipos marginales fiscales que se dispararían al alza a medida que creciera el valor de la herencia.

El tipo fiscal sobre patrimonios que valen más de $3,5 –$7 millones, en el caso de parejas— sería del 45%, igual que la tasa de 2009 sobre todos los patrimonios susceptibles de imposición sucesoria. La tasa se incrementaría hasta el 50% para patrimonios valorados en una cifra entre $10 y $50 millones. Y se dispararía hasta el 55% sobre todo valor que rebasara los $50 millones.

Las parejas milmillonarias se enfrentarían, además, a un sobreimpuesto del 10% en el caso de valores patrimoniales superiores a los 1.000 millones de dólares, un mecanismo que llevaría al 65% la tasa del impuesto global sobre legados milmillonarios.

El paquete total recaudaría, en los próximos diez años, por lo menos $264 mil millones y, más adelante, probablemente mucho, pero mucho más. Solamente las 400 fortunas más grandes de los EEUU, según la revista Forbes, suman a $1,3 billones.

Pero los millonarios, hasta con una tasa del impuesto del 65% aún tendrían efectivamente algo por el estilo de una ganga. Entre 1935 y 1981, la tasa tributaria máxima federal nunca bajaba del 70%. Durante la mayor parte de este período, entre 1941 y 1976, los norteamericanos más ricos llegaron a tributar a tipos fiscales marginales del 77%.

Los más ricos de los EEUU, ahora mismo, no tienen que temer el menor impuesto federal sucesorio. El recorte fiscal promulgado por Bush en 2001 eliminó totalmente el impuesto sobre sucesiones para 2010. Así que este año, por primera vez, los herederos ricos se meten en el bolsillo fortunas totalmente exentas de impuestos.

Entre estos ricos herederos se encuentran los tres perrillosos de Gail Posner, la viuda de un rey de las compras con financiación ajena. Posner falleció el marzo pasado. Su testamento deja en herencia $11,3 millones a los chuchos. De este legado, ni un solo centavo acabará en el erario federal.

Pero los prodigiosos herederos cuadrúpedos como Conchita, la tan preciada chihuahua de Gail Posner, o los bípedos que ya están haciendo cola para recibir la fortuna de $9 mil millones del magnate de los gaseoductos de Houston, Dan Duncan, también fallecido el pasado marzo, podrían resultar dejar de ser prodigios antes de un año.

Las vigentes leyes de recorte de fiscal de Bush conocerán su ocaso a fines de este año. El código tributario del año que viene regresará, en lo esencial, statu quo anterior a Bush, lo que tendría que someter el valor patrimonial de más de $2 millones en el caso de parejas a una tasa de impuesto generalizada del 55%.

La presente realidad jurídica propicia un ambiente político único –y favorable— para la introducción de medidas legislativas encaminadas a la fiscalización progresiva de la sucesión. Los dirigentes demócratas del Senado, como bien observa Check Collins de “Wealth for the Common Good” (Riqueza para el Bien de Todos), tienen todos los ases en la mano.

Si los amigos senatoriales de los económicamente favorecidos se niegan a ocuparse razonablemente del futuro del impuesto de sucesiones, está en la mano de los dirigentes demócratas en el Senado el limitarse simplemente a dejar caducar la ley actual.

“Si no pasa nada” –explica Collins–, “aún tendremos una ley fuerte del impuesto sobre sucesiones”.

Apoyados en eso, los dirigentes de la mayoría senatorial estarían en condiciones de presionar vigorosamente en favor de política duras con los milmillonarios (en la línea de la nueva ley propuesta por Sanders). En en cambio, dice Collins, lo que han hecho es dejar que los senadores Blanche Lincoln, de Arkansas, y Jon Kyl, de Arizona, marquen las pautas del debate en el Senado sobre el impuesto de sucesiones con una propuesta “de arreglo” que bajaría la tasa del impuesto de sucesiones de los milmillonarios hasta el 35%.

Ello es, observa Collins, que los dirigentes demócratas tienen tres ases en la mano pero “se preparan para darse por vencidos”. Y se darán efectivamente por vencidos, a no ser que la presión pública obligue al Senado a tomar seriamente en cuenta la nueva propuesta tributaria de Sanders, S.3533.

“Wealth for the Common Good” (La riqueza para el bien común) y una muchedumbre de organizaciones, incluida la veterana defensora del impuesto sobre sucesiones, United for a Fair Economy” (Unidos por una economía justa), han comenzado a movilizar online esta necesaria presión. Primer paso: ganar más copatrocinadores para la legislación de Sanders en el Senado.

Bajo la legislación propuesta, el 99,7% de los patrimonios de los Estados Unidos no se verían afectados por el impuesto de sucesiones en 2011. Y los herederos del 0,3% restante, sujeto al impuesto de sucesiones, con todo y con eso, después de pagar impuestos, se quedarían con plata más que suficiente para que sus chuchos vivan a cuerpo de rey para siempre jamás.

En una democracia bastarían estas cifras para que la promulgación de la Sanders Responsable Estate Tax Act fuera pan comido. Desgraciadamente, vivimos en una plutocracia. Conseguir que el Congreso ratifique una ley sucesoria fiscalmente responsable requerirá un arduo trabajo.

Sam Pizzigati edita Too Much, el boletín informativo online sobre excesos y desigualdad publicado por el instituto de Estudios Políticos de Washington DC. Too Much sale cada semana.

Traducción para www.sinpermiso.info: Julie Wark

www.toomuch.org, 26 junio 2010

Fuente - Publicación: Sam Pizzigati - SinPermiso

 


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