Todos quieren cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a si mismo.

Leon Tolstoi

Copa del Mundo y Renta Básica de Ciudadanía
Philippe van Parijs - SinPermiso

JUN
10
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A los ojos del mundo, a Brasil le ha ido muy bien en estos últimos años. Una de las áreas que atraen la atención es su lucha contra la pobreza. En parte, por lo que ya logró con la Bolsa Familia. Y, en parte, a causa de la ambiciosa perspectiva que dio el gobierno a todos los programas sociales cuando, en enero de 2004, el presidente Lula sancionó una ley que estableció el objetivo de una Renta Básica de Ciudadanía para todos los brasileños.

Fecha: JUNIO 2010
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A los ojos del mundo, a Brasil le ha ido muy bien en estos últimos años. Una de las áreas que atraen la atención es su lucha contra la pobreza. En parte, por lo que ya logró con la Bolsa Familia. Y, en parte, a causa de la ambiciosa perspectiva que dio el gobierno a todos los programas sociales cuando, en enero de 2004, el presidente Lula sancionó una ley que estableció el objetivo de una Renta Básica de Ciudadanía para todos los brasileños.

En todo el mundo, ese audaz paso fue visto con sorpresa. Cuando, en los años 80, se desencadenó el debate internacional sobre el ideal de una renta básica universal, era obvio que esa era una idea restringida a los países más ricos. Muchos de esos países habían introducido programas de renta mínima, por los que jefes de familia pobres tenían derecho a un beneficio porque estaban registrados como desocupados o porque su renta declarada era menor de cierto nivel. Pero, desde que encuentran un empleo, el beneficio es cancelado o reducido: el esfuerzo es penalizado con el retiro del beneficio. De ahí el desarrollo de la “trampa del desempleo”, en la que tienden a caer las personas

En la Europa Occidental, en América del Norte, más tarde en Japón y en Corea, académicos y activistas, comenzaron a proponer que esos beneficios focalizados no fuesen suprimidos, sino universalizados en la forma de una Renta Básica de Ciudadanía paga a todas las personas. Sí todos recibieren el beneficio, no sólo los pobres, éstos no estarían más presos en una trampa de la pobreza. Tampoco no habrá ningún estigma, porque los ricos y los pobres lo recibirían. No es un objetivo de esa universalización hacer a los ricos todavía más ricos, pues el sistema de impuesto a la renta debería ser ajustado para que los ricos financien sus beneficios.

Todo eso tiene mucho sentido, parece, en los países más ricos que ya experimentan sistemas focalizados de transferencias y descubrirían sus efectos perversos, pero no en países con un incipiente Estado de bienestar. Sin embargo, tiempo después se escucharon voces en Brasil, en África del Sur, en México, en Argentina y en otros países afirmando lo contrario. Los que pensaban que una Renta Básica de Ciudadanía se difundiría primero en los países más ricos, dicen, están tan errados como Karl Marx, cuando él afirmó que una revolución socialista podría ocurrir solamente en un país altamemente industrializado. ¿Por qué? La razón fundamental es que los sistemas de beneficios dependientes de la renta de las personas son particularmente difíciles de administrar cuando una alta proporción de la población vive un poco arriba de la línea de la pobreza y trabaja en la informalidad.

Comprendí este punto cuando el senador Eduardo Suplicy me llevó a visitar una repartición de San Pablo en la cual los administradores públicos verificaban si las personas, que se inscribían en le programa Bolsa Familia, estaban calificados para recibir el beneficio. Un hombre con sus lentes rotos tenía que recordar cuánto había ganado el año pasado, unas veces trabajando, otras no, en un puesto de gasolina y cuánto había ganado su esposa como empleada doméstica de diversas casas y, esporádicamente, vendiendo mercaderías en la feria local. Para muchas personas viviendo en medio de dificultades es comprensiblemente difícil recordar esas cosas con gran precisión. El riesgo de encontrar arbitrariedades injusticia, clientelismo y corrupción está en cada esquina.

La única solución estructural, con una economía en gran parte informal, consiste en implementar un sistema de beneficios universal, financiado con recursos públicos y que no utilice la renta personal como base para el cálculo.

El programa Bolsa Familia es un esquema basado en la renta familiar por persona. Como es dependiente de la renta, es vulnerable por todos los argumentos mencionados, pero representa un progreso. Esos obstáculos permiten que podamos mirar más allá de la Bolsa Familia en dirección de la Renta Básica de Ciudadanía.

Para caminar en dirección a ese destino es necesario hacerlo gradualmente con una reforma tributaria. Puede ser combinado con la obligación de la asistencia escolar, en la medida que esa obligación realmente vaya a proveer un beneficio adicional de educación para quien de otra forma se quedaría sin ella, en vez de retirarse la seguridad de la renta en las familias más frágiles. Cualquier condición impuesta, más allá del requisito de la renta, precisa ser evaluada en términos de cuáles de esos dos tipos de efectos van a prevalecer. Por ejemplo, cuando más exigente fuese la condicionalidad en términos de desempeño educacional, lo más probable es que las familias en peor situación sean penalizadas.

Es necesario decir que la Renta Básica de Ciudadanía, así como el Programa Bolsa Familia, no son la panacea. Ellas precisan ser parte de una política social más amplia, que también comprenda el acceso universal al agua, a la energía eléctrica, a un nivel decente de educación básica, y a los cuidados de la salud para todos.

Aunque la Renta Básica de Ciudadanía es parte central de cualquier conjunto de políticas que pueden ser seriamente formuladas para combinar los objetivos de “hambre cero” y de “empleo para todos”, en las circunstancias contemporáneas.

La experiencia brasileña es notable, pero todavía está lejos de llegar al final del camino. Será comparada con las experiencias de otros países y sometida a un examen simpático, pero crítico, de un gran número de académicos de muchos países en ocasión del 13 Congreso Internacional de la Basic Income Earth Network (Bien), o Red Mundial de la Renta Básica, que se relizará en la Universidad de San Pablo, los días 30 de junio, 1 y 2 de julio próximos (ver en www.bien2010brasil.com).

¿Puede Brasil mostrar el camino a otros países yendo todavía más lejos de lo realizado en dirección de una genuina Renta Básica de Ciudadanía? Sin duda será más difícil que ganar una vez más la Copa del Mundo. Pero para muchas personas en ese país y en todo el mundo es mucho más importante.

Philippe Van Parijs, miembro del Consejo Editorial de SinPermiso, es profesor de filosofía política en la Universidad de la Nueva Lovaina.

Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez

O Estado de Sao Paulo, 22 junio 2010

Fuente - Publicación: Philippe van Parijs - SinPermiso

 


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