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Thomas Jefferson

Florange : la traición del «socialismo compasivo» francés
Jacques Sapir

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Florange : la traición del «socialismo compasivo» francés

La « solución » a la que llegaron, el pasado 30 de noviembre, las negociaciones entre el gobierno francés y Arcelor-Mittal es probablemente una de las peores que puedan existir. Equivale a confiar en que este grupo invertirá 180 millones de euros en un período de 5 años, a pesar de que su palabra no goza precisamente de buena reputación. Por otra parte, Mittal se compromete a recalificar a los asalariados de la « parte caliente » del complejo siderurgico de Florence y a desarrollar la « parte fria », así como sus instalaciones de Dunkerque. De hecho, el gobierno francés no ha obtenido casi nada de Mittal, que podrá continuar desentendiéndose de su actividad de producción de acero a fin de disminuir su endeudamiento y continuar a concentrarse ya sea hacia arriba (las minas) o hacia abajo (utilización de metales).


Jacques Sapir - 09/12/12

La « solución » a la que llegaron, el pasado 30 de noviembre, las negociaciones entre el gobierno francés y Arcelor-Mittal es probablemente una de las peores que puedan existir. Equivale a confiar en que este grupo invertirá 180 millones de euros en un período de 5 años, a pesar de que su palabra no goza precisamente de buena reputación. Por otra parte, Mittal se compromete a recalificar a los asalariados de la « parte caliente » del complejo siderurgico de Florence y a desarrollar la « parte fria », así como sus instalaciones de Dunkerque. De hecho, el gobierno francés no ha obtenido casi nada de Mittal, que podrá continuar  desentendiéndose de su actividad de producción de acero a fin de disminuir su endeudamiento y continuar a concentrarse ya sea hacia arriba (las minas) o hacia abajo (utilización de metales).

Para Mittal los asalariados de Florange continúan siendo rehenes que podrá sacrificar dentro de tres o cuatro años si su lógica, esencialmente financiera, le conduce a dicha decisión. De hecho,  el gobierno solo ha obtenido, al menor  coste para él, una solución temporal, lo que el primer ministro Jean-Marc Ayrault, considera ¡una victoria! Es el expediente elevado a la altura de la estrategia.

Hace falta recordar cuales son los métodos del Sr. Lakshimi Mittal. Cuando se privatizó la siderurgia sudafricana, su grupo, que había comprado  alrededor del 80% de la capacidad de producción nacional, no invirtió. Por el contrario, aumentó los precios de los productos laminados en un 30%, hundiendo así a la industria automobilística local y comprometiendo, en gran medida, la estrategia de desarrollo adoptada por el nuevo poder de Pretoria. Lo que provocó una toma de conciencia del gobierno y la elaboración de reglas cada vez más estrictas para encuadrar la producción de acero. En realidad, el gobierno de la República de Sudáfrica intentó deshacerse de la empresa Mittal.

Este ejemplo muestra claramente que para Mittal lo único que cuenta es la lógica financiera a corto plazo. El grupo, actualmente fuertemente endeudado (23,2 miles de millones de dólares a finales del pasado septiembre), no tiene ninguna estrategia respecto a la siderurgia. Por el contrario, sí que la tiene para el desarrollo de sus beneficios, o más precisamente para el desarrollo de los dividendos de sus accionistas, de los que la familia Mittal representa un 40%. Se intuye que este precedente no incita en absoluto al optimismo en cuanto a la permanencia del complejo siderurgico de Florange.

Sin embargo, hay que recordar que una estrategia de desarrollo de las actividades « calientes » (los altos hornos) es perfectamente posible. Se sabe desde hace decenas de años, que la producción de la fundición de acero desprende gases a altas temperaturas que hasta ahora no eran más que una fuente de polución. Sin embargo, desde hace unos diez años se han desarrollado actividades que permiten la reutilización de estos gases, ya sea para producir energía o para desarrollar producciones químicas de alto valor añadido.

Los altos hornos ya no deben considerarse como una entidad única, sino como la pieza central de un conjunto de actividades ligadas – se puede hablar aquí de cluster (racimo) – cuya suma da  resultados importantes, lo que contribuye a hacer bajar fuertemente el coste del acero producido. Contrariamente a una idea común, la siderurgia no es una actividad del pasado, sino una actividad de futuro que lleva aparejadas actividades conexas de alta tecnología. Pero esto implica inversiones importantes y una asociación entre la sociedad productora de acero y las empresas encargadas de dichas actividades conexas. Esta lógica es diametralmente opuesta a la lógica puramente financiera de Mittal. Invertir en la creación de un cluster de este tipo en Florange – lo que sería posible y rentable – equivaldría a inmobilizar inversiones en la siderurgia en el preciso momento en que el grupo está intentando desentenderse.

Si bien puede comprenderse porqué Mittal no quiere realizar estas inversiones – y está claro que las sumas anunciadas no se corresponden para nada con una estrategia de este tipo – hay que  preguntarse porqué se niega a vender la totalidad del complejo, tanto las partes « calientes » como las « frías ». La respuesta se resume en dos palabras : beneficios y no-competencia.

La parte « fría » del conjunto empresarial obtiene beneficios satisfactorios para el grupo. Por otra parte, la venta del conjunto de las instalaciones abriría las puertas a algún empresario  que podría, especialmente si se moviera por una lógica verdaderamente industrial, ejercer una competencia importante respecto a las demás instalaciones de Mittal en Francia. En realidad se trata, cosa que no han entendido en absoluto los adversarios a una nacionalización de las instalaciones – ocupados en sus aspavientos histéricos, como los de la Sra. Parisot –, de que la nacionalización es actualmente el único medio de reintroducir la competencia en una actividad en la que, de hecho, hay poca competencia.

Los asalariados de Florenge se encuentran atrapados por la política de los sucesivos gobiernos franceses que, en nombre del respeto a la « competencia » han actuado sistemáticamente contra ella, impidiendo además el establecimiento de una verdadera estrategia industrial en la empresa. Esto empezó en 2006, cuando Arcelor escogió Mittal como comprador contra el grupo ruso Severstal. Sin embargo habían entonces importantes acuerdos entre Arcelor y Severstal, que se complementaban en sus distintas actividades. Pero Mittal podía ofrecer más dinero a los accionistas privados de Arcelor, con lo que se llevó el pastel. Se perdió así una ocasión única de establecer un lógica real de desarrollo industrial.

Actualmente, al favorecer un compromiso cojo con Mittal y rechazar hacerse cargo de sus reponsabilidades, el gobierno francés hace otra vez imposible la emergencia de una verdadera estrategia industrial. Se puede especular sobre las razones de esta elección. Existe probablemente la idea común – tan corriente entre los no-especialistas y los semi-banqueros que pueblan los gabinetes ministeriales socialistas – que la siderurgia es una actividad « del pasado ». Existe también sin duda la confianza en la capacidad de los agentes de comunicación para hacer pasar una  semi-medida por un verdadero éxito. Es cierto que esta actitud tiende a convertirse en sistemática en este gobierno.

Finalmente se puede temer una razón política : erosionar al inquieto Arnaud Montebourg a beneficio del muy liberal Pierre Moscovici, quien, como es notorio, durante el pasado verano se ocupó mucho más de las elecciones internas del PS que de su ministerio. Sea como sea, a partir de ahora es patente que no hay lugar para una verdadera estrategia industrial del « socialismo  compasivo » que profesa este gobierno.

 

Jacques Sapir es Director de estudios del L´Ecole des hautes études en sciences sociales (EHESS) y director del CEMI-EHESS.

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Garriga Tarré

http://www.medelu.org/Florange-la-trahison-du-socialisme

Visto en SinPermiso


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