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Los tres desafíos de Xi Jinping
Xulio Ríos

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Los tres desafíos de Xi Jinping

El consenso ha marcado, de principio a fin, el desarrollo del muy esperado XVIII Congreso del Partido Comunista de China tanto en la elección de sus máximos dirigentes como en el diagnóstico del presente y los retos a futuro.


Xulio Ríos - 10/12/12

El consenso ha marcado, de principio a fin, el desarrollo del muy esperado XVIII Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) tanto en la elección de sus máximos dirigentes como en el diagnóstico del presente y los retos a futuro.

En efecto, en 2002, China, recién admitida en la Organización Mundial del Comercio (OMC), se identificaba como el “taller del mundo”, Internet apenas balbuceaba y su presencia internacional se limitaba a una realidad esporádica en América Latina, África e incluso en muchos rincones de su propia región. Diez años después, la situación es bien distinta. Hu Jintao lega a su sucesor una China convertida en segunda potencia económica mundial y con las bases de su transformación cualitativa bien posicionadas, a la espera de una perseverancia que solidifique una sociedad más equilibrada.

Para lograrlo, los nuevos dirigentes deberán encarar tres desafíos principales. En primer lugar, las reformas políticas. A lo largo del XVIII Congreso se ha revalidado la importancia de este aspecto, tanto para conjurar la corrupción como para lograr una mayor implicación e integración social en la gestión de una reforma que tiene en las desigualdades uno de los mayores riesgos a futuro y para preservar la capacidad de gobierno del PCCh. La clase media en auge, en un entorno urbano que puede experimentar un gran crecimiento en la próxima década, emerge como un magma cívico particularmente sensible frente a las carencias ambientales, la exclusión de millones de personas de los beneficios del milagro chino, o los abusos de poder de una elite que coquetea con la tentación de situarse por encima de la ley. En esta misma dimensión, Internet, con un nivel inaudito de circulación de la información, ha acrecido la transparencia de los asuntos públicos y las exigencias de una evolución del sistema político hacia un Estado de derecho marcado por el imperio de la ley. En este congreso, la igualdad a todos los efectos se ha reivindicado como premisa de cualquier reforma del sistema político.

En segundo lugar, cabe hacer mención de la definición del modelo económico. China es el destino número uno de las inversiones extranjeras directas y a pesar de las dificultades recientes, es objeto de deseo de las mayores empresas del mundo. La modernidad, no obstante, viene acompañada de aumentos de salarios, contradicciones en la viabilidad del modelo exportador e incoherencias en la generación de una demanda interna que reclama atributos sociales que disipen la crónica importancia del ahorro. La reducción de la demanda global como consecuencia de la crisis financiera ha aflojado la vitalidad de la economía china, aleando las posibilidades de un crecimiento de dos dígitos. En paralelo, la atención a los factores tecnológicos y ambientales así como la provisión de garantías de seguridad a la clase media se señalan como vectores de una estabilidad compleja que requiere una profundización de las señas de identidad de un modelo aun singular en numerosos aspectos.

Por último, la convicción de que China no es ya un actor modesto en la escena internacional y centrado en la promoción casi exclusiva de su poderío económico, abre espacios a una realidad que hace de China un país inevitable a la hora de afrontar numerosos problemas regionales y globales, con un poder blando creciente a través de sus Institutos Confucio y otras manifestaciones orientadas a facilitar un diálogo superador de las mutuas ignorancias. China es hoy socio principal de numerosos países y regiones, arbitra créditos generosos recibiendo a cambio materias primas imprescindibles para su desarrollo, articula nuevos acrónimos que reclaman ajustes progresivos aunque no estridentes en la arquitectura global… Por otra parte, sus cascos azules están presentes en Haití, Líbano y muchos otros países, dando cuenta de una China más segura de sí misma, que combina tanto la inhibición crítica con algunas conductas de sus competidores estratégicos como el activismo en reconocimiento de un proyecto que dice renunciar a cualquier vocación hegemónica. Encontrar su propio espacio en un mundo y en un siglo que sería iluso imaginar que pueda llegar a ser totalmente chino, requiere una labor paciente y tenaz.

Xi Jinping, el nuevo líder chino, puede sorprender. O no. La evolución de China en los próximos años no dependerá en exclusiva de la agenda deseable de los líderes, sino de una coyuntura en la que influirán tanto factores internos como externos. La reforma y apertura iniciadas en 1978 vivirá momentos álgidos y críticos, confrontada a la necesidad de perfilar y operar su diseño final. Es tiempo de repartir protagonismos, de establecer capacidades y procesos para integrar las esperanzas de esa sociedad urbano-rural que comparte con el liderazgo la demanda de un desarrollo sostenible y la aspiración de una China moderna y próspera, pero igualmente justa y solidaria.

 

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China y autor de "China pide paso. De Hu Jintao a Xi Jinping" (Icaria, 2012).

Visto en ObservatoriodelaPolíticaChina


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