La avaricia jamás sacia su voráz apetito, y despues de comer tiene más hambre que antes.

Dante Alighieri

Organizar la transición anticapitalista
David Harvey ( Extracto)

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12
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Organizar la transición anticapitalista

"Un movimiento anti-capitalista tiene que ser mucho más amplio que grupos movilizándose en torno a las relaciones sociales o en torno a las cuestiones de la vida diaria en sí mismas. Las hostilidades tradicionales entre, por ejemplo, aquellos con pericia técnica, científica y administrativa, y aquellos que animan los movimientos sociales en las bases, tienen que enfrentarse y superarse".


David Harvey (extracto) - 27/10/12

Nota: David Harvey es tal vez el más importante geógrafo del presente, con un amplio dominio de temas culturales, económicos y políticos.  En libros recientes ha explicado cómo el neoliberalismo, más que una doctrina económica “pragmática” y desinteresada, ha sido la estrategia política de una nueva clase empresarial mundial, diseñada para debilitar a la clase pobre y trabajadora para explotarla aún más y acelerar la acumulación de capital.  Hasta hace poco, Harvey defendía la visión de que una especie de social-democracia radical es a lo más que pueden aspirar las fuerzas de izquierda en la coyuntura actual.  Hoy, parece haber respondido al llamado de Žižek y Badiou a rescatar y reinventar el comunismo como horizonte de lucha por la liberación de la humanidad.

La geografía histórica del desarrollo capitalista se encuentra en un punto de inflexión clave en el cual las configuraciones geográficas del poder se desplazan rápidamente a la vez que su dinámica temporal enfrenta serias restricciones. Sostener el crecimiento compuesto anual del tres por ciento (que generalmente es considerada la tasa de crecimiento mínima satisfactoria para una economía capitalista saludable) se está haciendo cada vez menos factible, sin recurrir a todo tipo de ficciones (como aquellas que han caracterizado a los mercados de bienes y los asuntos financieros durante las pasadas dos décadas).

Hay buenas razones para creer que no hay alternativa a un nuevo orden de gobernanza mundial que eventualmente tendrá que administrar la transición a una economía de cero crecimiento. Si ello ha de hacerse de manera equitativa, entonces no hay alternativa al socialismo o comunismo.

Desde finales de los 1990, el Foro Social Mundial se convirtió en el centro de articulación de la idea que “otro mundo es posible.” Ahora debe asumir la tarea de definir cómo otro socialismo o comunismo es posible y cómo se logrará la transición hacia estas alternativas. La actual crisis ofrece una ventana de oportunidad para reflexionar sobre lo que ello podría involucrar.

Una política revolucionaria que pueda agarrar la madeja espinosa de la acumulación de capital compuesto y eventualmente desactivarlo como motor principal de la historia humana requiere un entendimiento sofisticado de como ocurre el cambio social. Los fracasos de los intentos pasados por construir un socialismo y comunismo duradero deben ser evitados y las lecciones de esa inmensamente complicada historia deben ser aprendidas.

Pero la necesidad absoluta de un movimiento revolucionario anti-capitalista coherente debe ser reconocida también. El objetivo fundamental de ese movimiento es asumir el mando social sobre tanto la producción como la distribución de los excedentes.

Necesitamos urgentemente una teoría revolucionaria explícita adaptada a nuestros tiempos. Propongo una “teoría co-revolucionaria” derivada de una interpretación de la versión de Marx de cómo el capitalismo surgió del feudalismo. El cambio social surge a través del desdoblamiento dialéctico de las relaciones entre siete momentos del cuerpo político del capitalismo visto como ensamblaje de actividades y prácticas:

a) formas tecnológicas y organizativas de producción, intercambio y consumo

b) relaciones con la naturaleza

c) relaciones sociales entre personas

d) concepciones mentales del mundo, abarcando tanto los conocimientos como los saberes y creencias culturales

e) procesos de trabajo y producción de bienes, geografías, servicios afectos específicos

f) arreglos institucionales, legales y gubernamentales

g) el curso de la vida cotidiana que subyace la reproducción social.

Cada uno de esos momentos es internamente dinámico y está marcado internamente por tensiones y contradicciones (pensemos tan sólo en las concepciones mentales del mundo) pero todos son co-dependientes y co-evolucionan en relación unos con otras. La transición al capitalismo conllevó un movimiento a través de cada uno de estos momentos, que se reforzaban mutuamente.

Las nuevas tecnologías y prácticas no podían ser identificadas sin nuevas concepciones mentales del mundo (incluyendo la de la relación con la naturaleza y las relaciones sociales). Los teóricos sociales tienen la costumbre de tomar sólo uno de estos momentos y observarlo como la “bala de plata” que causa todo cambio. […] Están todos equivocados. Es el movimiento dialéctico a través de todos estos momentos lo que verdaderamente cuenta, aún cuando hay desarrollo desigual en dicho movimiento.

Cuando el propio capitalismo atraviesa una de sus fases de renovación, lo hace precisamente mediante la evolución simultánea de todos los momentos, obviamente no sin tensiones, luchas, peleas y contradicciones. Pero consideremos cómo estos siete momentos estaban configurados para 1970, justo antes del surgimiento neoliberal, y consideremos cómo se ven ahora; veremos que todos han cambiado en formas que re-definen las características operativas del capitalismo visto como totalidad no-hegeliana.

Un movimiento político anti-capitalista puede comenzar en cualquiera de estos momentos (en los procesos de trabajo, en torno a las concepciones mentales, en la relación con la naturaleza, en las relaciones sociales, en en el diseño de tecnologías y formas organizativas revolucionarias, en la vida diaria o en intentos de reformar estructuras institucionales y administrativas incluyendo la reconfiguración del poder del estado).

El truco es lograr que el movimiento político siga moviéndose de un momento a otro en formas que se refuercen mutuamente. Así fue que el capitalismo surgió del feudalismo y es así que algo radicalmente diferente llamado comunismo, socialismo o lo que sea debe surgir del capitalismo.

Intentos anteriores de crear una alternativa comunista o socialista no lograron mantener la dialéctica en movimiento entre uno y otro momento, y no lograron asumir lo impredecible e incierto del movimiento dialéctico entre ellos. El capitalismo ha sobrevivido precisamente por mantener el movimiento dialéctico entre cada momento y asumir de forma constructiva las inevitables tensiones, incluyendo las crisis, que han resultado.

El cambio surge, por supuesto, de un estado de las cosas existente y debe engancharse a las posibilidades inmanentes de una situación. Ya que la situación existente varía enormemente de Nepal, a las regiones occidentales de Bolivia, a las ciudades des-industrializadas de Michigan y las aún vibrantes ciudades de Mumbai y Shanghai y los sacudidos pero de ninguna manera destruidos centros financieros de Nueva York y Londres, todo tipo de experimentos de cambio social en distintos lugares y escalas geográficas son formas probables y potencialmente iluminadoras de cómo hacer (o no hacer) otro mundo posible.

Y en cada instancia pudiera parecer como si uno u otro aspecto de la situación actual fuera la clave de un futuro político diferente. Pero la primera regla a seguir por el movimiento anti-capitalista mundial debe ser: nunca depender del desdoblamiento de las dinámicas de un momento sin calibrar cuidadosamente cómo las relaciones con todos los demás se están adaptando y repercutiendo.

Las posibilidades futuras viables surgen del estado de relaciones existente entre los diferentes momentos. Las intervenciones políticas estratégicas dentro y a través de las esferas pueden gradualmente mover el orden social hacia un camino de desarrollo diferente. Eso es lo que los líderes sabios e instituciones de avanzada hacen todo el tiempo en situaciones localizadas, así que no hay razón para pensar que hay algo particularmente fantástico o utópico en cuanto a actuar de esta forma.

La izquierda debe buscar construir alianzas entre y a través de aquellos que trabajan en las diferentes esferas. Un movimiento anti-capitalista tiene que ser mucho más amplio que grupos movilizándose en torno a las relaciones sociales o en torno a las cuestiones de la vida diaria en sí mismas. Las hostilidades tradicionales entre, por ejemplo, aquellos con pericia técnica, científica y administrativa, y aquellos que animan los movimientos sociales en las bases, tienen que enfrentarse y superarse. Ahora tenemos a la mano, en el ejemplo del movimiento en torno al cambio climático, un ejemplo significativo sobre cómo tales alianzas pueden comenzar a funcionar.

En esta instancia, la relación con la naturaleza comienza a despuntar, pero todo el mundo entiende que algo tiene que ceder en todos los demás momentos, y aunque hay un cierto tipo de política fantasiosa que quisiera ver la solución como una puramente tecnológica, se hace más evidente cada día que la vida diaria, las concepciones mentales, los arreglos institucionales, los procesos de producción y las relaciones sociales tienen que estar involucradas. Y todo esto significa que un movimiento para reestructurar la sociedad capitalista en su totalidad y confrontar la lógica de crecimiento que subyace el problema en primer lugar.

En cualquier movimiento de transición, sin embargo, debe haber al menos algunos objetivos comunes. Algunas normas generales pueden establecerse como guía. Estas pudieran incluir (y las menciono aquí meramente para ser discutidas) el respeto a la naturaleza, igualitarismo radical en las relaciones sociales, arreglos institucionales basados en algún sentido en el interés y propiedad común, procedimientos administrativos democráticos (contrario a los esquemas fraudulentos monetarizados que existen hoy), procesos de trabajo organizados por procedimientos directos, la vida cotidiana como libre exploración de nuevos tipos de relaciones sociales y acuerdos de convivencia, concepciones mentales enfocadas en la auto-realización en servicio a los demás, e innovaciones tecnológicas y organizativas orientadas hacia la búsqueda del bien común en lugar de el apoyo al poderío militar, la vigilancia y el egoísmo corporativo. Estos serían puntos co-revolucionarios en torno a los cuales la acción social podría convergir y rotar. ¡Por supuesto que es utópico! ¡¿Y qué?! No podemos darnos el lujo de no serlo.

Los comunistas, planteaban Marx y Engels en su concepción original plasmada en El Manifiesto Comunista, no tienen partido político. Simplemente se constituyen en todo momento y en todo lugar como aquellos que comprenden los límites, fracasos y tendencias destructivas del orden capitalista así como las innumerables máscaras ideológicas y legitimaciones falsas que los capitalistas y sus apologistas (particularmente en los medios de comunicación) producen para perpetuar su poder singular de clase.

Los comunistas son todos los que trabajan sin cesar para producir un futuro diferente al que el capitalismo depara. Esta es una definición interesante. Mientras el comunismo tradicional institucionalizado está para todos los efectos muerto y enterrado, según esta definición hay millones de comunistas de facto entre nosotros, dispuestos a actuar según sus comprensiones, preparados para seguir imperativos anti-capitalistas de maneras creativas.

Si, como declarara el movimiento alter-mundialista de finales de los 1990, “otro mundo es posible” entonces por qué no también decir “otro comunismo es posible”? Las circunstancias actuales del desarrollo capitalista exigen algo así, si es que vamos a lograr un cambio fundamental.

 

Visto en Socialismo21


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