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Merkel impone un super Maastricht a Europa
Martine Orange y Ludovic Lamant

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Merkel impone un super Maastricht a Europa

Estas disposiciones presupuestarias van bastante más lejos que el tratado de Maastricht, que autorizaba un déficit del 3%. Están calcadas de las reglas alemanas, inscritas en la Constitución del país en 2009. Éstas limitan el recurso al déficit, que no puede superar el 0,35% del PIB, a partir de 2016.


Martine Orange y Ludovic Lamant (Mediapart)- 31/01/12

Al final de su conferencia de prensa relámpago, el lunes 30 de enero por la noche en Bruselas, Nicolas Sarkozy ha reconocido su decepción: no logrará hacer ratificar en Francia, antes de las elecciones presidenciales de abril, el “pacto presupuestario” que los jefes de Estado europeos acaban de finalizar. Los plazos son demasiado apretados, ha estimado el presidente. “Esto no me parece razonable. No es una sutileza política o una argucia, es sencillamente que el Parlamento, en plena campaña, no se habrá reunido”, ha explicado. Antes de precisar que el texto, por supuesto, acabaría claramente por ser adoptado algún día en Francia /1.

François Hollande, en cualquier caso, ha prevenido ya que quisiera “renegociar” ese futuro tratado europeo, del que las palabras clave son rigor y coerción. O más bien, si se ha escuchado bien su intervención en France-2 el pasado jueves por la noche/2, que deseaba incluir en él un apartado sobre el apoyo al crecimiento, sin retocar el resto. El candidato socialista ha anunciado también su intención de emprender negociaciones lo más rápidamente posible con Angela Merkel si es elegido. Pero, ¿qué contiene exactamente este texto, negociado en apenas una cincuentena de días, por las capitales europeas? Desencriptemos un tratado explosivo, escrito al dictado de la canciller alemana.

1.- Veinticinco “partes contratantes”

Hay palabras que dicen mucho. El tratado no habla de los miembros de la Unión, de los países de la zona euro o algo similar, sino de partes contratantes (contracting parties). Nos encontramos en el registro del derecho privado y comercial no del tratado diplomático y estatal, lo que dice mucho sobre la evolución de Europa. Así pues, 25 “partes contratantes” (países de la Unión) van a emprender una ratificación de este “pacto presupuestario” en los meses que vienen. Suecia, mucho tiempo indecisa, ha decidido finalmente seguir al grueso del pelotón, pero la República Chequa, por su parte, se suma a Gran Bretaña en el campo de los escépticos, pretextando dificultades constitucionales. Londres había tomado sus distancias desde la cumbre del 9 de diciembre. Próxima etapa: los 25 firmarán formalmente el texto en el próximo Consejo, a comienzos de marzo, abriendo el período, que se anuncia delicado, de las ratificaciones nacionales.

Europa conoce pues ya tres grados de integración: una zona euro a 17; una región en la que se aplica este “pacto presupuestario”, a 25; y finalmente, un mercado único a 27. En el mejor de los casos, este fiscal compact no entrará en vigor más que el 1 de enero de 2013, como precisa el artículo 14. A condición de que al menos 12 estados miembros de la zona euro lo ratifiquen para entonces. Dicho de otra forma: verá la luz incluso si el tratado es desaprobado por cinco estados de la zona euro. Todo ha sido hecho para evitar el psicodrama del otoño pasado, cuando el futuro de la zona euro había quedado pendiente, durante algunos días, del voto de los diputados eslovacos/3 sobre el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera. Y para evitar, también, los bloqueos que la Unión había experimentado en los “no” en serie en los referéndums sobre el tratado de Lisboa, en 2005.

El caso irlandés se anuncia ya como explosivo. Un referéndum debería ser organizado durante el año. Lucinda Creighton la ministra irlandesa de asuntos europeos, ha puesto las cosas en claro el lunes/4,: si su país rechazara el tratado, “sería entonces casi imposible (para nosotros) permanecer en la zona euro”.

En Francia, en el estado actual de las fuerzas, no existe ninguna mayoría para hacer adoptar una “regla de oro” que sería inscrita formalmente en la constitución. “Recuerdo que ciertos estados no tienen siquiera mayoría constitucional para ratificar tal tratado”, ha dejado caer el lunes Martin Schulz, el presidente del Parlamento Europeo, en la apertura del Consejo, en una clara alusión a la delicada ecuación francesa.

2.- Un presupuesto normativo

Popularizado con el nombre de “regla de oro”, este dispositivo tiene por objetivo imponer una estricta disciplina financiera a los países de la zona euro, más exigente que la prevista en el tratado de Maastricht. Los países firmantes estarán en la obligación de “tener un presupuesto general equilibrado o excedentario”. Se considerará que los países respetan la regla si, en el marco de un objetivo anunciado a medio plazo , se llega a que el “deficit presupuestario alcance el 0,5% del PIB”.

Los países pueden derogar esta regla en el caso de un acontecimiento “fuera del control de la parte firmante y que tiene un impacto sobre las finanzas del país” o en caso de “contracción muy importante de la economía tal como la ha definido el pacto de estabilidad y de crecimiento”. En fin, en el caso en que el endeudamiento del país esté significativamente por debajo del 60% del PIB y que las circunstancias económicas y financieras sean muy favorables, el país firmante puede excepcionalmente utilizar el arma del déficit presupuestario. Pero éste no debe exceder la barrera del 1% del PIB (artículo 3.1 a, b, c,d).

Estas disposiciones presupuestarias van bastante más lejos que el tratado de Maastricht, que autorizaba un déficit del 3%. Están calcadas de las reglas alemanas, inscritas en la Constitución del país en 2009 /5. Éstas limitan el recurso al déficit, que no puede superar el 0,35% del PIB, a partir de 2016. Estas reglas se disimulan bajo la apariencia del sentido común. Se supone que el estado es gobernado como una familia tranquila: no debe gastar más de lo que gana. Es sin embargo olvidar lo que es un estado. Tiene el tiempo a su favor. Tiene misiones de defensa, de seguridad o de inversión a largo plazo que es el único que puede asumir.

Con este tratado, los países europeos entierran toda política keynesiana o contracíclica. No puede haber ya (salvo en casos de crisis exterior) política ambiciosa de grandes programas, o sencillamente de apoyo a la actividad. Al contrario, los criterios elegidos refuerzan la pro-ciclidad de las políticas económicas: los gobiernos serán obligados a recortar en los gastos y de ralentizar sus esfuerzos en cada giro de la actividad económica para respetar el imperativo de equilibrio presupuestario, con el riesgo de agravar aún más las recesiones, entregando así un poco más los países a la volatilidad de los mercados. Y son los mismos gobiernos los que, tras haber negociado los términos de este acuerdo, no dejarán de quejarse de la inconsecuencia y del “cortoplacismo” de los mercados.

En fin, estas disposiciones no permiten en absoluto responder a la crisis del euro. Por retomar una interrogante de Jean Pisani-Ferry /6, economista en el Instituto Bruegel, ¿qué habrían dicho los países europeos si Irlanda hubiera quebrado antes que Grecia? Han faltado algunas semanas para que ocurriera así. Sin embargo en el caso de Irlanda, todos los criterios proclamados por el tratado de Maastricht estaban perfectamente respetados. El país estaba en excedente presupuestario y su deuda era inferior al 60% del PIB.

También era la situación de España, antes de la explosión de su burbuja inmobiliaria. Sin embargo, a pesar de esta aparente sana gestión de las finanzas públicas, esos dos países están en quiebra. Lo que demuestra el carácter bastante ilusorio de esos criterios, que supuestamente previenen de toda crisis en el futuro, pero que no se contentan más que con una proclamación, sin atacar a las raíces mismas de los desequilibrios de la zona euro.

3.- Sanciones automáticas

Estimando haber sido engañada por Grecia, Alemania ha impuesto un endurecimiento de las sanciones, en caso de no respeto de los criterios impuestos. Estas sanciones estaban ya previstas en el tratado de Maastricht. Pero Alemania y Francia, los dos primeros países que no se ajustaron a ellos, habían obtenido en 2004 ser dispensados. Para evitar toda debilidad en el futuro, las sanciones se harán automáticas.

El texto prevé que “las partes firmantes deben instaurar a un nivel nacional, sobre la base de principios aceptados a partir de una proposición de la comisión europea, un mecanismo de corrección automática, en caso de superación significativa en relación al objetivo de medio plazo o de ajuste para lograrlo, conforme al pacto revisado de estabilidad y de crecimiento” (artículo 3.2).

“Los firmantes cuyo endeudamiento supere el 60% del PIB deben reducirlo sobre la base de un doceavo por año, como referencia” (artículo 3.3). “Las partes firmantes que son objeto de un procedimiento por déficits excesivos deberán instaurar un programa de saneamiento presupuestario y financiero, que comprenda el detalle de las reformas estructurales a poner en pie con vistas a corregir esos déficits excesivos”. “Esos programas serán sometidos a la Comisión Europea y al Consejo Europeo y su seguimiento será realizado en el marco del procedimiento de vigilancia inscrito en el pacto de estabilidad y de crecimiento”. “Su realización y los presupuestos anuales serán vigilados por la Comisión y el Consejo europeos” (artículo 5).

A la lectura de estas líneas que retoman en gran parte el dispositivo ya en pie desde el 1 de enero de 2012 en el marco del “six-pack” /7, el espíritu europeo parece haber desaparecido. Europa, que supuestamente ha sido erigida para defender la democracia, ilustrar sus mejores principios, ha abandonado toda referencia al derecho, a la política, al debate. Los abandonos masivos de soberanía que son demandados al conjunto de los países europeos no son recuperados en un estadio superior, bajo forma por ejemplo de una mayor solidaridad entre estados miembros. Las sanciones son automáticas. Unos países pueden denunciar a otros.

El Tribunal de Justicia puede erigirse como referencia suprema, decir lo que debe ser un presupuesto nacional. Pero jamás el Parlamento Europeo. Pueden ser impuestas sanciones pecuniarias a los países “que se desvíen”. Pero en ningún momento hay nada sobre la solidaridad, la ayuda mutua, la transferencia presupuestaria para ayudar a los países en dificultades. Lo que es sin embargo una de las grandes cuestiones para el futuro de la zona euro.

4.- Cumbres del euro

Pedid a Nicolas Sarkozy que de una prueba de su influencia sobre Angela Merkel y os responderá: el gobierno económico europeo. Antes de la crisis griega, Berlín no quería oír hablar de ello. En la actualidad, varios artículos del “pacto presupuestario” están consagrados a mejorar la gobernanza del euro. Principal innovación: una Cumbre del Euro que va a reunir a los jefes de estado de la zona euro.

En apariencia extremadamente modesta, esta disposición ha sido objeto de una batalla nerviosa, desde hace semanas, en Bruselas. Pues quienes quieren integrar la zona euro a medio plazo, como los polacos (Varsovia habla de 2015), desean tener algo que decir, ellos también, sobre el futuro del euro. Quieren pues poder participar en esas reuniones de un tipo nuevo. Imposible, según París. Finalmente se ha encontrado un acuerdo: esas cumbres serán reservadas a los miembros de la zona euro, salvo si vienen a debatir ciertos asuntos decisivos, como la reforma de los tratados, o la arquitectura de la zona euro como tal. No francamente decisivo para la salida de la crisis...

5.- En cinco años, ¿derecho comunitario?

Es el último artículo del tratado, y no el menos complicado: en la jerga bruselense, el artículo 16 corresponde a una “clausula de repatriación”. En claro, los firmantes se comprometen a “comunitarizar”, de aquí a cinco años, la totalidad del contenido de este texto “intergubernamental”. Es decir integrar en el derecho comunitario, garantizado por la Comisión Europea, esas pocas páginas redactadas a toda prisa, en algunas semanas, entre mediados de diciembre y mediados de enero.

Este artículo es acogido favorablemente por los electos del Parlamento Europeo, que ven en él una clausula de salvaguardia del proyecto europeo... En diciembre, la decisión de Londres de no participar en el tratado había, en efecto, dejado en suspenso el método “comunitario”, en beneficio de una lógica “intergubernamental” más eficaz, para tranquilizar a los mercados. Se ignora, por el momento, lo que piensan de este artículo los británicos y los checos, que van, pues, a encontrarse sometidos, de aquí a cinco años, a reglas que han decidido no aprobar en 2012. A menos, por supuesto, que opten por abandonar la Unión de aquí a entonces.


http://www.mediapart.fr/journal/economie/310112/merkel-impose-un-super-maastricht-leurope

Traducción: Faustino Eguberri para VIENTO SUR

Visto en VientoSur


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