Si no puedes convencerlos, confúndelos.

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Manifiesto Tomalaciudad
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Manifiesto Tomalaciudad

Desde hace mucho tiempo se toman decisiones por nosotros pero sin nosotros.
Nosotros, los muchos, los que trabajamos, los que producimos y pagamos las crisis que ellos provocan. Ellos, los pocos, los que comerciaron con nuestro tiempo, los que diseñaron nuestras calles como si fueran maquetas, donde nadie habla con nadie, donde circulamos solos, con prisa; de casa al trabajo, del trabajo al centro comercial, y vuelta a empezar. Pero ese mundo que nosotros no elegimos, a ellos, los pocos, tampoco les pertenece. Es hora de construir nuestro mundo.


TomaLaCiudad - 30/11/11

Manifiesto Tomalaciudad

Desde hace mucho tiempo se toman decisiones por nosotros pero sin nosotros.
En el pasado existieron espacios colectivos, donde la gente convivía y decidía de entre iguales, cultivaba el diálogo, la cooperación fraternal y el trabajo por el interés común.
En la actualidad hipotecaron nuestras vidas a un sistema político y económico que nos ha empobrecido y nos ha vuelto más dependientes; llamaron libertad a la irresponsabilidad política de poner en manos ajenas las cosas que nos atañen. Nos educaron en un punto de vista infantil y egoísta, articulando la sociedad en compartimentos estancos donde rige la competitividad y el mutuo recelo en lugar de la colaboración y el respeto. Éramos pueblo y nos hicieron público, dejamos de ser actores para convertirnos en tristes espectadores de unas vidas dirigidas desde arriba.

Así, el diseño de nuestras ciudades es también una cuestión puramente política. El ordenamiento de los jardines, cercados por vallas, cerrados de noche. Las flores alineadas como adoquines, los setos recortados cual muros. El espacio urbano fue pensado para el tránsito mudo de coches, personas y mercancías; el decorado es estéril y la circulación jamás se detiene. Porque si nos paramos, el orden peligra.

Hemos comprobado que la manera de producir empresarial o estatal, no responde ni a nuestros deseos ni a nuestras necesidades, genera estructuras corruptas e injustas y es sumamente perjudicial al medio ambiente.

Qué pasaría si empezáramos a gestionar el mundo nosotros, desde abajo, de otra manera.
Imaginemos, por ejemplo, una ciudad distinta, más natural. Donde en lugar de tanto asfalto, adoquines y jardines estériles, sembráramos aromáticas o plantas de las que extraer remedios naturales. Donde en lugar de parques decorativos, tuviéramos árboles frutales y huertos ecológicos, cuidados entre todos, juntos, niños y adultos, ancianos y jóvenes.


Qué pasaría si en lugar de mantener un sector público estatal, altamente costoso y muchas veces ineficiente, construyéramos una red de servicios populares, autónomos, donde el trabajo que los sustente se decida en las asambleas y no de acuerdo a los intereses de unos pocos. Donde cada uno aporte como pueda aportar y donde pueda aportar. Donde nos desarrollemos de un modo completo como personas, tanto para dar como para recibir, y no siendo sólo pasivos consumidores.
 No resulta tan difícil de imaginar si tenemos en cuenta que los servicios sociales estatales están sufriendo recortes constantes, y que el modelo de Estado de Bienestar no resulta viable según la endeudada coyuntura económica.
Hoy además nuestras calles rebosan de lugares cerrados: casas vacías, solares desocupados, edificios por terminar. Empezamos a ver las ruinas que muestran el estado decadente de una sociedad en crisis. Una sociedad que nosotros no elegimos, pero que pagamos con creces. Por eso, tomaremos aquellos espacios en desuso, anteriormente usurpados por la lógica de
beneficios privados y pérdidas públicas, dándoles nuevos usos de acuerdo a los intereses de todos. Por tanto, os invitamos a todos a ser partícipes de la nueva sociedad que está por construir en dichos lugares.

No hemos venido para hacer una reivindicación abstracta, no basta con indignarse, estamos aquí para encontrarnos, habitar el espacio y tomar la vida en nuestras manos. Somos los habitantes, no los meros transeúntes, de un mundo que es nuestro hogar, y reconstruirlo es nuestra responsabilidad.

Nuestra fuerza se medirá en lo que hagamos, que además será ejemplo de todo aquello que podemos llegar a hacer. Pues bien, hagámoslo y no esperemos más.

 

Visto en TomaLaPlaza

Gracias a GrupoAvería.

 


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