Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa... Pasé hambre... Pasé frío... Pero era libre.... Libre de no levantarme... De no acostarme... De emborracharme... De soñar... De esperar

Edith Piaff

Libia, las mentiras de una guerra
Jean-Paul Pougala

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Libia, las mentiras de una guerra

Repaso de los verdaderos motivos de occidente a la hora de masacrar el pueblo libio. El autor pone el foco en la unidad del continente africano como un peligro a la hegemonía occidental y sus sucios negocios a costa del pueblo. MUY RECOMENDADO


Jean-Paul Pougala - 31/12/11

Wanáfrica

Traducción de Laura Remei Martínez-Buitrago

A. LAS VERDADERAS RAZONES DE LA GUERRA EN LIBIA.

Ocasión perdida para Occidente a causa del Primer Satélite Africano RASCOM.

 1. Es la Libia de Gadafi la que ofrece a toda África su primera verdadera revolución de los tiempos modernos: garantizar la cobertura universal del continente por telefonía, televisión, radiodifusión y otras múltiples aplicaciones como la telemedicina y la enseñanza a distancia; por primera vez, una conexión de bajo coste está disponible para todo el continente, hasta en zonas rurales, gracias al sistema por puente de radio Wmax.

La historia comienza en 1992, cuando cuarenta y cinco países africanos crean la sociedad RASCOM con el fin de disponer de un satélite africano y hacer caer el coste económico de la comunicación en el continente. Llamar desde y hacia África era entonces la tarifa más cara en el mundo, puesto que existía un impuesto de 500 millones de dólares que Europa cobraba al año sobre las conversaciones telefónicas, incluso en el interior del propio país africano, por el tránsito de las voces en satélites europeos como Intelsat. Un satélite africano costaba sólo 400 millones de dólares, a pagar en una sola vez, y ya no pagar más los 500 millones de alquiler al año. ¿Qué banquero no financiaría un proyecto así? Pero la ecuación más difícil de resolver era: ¿cómo el esclavo puede liberarse de la explotación servil de su amo solicitando la ayuda de éste para conseguirlo? De este modo, el Banco Mundial, el FMI, EE.UU., la Unión Europea han tentado inútilmente a estos países durante catorce años. Es en 2006 que Gadafi pone fin al suplicio de la inútil mendicidad a los pretendidos benefactores occidentales que practicaban préstamos a precio de usurero; el guía libio puso sobre la mesa 300 millones de dólares, el Banco Africano de Desarrollo puso 50 millones, el Banco del Oeste Africano de Desarrollo 27 millones y fue así que África tiene, desde el 26 de diciembre de 2007, el primer satélite de comunicación de su historia. Inmediatamente China y Rusia se pusieron manos a la obra, cediendo en este caso su tecnología, y permitieron el lanzamiento de los nuevos satélites, sudafricano, nigeriano, angoleño, argelino, e incluso se lanzó un segundo satélite africano en julio de 2010. Se espera para 2020 el primer satélite tecnológicamente 100% africano, construido en suelo africano, especialmente en Argelia. Este satélite está previsto que haga la competencia a los mejores del mundo, pero a un coste diez veces inferior, un verdadero reto. He aquí cómo un simple gesto simbólico de 300 millones de nada puede cambiar la vida de todo un continente. La Libia de Gadafi hizo perder a Occidente, no sólo 500 millones de dólares al año, sino los millones de dólares de deudas e intereses que esta misma deuda permitía generar hasta el infinito y de manera exponencial, contribuyendo así a mantener el sistema oculto para desplumar a África.

2. Fondo Monetario Africano, Banco Central Africano, Banco Africano de Inversiones.
Los 30 millones de dólares embargados por M. Obama pertenecen al Banco Central Libio y estaban previstos para la contribución de Libia a la finalización de la federación africana a través de tres proyectos estrella: el Banco Africano de Inversión en Syrte, Libia; la creación desde 2011 del Fondo Monetario Africano con un capital de 42 millones de dólares, con Yaundé como sede; y el Banco Central Africano con sede en Abuja, Nigeria, cuya primera emisión de moneda africana firmará el fin del Franco CFA gracias al cual París mantiene el poder en ciertos países africanos desde hace cincuenta años. Se entiende por consiguiente la rabia de París contra Gadafi. El Fondo Monetario Africano debe remplazar en su totalidad las actividades en suelo africano del Fondo Monetario Internacional, que con sólo 25 millones de dólares de capital pudo poner de rodillas a todo un continente con privatizaciones discutibles, como el hecho de obligar a los países africanos a pasar de un monopolio público a un monopolio privado. Fueron los propios países occidentales los que llamaron a la puerta para ser también miembros del Fondo Monetario Africano y fue por unanimidad que el 16-17 de diciembre de 2010, en Yaundé, los africanos rechazaron esta codicia, instituyendo que sólo los países africanos serán miembros del FMA.

Es evidente que, después de Libia, la coalición occidental declarará su próxima guerra a Argelia, porque, además de sus enormes recursos energéticos, este país tiene una reserva monetaria de 150 millones de euros. Lo que la convierte en codicia de todos los países que bombardean Libia y que tienen algo en común: todos están financieramente casi en quiebra. Sólo los EE.UU. tienen 14.000 millones de dólares de deuda; Francia, Gran Bretaña e Italia tienen cada uno en torno a 2.000 millones de deuda pública; mientras que los cuarenta y seis países del África Negra tienen en total menos de 400 millones de dólares de deuda pública.

Crear falsas guerras en África con la esperanza de encontrar el oxígeno para continuar su apnea económica que no hace más que empeorar no hará más que hundir a los occidentales en una decadencia que comenzó en 1884, durante la famosa Conferencia de Berlín. Pues, como predijo el economista Adams Smith, en su apoyo por la abolición de la esclavitud, «la economía de un país que practique la esclavitud de los negros está iniciando un descenso al infierno que será brusco el día que las otras naciones se despierten».

3. Uniones regionales como freno a la creación de los Estados Unidos de África.
Para desestabilizar y destruir la unión africana, que va peligrosamente (para Occidente) hacia los Estados Unidos de África gracias a la mano maestra de Gadafi, la Unión Europea primero probó, sin conseguirlo, la carta de la creación de la UPM (Unión Por el Mediterráneo). Era necesario separar a toda costa el África del Norte del resto del África. Pero fracasó porque Gadafi se negó a ir. Comprendió rápidamente el juego desde el momento en que se hablaba de la Mediterraneidad asociando a algunos países africanos sin informar de ello a la Unión Africana, pero invitando a los veintisiete países de la Unión Europea. La UPM sin el principal motor de la federación africana era un fracaso incluso antes de comenzar, un nonato con Sarkozy como presidente y Mubarack de vicepresidente. Es lo que Alain Juppé intenta reactivar, contando con la caída de Gadafi, por supuesto. Lo que los dirigentes africanos no comprenden es que mientras que sea la Unión Europea la que financie a la Unión Africana continuaremos estando en el punto de partida, pues en estas condiciones no habrá una efectiva independencia. Es en este mismo sentido que la Unión Europea ha favorecido y financiado los reagrupamientos regionales en África. Era evidente que la CEDEAO, que tiene una embajada en Bruselas y obtiene la mayor parte de su financiación de la UE, es el principal obstáculo para la federación africana. Es contra lo que Lincoln luchó en la guerra de secesión de los Estados Unidos, porque a partir del momento en que un grupo de países se encuentren en torno a una organización política regional, esto sólo fragiliza el órgano central. Es lo que Europa quería y lo que los africanos no han comprendido al crear uno tras otro la COMESA, la UDEAC, la SADC y el Gran Magreb, que nunca han funcionado gracias a que Gadafi lo entendió muy bien.

4. Gadafi, el africano que ha hecho posible lavar la humillación del apartheid.
Gadafi está en el corazón de casi todos los africanos como hombre generoso y humanista por su apoyo desinteresado contra el régimen racista de Sudáfrica. Si Gadafi hubiera sido un hombre egoísta, nada le obligaba a ganarse la ira de los occidentales por apoyar financiera y militarmente el ANC en su batalla contra el apartheid. Es por esto que, nada más ser liberado de sus veintisiete años de prisión, Mandela decidió romper el embargo de las Naciones Unidas contra Libia, el 23 octubre de 1997. Por culpa de este embargo, también aéreo, desde hacía cinco años ningún avión podía aterrizar en Libia. Para llegar allí había que tomar un avión a Túnez, llegar a Djerba y continuar en coche durante cinco horas hasta Ben Gardane, cruzar la frontera y subir durante tres horas de carretera por el desierto hasta Trípoli. O también pasar por Malta y hacer la travesía de noche, en barcos mal conservados, hasta la costa libia. Un calvario para todo un pueblo, sólo por castigar a un único hombre. Mandela decidió acabar con esta injusticia y, respondiendo al expresidente americano Bill Clinton, que juzgó la visita como inapropiada, se reveló: «Ningún Estado puede atribuirse el papel de policía del mundo, y ningún Estado puede imponer a los otros lo que deben hacer.» Y añadió: «Los que ayer eran amigos de nuestros enemigos tienen hoy la caradura de proponerme que no visite a mi hermano Gadafi, nos aconsejan ser ingratos y olvidar a los amigos de ayer.» En efecto, para Occidente, los racistas de Sudáfrica eran hermanos a los que había que proteger. Es por esto que todos los miembros del ANC eran considerados peligrosos terroristas, incluido Nelson Mandela. Habría que esperar al 2 de julio de 2008 para que el Congreso Americano votara una ley con tal de tachar el nombre de Nelson Mandela y el de sus camaradas del ANC de la lista negra, no porque hubieran comprendido la estupidez de tal lista sino porque querían tener un gesto de generosidad con motivo de los noventa años de Nelson Mandela. Si los occidentales están hoy arrepentidos de su apoyo de ayer a los enemigos de Mandela y son verdaderamente sinceros cuando ponen su nombre a calles y plazas, ¿por qué continuar haciéndole la guerra al que permitió la victoria de Mandela y su pueblo, Gadafi?

B. LOS QUE QUIEREN EXPORTAR LA DEMOCRACIA, ¿SON VERDADEROS DEMÓCRATAS?

¿Y si la Libia de Gadafi fuera más democrática que Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y todos los que hacen la guerra para exportar la democracia a Libia? El 19 de marzo de 2003, el presidente Georges Bush lanzó bombas sobre la cabeza de los iraquíes con la excusa de ofrecerles la democracia. El señor Obama, Premio Nobel de la Paz en 2009 y presidente de Estados Unidos de América, para justificar que procede a un lanzamiento de misiles Cruises de sus submarinos sobre la cabeza de los libios, ha dicho que era para expulsar al dictador Gadafi del poder e instaurar la democracia.

La pregunta que todo ser humano dotado de una mínima capacidad intelectual de juicio y entendimiento no puede dejar de hacerse es: países como Francia, Inglaterra, EE.UU., Italia, Noruega, Dinamarca, Polonia, cuya legitimidad para ir a bombardear a los libios se basa en el mero hecho de haberse autoproclamado «países democráticos», ¿son verdaderamente democráticos? En caso afirmativo, ¿son ellos más democráticos que la Libia de Gadafi? La respuesta inequívoca es NO, por la sencilla razón de que la democracia no existe. No soy yo quien lo afirma, sino aquel cuya ciudad natal, Ginebra, arbitra lo esencial del mando de las Naciones Unidas. Se trata, por supuesto, de Jean-Jacques Rousseau, nacido en Ginebra en 1712, quien afirma en el capítulo IV del Libro III de su famoso «Contrato social» que: «Nunca ha existido la verdadera democracia, y nunca existirá.» Para que un Estado sea verdaderamente democrático Rousseau pone cuatro condiciones según las que la Libia de Gadafi es incluso de lejos más democrática que los Estados Unidos de América, Francia y todos los demás que pretenden exportarle la democracia, a saber:

Dimensión del Estado: cuanto más grande es un Estado, menos democrático puede ser. Para Rousseau, el Estado debe ser muy pequeño para que el pueblo sea fácil de reunir y cada ciudadano pueda fácilmente conocer a todos los demás. Antes pues de hacer votar a la gente, hay que asegurarse de que cada uno conoce a todos los demás sin lo cual votar por votar es un acto desprovisto de todo fundamento democrático, es un simulacro de democracia para elegir a un dictador. La estructura de la organización del Estado libio se funda sobre una base tribal que reagrupa por definición el pueblo en pequeñas entidades. El sentimiento democrático está más presente en una tribu, en un pueblo que en una gran nación, porque el hecho de que todo el mundo se conozca y que la vida gire en tono a los mismos puntos comunes aporta una suerte de autorregulación, de autocensura incluso para medir a cada instante la reacción, la contra-reacción de los demás miembros a favor o en contra de las opiniones que se puedan tener. Desde este punto de vista, es Libia quien mejor responde a las exigencias de Rousseau, lo que no se puede decir incluso de los Estados Unidos de América, Francia o Gran Bretaña, sociedades fuertemente urbanizadas donde la mayoría de vecinos no se dan ni los buenos días y por tanto no se conocen, aún viviendo al lado durante veinte años. En esos países, se ha pasado directamente a la etapa siguiente: el «voto», que astutamente han dignificado con el fin de hacer olvidar que ese voto es inútil a partir del momento en que me expreso sobre el futuro de una nación sin conocer a sus miembros. Hemos llegado así hasta el absurdo del voto de ciudadanos que viven en el extranjero. Conocerse y hablarse es la condición esencial de la comunicación para el debate democrático que precede a toda elección.

Es necesaria la sencillez de las costumbres y los comportamientos para evitar pasar la mayor parte del tiempo hablando de justicia, de tribunal, para encontrar soluciones a las múltiples peleas de intereses diversos que una sociedad demasiado compleja engendra de manera natural. Los occidentales se definen como países civilizados, con unas costumbres complejas; y Libia como país llamado primitivo, por sus costumbres simples. Desde este punto de vista, de nuevo, es Libia quien mejor responde a los criterios democráticos de Rousseau frente a todos los que pretenden darle lecciones de democracia. En una sociedad compleja, los demasiado numerosos conflictos se resuelven por la ley del más fuerte: quien es rico evita la cárcel ya que se puede permitir el mejor abogado y sobre todo puede orientar el aparato represivo del Estado contra el que quiere un plátano en un supermercado en lugar de contra el delincuente financiero que lleva a un banco a la bancarrota. En una ciudad como Nueva York, donde el 75% de la población es blanca, el 80% de los puestos ejecutivos están ocupados por blancos, sólo un 20% de personas están en prisión.

La igualdad en los rangos y las fortunas. Basta con mirar la clasificación FORBES 2010 para ver cuáles son los nombres de las personas más ricas de cada país que lanza bombas sobre la cabeza de los libios y ver la diferencia con el salario más bajo en cada uno de los países, y hacer del mismo modo con Libia para comprender que, en cuestión de distribución de riqueza del país, es Libia quien ha de exportar su maestría a los que la combaten y no al contrario. Incluso desde este punto de vista, según Rousseau, Libia sería más democrática que los que quieren pomposamente exportarle la pretendida democracia. En Estados Unidos, el 5% de la población posee el 60% de la riqueza nacional. Es el país más desequilibrado, el más desigual del mundo.

SIN LUJO. Según Rousseau, para que haya democracia en un país, es preciso que no haya lujo porque, según él, el lujo hace necesaria la riqueza y ésta se convierte en una virtud, un objetivo a alcanzar a toda costa en lugar de la felicidad del pueblo, «el lujo corrompe por igual al rico que al pobre, a uno por la posesión, al otro por la codicia; vende la patria a la indolencia, a la vanidad; quita al Estado todos sus ciudadanos para someter los unos a los otros, y todos a la opinión». ¿Hay más lujo en Francia o en Libia? Este informe sobre la esclavitud de los empleados que son llevados hasta el suicidio, incluso empleados de empresas públicas o semipúblicas, por razones de rentabilidad y por tanto de posesión de lujo de una de las partes ¿es más patente en Libia o en Occidente?

El sociólogo americano C. Wright Mills describió en 1956 la democracia americana como «la dictadura de las élites». Según Mills, Estados Unidos no es una democracia ya que en definitiva el dinero ha sustituido al pueblo. El resultado de cada elección es la expresión de la voz del dinero y no de la voz del pueblo. Después de Bush padre y Bush hijo, para las primarias republicanas de 2012, ya se habla del pequeño Bush. Además, si el poder político se basa en la burocracia, Max Weber hizo observar que hay 43 millones de funcionarios y militares en Estados Unidos que dirigen efectivamente el país, pero que no han sido votados por nadie y que no responden directamente al pueblo sobre sus actividades. Así pues, una persona (un rico) es votado, pero el verdadero poder sobre el terreno lo mantiene una única casta de ricos que pura y simplemente se deduce de nombramientos, como embajadores, generales, etc.

¿Cuántas personas en los países autoproclamados «democráticos» saben que en Perú la constitución prohíbe un segundo mandato consecutivo al presidente saliente de la república? ¿Cuántas personas saben que en Guatemala, no sólo el presidente saliente no debe volver a presentarse nunca como candidato a esa función, sino que además ninguno de sus parientes, ningún miembro de su familia podrá ya aspirar a esa función? ¿Cuántos saben que Ruanda es el mejor país que integra políticamente a las mujeres en el mundo con un 49% de parlamentarias? ¿Cuántos saben que en la clasificación de la CIA 2007, de los diez países mejor gobernados del mundo, cuatro son africanos? Guinea Ecuatorial tiene la palma de oro con una deuda pública que apenas representa el 1,14% de su PIB.

La guerra civil, las revueltas, las rebeliones son los ingredientes del comienzo de la democracia, sostiene Rousseau. Porque la democracia no es un fin, sino un proceso permanente para reafirmar los derechos humanos naturales que en todos los países del mundo (sin excepción) un puñado de hombres y mujeres, confiscando el poder del pueblo, lo orienta para mantenerse en los negocios. En todas partes hay formas de castas que usurpan la palabra «democracia», que debe ser un ideal hacia el que tender y no una etiqueta de la que apropiarse o un estribillo del que vanagloriarse sólo porque somos capaces de gritar más fuerte que los otros. Si un país está tranquilo, como Francia o Estados Unidos, es decir, sin ninguna revuelta, para Rousseau eso significa simplemente que el sistema dictatorial es lo suficientemente represivo como para impedir toda tentativa de rebelión. Si los libios se revelan no es una mala noticia. Lo malo es pretender que los pueblos acepten estoicamente el sistema que los oprime en todas partes del mundo sin reaccionar. Y concluye Rousseau: «Malo periculosam libertatem quam quietum servitium, si hubiera un pueblo de dioses, se gobernaría democráticamente. Un gobierno tan perfecto no conviene a los hombres.» Decir que se mata a los libios por su propio bien es una engañifa.

C. ¿CUÁL ES LA LECCIÓN PARA ÁFRICA?

Después de 500 años de relaciones de dominador y dominado con Occidente, está más que probado que no tenemos los mismos criterios para definir lo bueno y lo malo. Tenemos intereses profundamente discrepantes. Cómo no lamentar el Sí de tres países africanos en el sur del Sáhara, Nigeria, Sudáfrica y Gabón, para la resolución 1973, inaugurando la nueva forma de colonización bautizada como «protección de los pueblos», validando la teoría racista que los europeos transmiten desde el siglo XVIII según la cual el África del Norte no tiene nada en común con el África Subsahariana, el África del norte sería más evolucionada, más educada y civilizada que el resto de África. Como si Túnez, Egipto, Libia o Argelia no formaran parte de África. Incluso las Naciones Unidas parecen ignorar la legitimidad de la Unión Africana sobre sus estados miembros. El objetivo es aislar los países del África subsahariana con tal de fragilizarlos mejor y tenerlos bajo control. En efecto, en el capital del nuevo Fondo Monetario Africano (FMA), Argelia con 16 millones de dólares y Libia con 10 millones de dólares contribuyen por ellos mismos con el cerca del 62% del capital, que es de 42 millones de dólares. El primer país de África subsahariana y el más poblado, Nigeria, seguido de Sudáfrica llegan muy lejos por detrás con 3 millones de dólares cada uno.

Es muy inquietante constatar que, por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, se ha declarado la guerra a un pueblo sin haber explorado previamente la mínima pista pacífica para solucionar el problema.

¿África tiene aún un lugar en esta organización? Nigeria y Sudáfrica están dispuestas a votar SÍ a todo lo que Occidente pida, porque creen ingenuamente en las promesas de unos y otros para otorgarles una plaza de miembro permanente en el Consejo de Seguridad con el mismo derecho de veto. Ambas olvidan que Francia no tiene ningún poder para atribuirles el mínimo puesto. Si lo tuviera, hace un siglo que Mitterrand lo hubiera hecho por la Alemania de Helmut Kohl. La reforma de las Naciones Unidas no está en el orden del día. La única manera de contar en ella es el método chino: los cincuenta países africanos deberían abandonar las Naciones Unidas. Y si un día tienen que volver, no hacerlo si no han obtenido lo que piden desde hace mucho tiempo, un lugar para toda la federación africana, y si no nada. Este método de la no-violencia es la única arma de justicia de la que disponen los pobres y los débiles, que es lo que somos. Tenemos que sencillamente abandonar las Naciones Unidas, puesto que esta organización, por su configuración, por su jerarquía, está al servicio de los más fuertes.

Tenemos que abandonar las Naciones Unidas con tal de manifestar nuestra reprobación a una concepción del mundo basada únicamente en la aniquilación del más débil. Al menos serán libres de continuar haciéndolo, pero no con nuestra firma, no recordando que estamos de acuerdo cuando saben perfectamente que nunca nos han preguntado. E incluso cuando hemos dado nuestro propio punto de vista, como en el encuentro del sábado 19 de marzo en Nouakchott con la declaración sobre la contrariedad en la acción militar, esto ha sido sencillamente silenciado para ir a cumplir el crimen de bombardear el pueblo africano.

Lo que sucede hoy es el guión que ya vimos antes con China. Hoy se reconoce el gobierno de Ouattara, se reconoce el gobierno de los insurgentes en Libia. Lo mismo que sucedió al final de la Segunda Guerra mundial con China. La así llamada comunidad internacional eligió Taiwan como única representante del pueblo chino en lugar de la China de Mao. Hubo que esperar veintiséis años, es decir, al 25 de octubre de 1971, con la resolución 2758, que todos los africanos deberían leer, para poner fin a la estupidez humana. China fue admitida, salvo que pretendió y obtuvo ser miembro permanente con derecho a veto, en caso contrario no entraba. Con esta exigencia satisfecha y la resolución de admisión puesta en vigor, hubo que esperar un año para que el 29 de septiembre de 1972 el ministro chino de Asuntos Exteriores respondiera con una carta al Secretario General de la Naciones Unidas, no para decir Sí o Gracias, sino para hacer una puesta a punto, como garantía de su dignidad y respetabilidad. ¿Qué espera África obtener de las Naciones Unidas sin plantear un acto contundente para hacerse respetar? Hemos visto en Costa de Marfil a un funcionario de las Naciones Unidas considerarse por encima de una institución constitucional de este país. Hemos entrado en esta organización aceptando ser siervos, y creer que seremos invitados a la mesa para comer con los demás en los platos que hemos lavado es simplemente de crédulos, peor, de estúpidos. Cuando la UA reconoció la victoria de Ouattara sin siquiera tener en cuenta las conclusiones contrarias de sus propios observadores enviados sobre el terreno, sólo por darle el gusto a nuestros antiguos amos, ¿cómo pueden respetarnos? Cuando el presidente sudafricano Zuma declara que Ouattara no ha ganado las elecciones y hace un giro de 180 grados diciendo lo contrario después de una breve visita de ocho horas a París, nos podemos preguntar qué valor tienen estos dirigentes que representan y hablan en nombre de un millón de africanos.

La fuerza y la verdadera libertad de África vendrán de su capacidad de hacer actos reflexivos y de asumir sus consecuencias. La dignidad y la respetabilidad tienen un precio. ¿Estamos dispuestos a pagarlo? Si la respuesta es no, nuestro lugar continúa siendo la cocina y los lavabos para garantizar la comodidad de otros. Para entonces, en Libia, las bombas que nos han descrito como rosales que caen del cielo para reforestar el desierto libio, son francesas, americanas, británicas, italianas, canadienses, noruegas, pero las víctimas son africanas, todas africanas.

Sí, es una guerra declarada a todo el pueblo africano, no a un hombre, no a un país.

Visto en CEPRID


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