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“Los jóvenes acampados de Yemen no piden una reforma política, quieren la caída del sistema”
Anahí Alviso - Periódico Diagonal

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"Los jóvenes acampados de Yemen no piden una reforma política, quieren la caída del sistema"

PRIMAVERA ÁRABE | MIENTRAS EL PRESIDENTE SALEH ANUNCIA SU SALIDA DEL PAÍS, LA REPRESIÓN CONTINÚA
Desde enero de 2011, en Yemen miles de personas permanecen acampadas en la capital Saná y en otras veinte ciudades más. Al mismo tiempo, el Gobierno ha organizado otra acampada paralela. Aunque la salida del presidiente Ali Abdullah Saleh camino de Estados Unidos parece inminente, ya se ha generado un proceso de rebelión popular. Anahí Alviso, experta en Yemen, explica a DIAGONAL las transformaciones que se están gestando en el país africano y sus similitudes con el 15M.


Anahí Alviso - Periódico Diagonal 164, Foto: David Fernández - 30/12/11

Yemen es un país desconocido para Occidente, como desconocida es su revolución, que mantiene en jaque al presdiente, Ali Abdullah Saleh que lleva más de treinta años en el poder. En enero de 2011 se iniciaron las manifestaciones masivas y se instaló la primera acampada de jóvenes en la plaza de la Universidad. Testigo de excepción de la lucha del pueblo yemení ha sido Anahí Alviso, hasta que fue evacuada de la capital, Saná. Anahí, una joven argentina que estudió Ciencias Polí­ticas en la Univer­sidad Complutense, lleva viviendo desde hace tres años en Yemen [20 millones de habitantes]. “Tras mis estudios en Madrid, me especialicé en Oriente Próximo en Columbia, Nueva York, después me marché a Yemen para perfeccionar el idioma y me quedé”.

Alviso está realizando el doctorado en Yemen y centra la investigación “en contestación política y arte. Es decir: ver cómo el arte sirve para hacer un discurso de resistencia y confrontación política”, aclara. La revolución que vive el país yemení le ha permitido estudiar a fondo las movilizaciones y participar en ellas.

Dos acampadas en Saná

“En Saná, la capital, hay dos acampadas, una antigobierno y otra pro. Esta última la ha montado el Go­bier­no en contestación a los jóvenes y para evitar que ocupen la plaza de Tahrir de Saná”, explica. Añade que existen otras 20 acampadas antigobierno repartidas en las principales ciudades del país. “Saná tiene un millón de habitantes, y en marzo, cuando me evacuaron, amplias zonas de la ciudad, alrededor de la puerta de la Universidad, permanecían tomadas por los estudiantes, que cada día se van reapropiando de más espacios. Cada zona y cada cruce de calles se ha ido ocupando y eso supone batallas que han sido respondidas con mucha violencia por parte de las fuerzas policiales. Ahora hay calles y calles ocupadas por las tiendas de campaña”.

La plaza del Obelisco, donde están acampados no sólo estudiantes, también expolíticos que han dimitido del Gobierno, intelectuales y trabajadores, fue rebautizada como “plaza del Cambio o de la Libertad”. Por otra parte, en la plaza de Tahrir de Saná, donde se encuentra la acam­pada que el presi­dente de Ye­men, Alí Abdalá Saleh, organizó casi de forma simultánea y como réplica a la acampada de los jóvenes, fue rebautizada también por sus partidarios como “plaza de la Liberación”.

Las jaimas del presidente

“El presidente instaló jaimas carísimas, son las que se utilizan en las bodas, y empezó a repartir bandejas de comida en esa plaza y pagar para que la gente se quede”, apunta Alviso. Además, Saleh llevó allí a miembros de varias tribus para que ocupen el espacio al tiempo que en las jaimas organizó una feria de arte perma­nente, con, por ejemplo, cua­dros de motivos costum­bristas de Ye­­men, de solida­ridad con Pales­tina (forma parte de la identidad del país), con carteles en el interior con la imagen del presidente: que en realidad son los carteles electorales de 2006”, dice Alviso.

También se reproducen espacios similares a los de la acampada estudiantil. El presidente creó un escenario para que la gente haga discursos, con pancartas del Foro Nacional de los Jóvenes por la Uni­dad (progobierno), o lemas como: “El desorden es un apoyo al terrorismo”, en inglés, dirigido, sobre todo, a la prensa internacional.

El discurso de la unidad y el terrorismo

En su relato, Alviso explica que el Gobierno trata de que no triunfe la revolución y se resiste a abandonar el poder, como hicieron los regímenes de Ben Ali en Túnez y Mubarak en Egipto. Saleh retoma el discurso del orden y la unidad: “Porque la unidad ha costado mucho. Hasta hace poco Yemen estaba dividido. En el norte había una república que se creó tras un golpe a una monarquía religiosa en los ‘60 y, por otro lado, en el sur, se formó otra república surgida de la descolonización y se estableció un régimen socialista y luego una república marxista-leninista, única en el mundo árabe. Después de una guerra en 1994, se produjo la unificación pero aún persisten las diferencias”, apunta.

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Manifestación de yemeníes pidiendo la salida del presidente Saleh en la plaza del Cambio.Foto: Jameel Subay.

El fenómeno de la primavera árabe en Yemen tiene un proceso propio. “Esto no surge en enero, lleva años gestándose, –argumenta la investigadora– A principios de 2011 empiezan las distintas manifestaciones: en apoyo al pueblo tunecino, y de otros grupos afines a partidos de oposición que van con banderolas rosas, color del boicot a las elecciones parlamentarias que debían haberse celebrado en 2009 y aún siguen pospuestas...”.

Manifesaciones desde 2006

Alviso recuerda que esos partidos de oposición, llevan años pidiendo el cambio del sistema presidencial por uno representativo y una nueva ley electoral. “Pero hay otro tercer grupo de manifestantes: el de los jóvenes estudiantes. Es el 11 de febrero, día que Mubarak sale de Egipto, a las 11 de la mañana, cuando se llevaron a cabo grandes manifestaciones en Yemen. Por la tarde un colectivo pequeño de estudiantes decide insta­lar­se delante de la Univer­sidad, frente al Obelisco. Quieren diferenciarse de los partidos de la oposición. No piden la reforma del sistema, piden la caída del sistema”. Esos acampados retoman los lemas de Egipto y Túnez: “El pueblo quiere la caída del régimen” o “Vete ahora”, incluso adop­tan imágenes como la del Che Guevara. Desde entonces, la acampada ha ido creciendo y se ha ido reapropiando de una zona más amplia.

"Ya no ponen las tiendas a lo quechua, de plástico, están haciendo estructuras de madera con cemento porque buscan que­darse"

“Es la ciudad dentro de la ciudad. Las casas yemeníes se construyen hacia arriba y en la plaza del Cambio se quiere reproducir eso. Para mí lo que representa es la durabilidad. Ya no ponen las tiendas a lo quechua, de plástico, están haciendo estructuras de madera con cemento porque buscan que­darse”, subraya Anahí Alvi­so.

Mientras, el Gobierno incrementa la violencia, estos meses se han producido matanzas como la de mayo, en la que francotiradores apostados en los edificios cercanos a la plaza del Cambio o de la Libertad dispararon y mataron a 50 personas, o la masacre de Taez, la segunda mayor ciudad del país, donde unidades del Ejército fieles al presidente Saleh prendieron fuego a las tiendas de campaña y hubo 20 muertos.

Una lucha pacífica

Por su parte, los acampados en todo momento han reclamado el carácter pacífico de la ocupación. A la entrada del campamento han colgado pancartas con mensajes como: “Bien­venido al primer kilómetro de dignidad”, y para evitar la filtración de la policía se han creado grupos que cachean a las personas que entran a la zona. “Es ejemplar ­–dice Alviso­–,Ye­men es el segundo país del mundo más armado después de EE UU. Incluso las tribus que se han unido a la acampada de la plaza del Cambio, que manejan muchas armas, han renunciado al uso de las mismas, aunque el Gobierno ha asesinado a algunos de sus integrantes”.

También en respuesta a la represión del Estado se han organizado servicios médicos, hospitales de campaña, ambulancias que atraviesan la plaza, infraestructuras como ‘los baños de la revolución’, puestos de comida revolucionaria o servicios de limpieza.

A esta acampada se ha unido también una parte del Ejército que ha desertado. A la cabeza de ese sector militar se encuentra Ali Moshen, un general acusado de perpetrar graves masacres y que ahora se ha prestado a ’custodiar’ a los acampados en la plaza del Cambio. Los manifestantes han tomado con precaución esta postura del polémico militar.

Los intereses de EE UU y Arabia Saudí

La postura internacional frente al Gobierno de Saleh es particular, según explica Alviso. Por una parte, Yemen, "siempre ha sido un fiel aliado de Estados Unidos que ha actuado con total impunidad en su supuesta lucha contra el terrorismo", pero ahora no se manifiesta en favor de Saleh. EE UU lleva a cabo de forma regular ataques contra bases de Al Qaeda, que afirman actúan desde Yemen. El último ataque supuso la muerte del "dirigente de Al Qaeda Anuar el Aulaki, un estadounidense de origen yemení", según anunció el Gobierno de Yemen. Un dron, (avión no tripulado), lanzó un misil contra el vehículo en el que viajaba uno de los supuestos autores intelectuales de los atentados del 11S.

Por otro lado, se encuentran los países vecinos de Yemen, que no desean que las revueltas se contagien a sus países: "Arabia Saudí, el sultanato de Omán y las monarquías del golfo, petromonarquías que han tratado de llegar a un acuerdo con el Gobierno, pero o el bolígrafo no pinta, o los países firmantes se han sentado a la derecha en lugar de a la izquierda...Saleh siempre encuentra excusas para no firmar su partida del país".

Ahora parece que la salida del Gobierno de Yemen es inminente: Estados Unidos ofrece asilo a Saleh acusado de la muerte cientos de personas durante la fuerte represión contra los y las manifestantes desde que empezaron las protestas en enero de 2011.

Visto en Periódico Diagonal


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