SUPER CRIMINALES

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En su último número, la revista Super Lawyers dedicaba su artículo de portada al abogado general de Chiquita Brands International, ensalzándolo por navegar en las complejas y difíciles aguas de Colombia. Lo que no mencionó fue el reguero de lágrimas que Chiquita (antigua United Fruit, arquitecto del golpe de Estado en Guatemala de 1954, lo mismo que de la masacre de trabajadores del plátano en huelga en Ciénaga, Colombia, recreada en Cien años de soledad) ha dejado en América Latina. Esta carta del abogado laboralista Dan Kovalik destaca las contradicciones de la ovación a Chiquita. Debemos hacer notar que poco después de la redacción de esta carta Chiquita ha recibido también un “premio de sostenibilidad” por sus actividades en el extranjero.

ENERO 10

Re: Supercriminales

Estimado Sr. White:

Acabo de tener la desafortunada experiencia de leer el artículo de portada del último número de Super Lawyers, que ensalza las atrocidades de Chiquita (antigua United Fruit), una compañía a cuyo nombre, puede estar seguro, se asocia un largo historial de ellas.

Este número de su revista, que pretende destacar “no sólo a los sospechosos habituales”, en realidad se ha centrado en uno de esos “sospechosos habituales” de crímenes de guerra. En este número, en concreto, han optado por aplaudir al abogado general de Chiquita por lo que éste ha pretendido presentar como “decisiones de gran dificultad para salvar vidas”, la financiación de ejércitos de asesinos paramilitares por cantidad de más de 1,7 millones de dólares durante un período de más de siete años. Nada se dice de las vidas perdidas a causa de esos pagos ni se menciona el alijo de armas proporcionado a los paramilitares por la sucursal colombiana de Chiquita (otro cargo del que Chiquita se declaró culpable).

Según el fiscal general de Colombia, Mario Iguarán, los pagos de Chiquita a los paramilitares “no fueron por protección, sino más bien por sangre; por la pacificación de la región bananera de Urubá”. Iguarán, nada liberal, toda vez que fue nombrado por el presidente Álvaro Uribe, calcula en cerca de 4.000 los civiles muertos a consecuencia de la ayuda de Chiquita a los paramilitares. Además, Iguarán ha declarado que el propio fenómeno de los ejércitos paramilitares, que ha sacudido a Colombia durante años y ha dejado un sinnúmero de asesinatos, violaciones y otras atrocidades, no habría sido posible sin la ayuda de compañías como Chiquita.

Aun así, a pesar de esos hechos, ustedes han decidido dedicar su artículo de portada a las excusas del abogado general de Chiquita respecto del apoyo de su compañía a crímenes de guerra. Huelga decir que no debería sorprenderme de que la ley sirva, al cabo, de instrumento para proteger a los ricos y poderosos de los pobres y oprimidos. Sólo podría sugerir que, a fin de mantener la fachada de un sistema de justicia ciego al bolsillo de las partes, podría no expresar de modo tan obvio que su revista muestra la abogacía como profesión de salvaguarda de quienes acumulan beneficios mediante acciones de violencia generalizada. Me temo que Bob Dylan lo expresó mejor al escribir “todos los criminales con sus trajes y corbatas campan libres para beber Martinis y ver salir el Sol”.

Podría acabar mi carta aquí, pero hay algo más que decir. En efecto, aun si diéramos crédito a Chiquita y al señor Thompson en sus palabras, su conducta difícilmente justificaría felicitación alguna. Primero porque, como admitieron ellos mismos ante el Departamento de Justicia y a su revista, les llevó supuestamente más de dos años percatarse de que el Departamento de Estado de los EEUU considera terroristas a los paramilitares que estaban financiando y armando. ¿Es esto un hito en la abogacía? A la mayoría de nosotros nos despedirían por tardar tanto en percatarnos de que nuestro cliente está implicado en un crimen de tamaña magnitud. En efecto, lo que ustedes llaman superabogacía la mayoría de observadores razonables lo denominaría simplemente malas prácticas. Y, aun si se hubiera pagado por “protección” a esos asesinos para expandirse y aumentar sus beneficios de los plátanos, como pretenden, ¿acaso sería eso motivo de alabanza? El Departamento de Justicia, que ciertamente perdona a esta tribu con toda facilidad (deberían estar todos en la cárcel), ciertamente no consideró que eso les eximiera de castigo.

Acabaré solicitándole que, por favor, se abstenga de volver a enviarme jamás su revista. Debería avergonzarse de sí mismo y de su revista. Pero, huelga decirlo, vivimos en un mundo en gran parte desvergonzado, donde insignificantes delincuentes pasan años en la cárcel mientras que los grandes criminales gobiernan el mundo gracias al derecho al que ustedes dicen dedicarse.

Atentamente,

Dan Kovalik es abogado laboralista.

Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Escribano