¿MÁS DE LO MISMO? ¡NO!

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Pero la economía virtual es de tal magnitud y el poder financiero tan fuera de escala, que si no se toman drásticas medidas puede verse gravemente afectado el destino común de la humanidad.

ENERO 10
Federico Mayor Zaragoza - ATTAC

Alerta: hay que evitar la “segunda ola”


Si se acepta que los financieros se conviertan de nuevo en los amos del mundo, la economía especulativa virtual volverá a hacer estragos. Y llegará la segunda ola más pronto de lo que pensamos. Los paraísos fiscales siguen repletos, inaccesibles, intocables.

Les han “rescatado”… sin asegurarse que su “codicia e irresponsabilidad”, en palabras del Presidente Obama, ya no volverán a crear problemas porque los sistemas de vigilancia y regulación lo impedirían.

Pero la economía virtual es de tal magnitud y el poder financiero tan fuera de escala, que si no se toman drásticas medidas puede verse gravemente afectado el destino común de la humanidad.

Corremos el riesgo de tener más de lo mismo: las mismas fuentes energéticas, los mismos transportes para los mismos consumidores, los mismos productos y bienes para los que habitan en el barrio próspero de la “aldea global”.

Parecen no darse cuenta de que se trata de un cambio sistémico y no de ciertas “reparaciones” en el capitalismo que ha desembocado en la gravísima situación actual. Es ridículo que estemos discutiendo días y días para que, por fin, como un gran éxito, la Unión Europea aporte para hacer frente al cambio climático la misma cantidad que se invierte en armas en sólo tres días actualmente.

Los Estados Unidos de Norteamérica, en el año 2007, invirtieron más de 800 mil millones de dólares en gastos militares. Luego igual cantidad para el “rescate” de los bancos de economía especulativa… ¿Y cuánto pueden ahora contribuir para sanar las heridas de la Madre Tierra y dejar a las generaciones venideras un mundo habitable?.

Es apremiante, pues, que los Estados impongan la supresión de los paraísos fiscales; que, al menos parcialmente, se reduzca la economía especulativa y se amplíe la producción y el consumo en amplios sectores de la población mediante un plan global de desarrollo sostenible, con fuertes inversiones en energías renovables, en producción de alimentos y agua, en salud, en transporte eléctrico, en la protección del medio ambiente, en viviendas ecológicas… Al desarme nuclear, tan bien liderado por el Presidente Obama, deberá unirse la rápida reducción de los arsenales militares (por cierto, se trata de armamento propio de guerras convencionales pretéritas, inadecuado totalmente para las confrontaciones presentes) que hoy, por la extraordinaria magnitud de los gastos que conllevan, representan –no me cansaré de repetirlo- más de 3 mil millones de dólares al día mientras mueren de hambre más de 60 mil personas.

Tenemos el conocimiento, la tecnología y los medios para hacer frente a los grandes desafíos. Pero necesitamos un marco ético jurídico a escala supranacional que tenga la autoridad y los recursos para poner orden en tantos desmanes actuales (tráficos de toda índole -¡personas incluidas!-, depredación del medio ambiente…). Unas Naciones Unidas reforzadas deben incluir plenamente a la Organización Mundial del Comercio, al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, y sustituir a los “globalizadores” de los G-7, G-8, G-20… que tantos perjuicios han causado.

Exijamos el cambio. Y estemos alerta porque la segunda ola, si les dejamos hacer, podría irrumpir de nuevo en nuestras vidas, aumentando todavía los actuales desgarros sociales.

El momento de la gran movilización virtual y real ha llegado. Es intolerable que un grupo de plutócratas atenten gravemente contra el destino de la humanidad en su conjunto.

El momento de la revuelta de la sociedad civil no puede demorarse. Debemos fijar una fecha no lejana para que sean millones los ciudadanos que, a través de los medios informáticos de comunicación, a través de manifestaciones y actos de la más diversa índole, levanten la voz, pacífica pero firmemente. Se cumpliría así el inicio de la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros, los pueblos…”.


Igual dignidad humana
 
Este es el concepto clave para el futuro que anhelamos y procuramos. La igual dignidad, como establece la Declaración Universal de los Derechos Humanos, es el principal objetivo para el cambio radical que ya es impostergable y puede alcanzarse mediante un conjunto de medidas educativas, de género, desarrollo, libertad de expresión… que permitan transitar de la fuerza y la imposición a la palabra y la conciliación. Es preciso promover los principios y prácticas democráticas en todas las áreas de la sociedad; erradicar la pobreza con un gran despliegue de ayuda al desarrollo endógeno; colaborar estrechamente con los jóvenes para forjar actitudes de solidaridad, tolerancia y generosidad, rehusando cualquier forma de opresión y violencia y favoreciendo tenazmente la justa distribución de la riqueza.

Al final de la Guerra Fría nunca llegaron los repetidamente prometidos “dividendos” de la paz ni el reforzamiento de las Naciones Unidas. Bien al contrario, el multilateralismo se debilitó por la aparición de los grupos plutocráticos (G-7, G-8, G-20) desde los que los países más prósperos de la Tierra pretendían asumir el control del conjunto del planeta. La cooperación se sustituyó por explotación; las ayudas por préstamos; la justicia social por las leyes del mercado. El resultado ha sido un estrepitoso fracaso: la pobreza se ha incrementado; el medio ambiente se está degradando a pasos agigantados; los desgarros sociales se han ampliado y han producido los medios de cultivo de los que emergen grandes flujos emigratorios de desesperados así como la tentación del uso de la violencia; los tráficos a escala supranacional (armas, drogas, personas!) y los paraísos fiscales siguen actuando en la impunidad más absoluta; y no me canso de repetirlo, la vergüenza colectiva de miles de personas muriendo cada día de hambre cuando se invierten sumas astronómicas en gastos militares. Sigue prevaleciendo la aplicación del perverso refrán de “si quieres la paz, prepara la guerra”. El “rescate” de las instituciones financieras con centenares de miles de millones de dólares, cuando no había dinero para los Objetivos del Milenio, para enfrentar los desafíos del hambre y la exclusión o del Sida… ha colmado el vaso. La solución está en la reacción popular que, consciente de la situación que afecta a miles de millones de seres humanos, decida actuar e implicarse a través de los mecanismos ya disponibles de participación no presencial (SMS, Internet), de tal forma que se consolide el funcionamiento democrático tanto a escala local como mundial (Naciones Unidas).

Es necesario “afinar” los resortes de “los pueblos” para que tenga lugar una movilización progresivamente ampliada hasta que se logre, pacifica pero firmemente, el cambio de rumbo. Y de cultura. Que se abandone la fuerza, la coacción, el dominio, la violencia y se establezca la conversación, la conciliación, la resolución pacífica de los conflictos.

Federico Mayor Zaragoza, Comité de Apoyo de ATTAC