El casino mundial

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Para empezar, es bueno citar lo dicho por John Maynard Keynes en 1936: “Los especuladores no causan ningún daño si son burbujas en una tranquila corriente de empresas. Pero el asunto se vuelve serio cuando las empresas constituyen la burbuja en un torbellino de especulación. Las cosas están muy mal cuando el desarrollo del capital en un país es el subproducto de un casino”.

AGOSTO 2010

Darío Valencia RestrepoEl Mundo – Medellín

Para empezar, es bueno citar lo dicho por John Maynard Keynes en 1936: “Los especuladores no causan ningún daño si son burbujas en una tranquila corriente de empresas. Pero el asunto se vuelve serio cuando las empresas constituyen la burbuja en un torbellino de especulación. Las cosas están muy mal cuando el desarrollo del capital en un país es el subproducto de un casino”. Unas palabras proféticas si observamos que en las dos últimas décadas casi todos los países del mundo se han visto dominados por unas grandes estructuras especulativas de capital financiero.

En el mundo capitalista se viene presentando un desplazamiento de la producción a las finanzas en el conjunto de la economía. Un conspicuo ejemplo lo proporciona Estados Unidos, de acuerdo con datos tomados de la edición digital de la revista Monthly Review correspondiente a diciembre de 2008 (http://monthlyreview.org).

Entre 1972 y 2006 el salario por hora de los trabajadores no agrícolas en dicho país cayó un 8% en términos reales, a pesar del enorme aumento de la productividad y de las ganancias en los últimos años. De igual modo, en ese mismo lapso la participación de los salarios en el producto interno bruto (PIB) disminuyó aproximadamente un 13%.

Lo que sí ha crecido en forma sustancial son las ganancias del sector financiero. Mientras entre 1970 y 2005 el PIB se multiplicó por 12, las utilidades financieras se multiplicaron por 33. Las respectivas curvas de crecimiento muestran buena superposición en las dos décadas iniciales del período, pero con posterioridad la primera de ellas se dispara hacia arriba con respecto a la primera. ¿Cómo ha sido posible esto? Mediante un gran endeudamiento del sector financiero, al punto de que en 2007 las deudas del mismo superaban claramente el PIB del país, y mediante un inmenso apalancamiento que llevó a algunas corporaciones a aventurar en inversiones y exóticos portafolios 30 o más dólares prestados por cada dólar propio.

Al pasar a la escala mundial, los datos muestran que en las dos últimas décadas los activos financieros han crecido más rápidamente que el PIB, lo cual indica que el capital se viene convirtiendo cada vez más en activos financieros y con menos frecuencia se dirige a la inversión productiva. En 2007 el valor de los activos financieros del mundo alcanzó la cifra de 194 millones de millones de dólares, casi tres veces y media el ingreso de todos los países. También se han desbordado las deudas: entre el mencionado año y el siguiente la relación deuda a capital accionario casi se duplicó.

Una de las más grandes salas de este casino mundial es denominada Mercado Forex, en el cual se compra (o vende) moneda de un país a cambio de la venta (o compra) de moneda de otro país.

En una conferencia de 2004 dictada en Madrid, el economista belga Bernard A. Lietaer señala que cada día se comercian 1,3 millones de millones de dólares en los mercados de divisas, unas cien veces más que el valor total de las operaciones que tienen lugar en las bolsas del mundo, y que solo un 3% de aquellas transacciones se relaciona con bienes y servicios reales, pues el restante 97% es puramente especulativo. Se trata de un mercado volátil y descentralizado, antes dominado por operaciones interbancarias pero hoy también con plataformas de internet que permiten la entrada de toda clase de clientes, muchos de ellos bastante incautos. Las tácticas inescrupulosas de algunos corredores hacen que el mercado “spot” de Forex se parezca a las mesas de juego de Las Vegas. Por lo tanto, no sorprende que se estime en 90 el porcentaje de participantes que no sobrevive en el largo plazo.

Estas danzas financieras de millones, tan alejadas como se ha visto de la economía real, del desarrollo industrial y de la creación de riqueza, terminan cuando las deudas han crecido a límites inimaginables y se descubre que por todas partes circulan papeles sin mayor valor o cuyo riesgo es imposible de establecer. Pero no todos pierden. Los principales causantes de la crisis venden oportunamente, gracias a su información privilegiada, unos activos que pronto se llamarán “tóxicos” e impunes surgen del desastre con comisiones, bonos y salarios exorbitantes. Pero millones de gentes, que nunca han estado en el casino mundial o que ni siquiera saben de su existencia, pierden sus empleos y sus casas, ven recortadas sus prestaciones sociales y cargan con los costos de los fabulosos rescates que diferentes gobiernos han venido otorgando a bancos y demás entidades financieras.

Darío Valencia Restrepo - ATTAC