Monocultivos y agrocombustibles: elementos clave del debate

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Aunque no son estrictamente algo nuevo, los llamados “biocombustibles” se presentan hoy día en todo el mundo como la gran alternativa a los combustibles fósiles. Compañías y gobiernos compiten ferozmente por controlar esta nueva rama agroindustrial a escala global, al tiempo que hacen enormes esfuerzos por presentar dichos combustibles como ambientalmente correctos dotándolos de un aura “verde” que aleje toda sombra de cuestionamiento sobre ellos. No obstante, conforme aumenta la fiebre mundial por la producción de combustibles de origen vegetal, se acumulan las evidencias relativas a los muy graves impactos que la producción y comercialización de los mismos a escala masiva traen para el medio ambiente y para las comunidades rurales y poblaciones urbanas, así como sobre la crisis alimentaria que desde hace meses afecta a millones de personas en los países del sur.

JULIO 2010

Gerardo Cerdas Vega

Grito de los Excluidos/as Continental

LOS MONOCULTIVOS Y LOS AGROCOMBUSTIBLES SON UNA Y LA MISMA COSA

Aunque no son estrictamente algo nuevo, los llamados “biocombustibles” se presentan hoy día en todo el mundo como la gran alternativa a los combustibles fósiles. Compañías y gobiernos compiten ferozmente por controlar esta nueva rama agroindustrial a escala global, al tiempo que hacen enormes esfuerzos por presentar dichos combustibles como ambientalmente correctos dotándolos de un aura “verde” que aleje toda sombra de cuestionamiento sobre ellos. No obstante, conforme aumenta la fiebre mundial por la producción de combustibles de origen vegetal, se acumulan las evidencias relativas a los muy graves impactos que la producción y comercialización de los mismos a escala masiva traen para el medio ambiente y para las comunidades rurales y poblaciones urbanas, así como sobre la crisis alimentaria que desde hace meses afecta a millones de personas en los países del sur.

Queremos comenzar objetando, entonces, el prefijo “bio” (que significa vida) para referirse a estos combustibles.

Los defensores de su uso a gran escala han acuñado el término “biocombustibles” para hacerlos aceptables a los ojos de productores y consumidores a nivel mundial; no obstante, importantes organizaciones campesinas de todo el planeta, en el marco del Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria (Mali, África, 2007), acuñaron el concepto “agrocombustibles”, para de esa forma hacer explícita la conexión que la producción de éstos guarda con el agronegocio. Nosotros concordamos con esto y por tanto usaremos este concepto para referirnos a los combustibles obtenidos a partir de la biomasa.

Los agrocombustibles y el monocultivo son una y la misma cosa: éstos se obtienen gracias al cultivo a gran escala de maíz, caña de azúcar, jatrofa, canola, palma africana, soja o eucalipto, que provoca severísimos daños ambientales (desertificando, volcando enormes cantidades de agrotóxicos en el suelo y las ya escasas fuentes de agua, aparte de los daños sobre la agricultura y las formas de vida rurales). La producción cada vez mayor de agrocombustibles sólo será posible mediante la expansión a niveles sin precedentes del monocultivo en los países del sur, profundizando las viejas estructuras de dominación resultantes del monocultivo agroexportador.

El auge en la producción de agrocombustibles se debe a la adopción de políticas oficiales orientadas a disminuir la dependencia del petróleo en países como Brasil, Estados Unidos, la Unión Europea, Japón, China e India, entre otros, mediante el uso complementario de agrocombustibles mezclados en diferentes proporciones con los combustibles fósiles. Estos países favorecen el protagonismo de sus corporaciones transnacionales (petroleras, agroquímicas, del agronegocio, entre otras), así como de sus institutos superiores de investigación, en la investigación, producción y comercialización de combustibles de fuentes vegetales. Además, el reciente memorando de entendimiento entre Brasil y los Estados Unidos para promover la producción de agrocombustibles y proveer al mercado norteamericano, al cuál nos referiremos más adelante, ha generado una aceleración del proceso a escala global, pues estos dos países son los mayores productores mundiales de etanol (Brasil lo produce a partir de la caña de azúcar y Estados Unidos a partir del maíz).

Mientras los grupos de poder hegemónicos en América Latina están tomando decisiones movidos por fuertes intereses corporativos que avizoran un nuevo y lucrativo ámbito de negocios, la información que circula al respecto es poca, no profundiza en el análisis y las más de las veces es simple propaganda a favor de los agrocombustibles, de los cuales se resaltan sus supuestas bondades para contrarrestar los daños ambientales de los combustibles basados en el petróleo, disminuir la dependencia externa de los mismos y, por si esto fuera poco, crear empleos para los campesinos empobrecidos de nuestros países. Además, se tiende a descalificar como “mitos” toda argumentación que se oponga a los agrocombustibles como supuesta alternativa energética.

CRISIS MUNDIAL DE LA MATRIZ ENERGÉTICA BASADA EN LOS COMBUSTIBLES FÓSILES

La actual matriz energética se basa en el consumo intensivo y casi exclusivo de combustibles fósiles. Dicha matriz dio inicio con la primera revolución industrial, con el uso de tecnologías basadas en el consumo de carbón (y más tarde de petróleo), lo que potenció las fuerzas productivas del capitalismo hasta niveles nunca antes alcanzados.

Actualmente atraviesa una profunda crisis, la cual se evidencia no sólo por el progresivo y acelerado agotamiento de las materias primas que la hacen posible (que lleva a las principales potencias económico-militares del mundo a una competencia feroz por el control de las mismas), sino además por las graves consecuencias ambientales que trae consigo, que se expresan claramente en el calentamiento global y en el cambio climático.

El acelerado crecimiento económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial consolidó la matriz energética basada en los combustibles fósiles; actualmente, se basa en el consumo de petróleo (entre el 35% y el 38%), carbón (23%) y gas natural (21%); estos tres productos generan, en conjunto, alrededor del 80% del total del consumo energético en el planeta. Por otra parte, los diez países más ricos del mundo consumen la mayor parte de dicha energía, generada con materias primas de las que casi nunca disponen en sus propios territorios.

A pesar de la aparente abundancia de estos recursos energéticos, diversas estimaciones señalan que el “pico del petróleo”, es decir, el momento en que la producción mundial de crudo llegará a su máximo histórico, se alcanzará antes del año 2020 y que, a partir de ese momento, la producción comenzará a declinar mientras que el consumo seguirá creciendo. La desproporción entre las reservas disponibles y las potenciales y el aumento cada vez mayor en el consumo generará de forma inevitable una crisis, sin solución, de la matriz energética basada en los combustibles fósiles2.

Hoy día, se consume cuatro veces más petróleo por año que el que se descubre en el mismo período: datos del 2005 indican un consumo anual mundial de 30 mil millones de barriles versus descubrimientos por tan sólo 8 mil millones de barriles en ese mismo periodo3. Además, cada vez resulta más caro y más difícil para las compañías del ramo encontrar nuevas reservas que permitan sostener el ritmo actual de consumo y el previsto para los próximos años. Como señalamos, a partir del momento en que se llegue al pico de producción de petróleo a nivel global, las reservas reales comenzarán a declinar sistemáticamente, mientras que el consumo seguirá en aumento.

Conviene aquí citar el World Energy Outlook 2008, de la Agencia Internacional de Energía, cuando señala:“Los resultados del análisis individual detallado de las tendencias históricas de la producción de 800 yacimientos (…) hacen suponer que las tasas de agotamiento del petróleo observadas (la caída observable de la producción), seguramente se aceleren a largo plazo en todas y cada una de las principales regiones productoras del mundo”4.

Es en este contexto en el que los Estados Unidos, la Unión Europea y otras potencias económicas (entre ellas Brasil), vienen alentando la producción masiva de agrocombustibles en América Latina y otras regiones del mundo. Por ello, consideramos necesario ubicar la problemática relacionada con los agrocombustibles en el marco de la crisis del capitalismo contemporáneo, monopolista y transnacional, que controla el capital financiero y que no se preocupa por lo que pasa con el medio ambiente, con los pueblos y con sus identidades y prácticas productivas y culturales. En buena medida, la discusión sobre la crisis energética actual, basada en los combustibles fósiles, es una discusión falsa, pues en el fondo esconde que lo que está en crisis es el modelo de producción mismo, el capitalismo industrial-financiero, con su compleja maquinaria y sus sofisticadas redes de producción y circulación de mercancías y capitales. Los agrocombustibles: “...son vistos como una fuente de energía ecológicamente correcta, capaz de compensar, aunque sea parcialmente, la escasez de petróleo sin agravar el calentamiento global. El etanol, así como el biodiesel, es considerado un combustible de “emisión cero”, pues el carbono que libera en su combustión es equivalente al que las plantas usadas como materia prima acumulan en su crecimiento natural. En fin, la solución perfecta...”5.

No obstante, quienes promueven los agrocombustibles omiten hablar de los impactos sociales y ambientales que los cultivos que se utilizan para su producción, en la escala gigantesca necesaria para que se puedan cumplir los objetivos trazados, tendrían sobre los países que los produzcan y sobre el planeta en su conjunto. La experiencia habida en países como Brasil y Colombia, para mencionar sólo dos naciones de la región, experiencia que se refleja en los casos presentados en este Informe, demuestra que la producción de agrocombustibles no sólo no constituye una verdadera alternativa a la matriz energética actual sino que se inserta en ella y reproduce, al mismo tiempo, patrones de relación colonial entre los países destinados a ser los proveedores de materia prima y aquellos que serán los consumidores de los productos finales (sin dejar de lado tampoco la creación de un mercado para los agrocombustibles dentro de los países productores de la materia prima). Como veremos más adelante, la investigación, producción y comercialización de agrocombustibles está controlada por los mismos grandes capitales que ya controlan la industria petrolera y que buscan, por esa vía, asegurar la reproducción creciente del capital a escala global, independientemente de los costos ambientales y humanos.

Como señalan Vélez y Vélez6 , hoy día estamos no sólo frente a una clara división internacional del trabajo sino, además, frente a una división internacional de la naturaleza que marca una agudización de la contradicción capital-naturaleza, sumada a la ya estructural contradicción capital-trabajo. El auge de los agrocombustibles obliga a nuestros países a convertirse en proveedores no sólo de trabajo sino de energía “limpia y barata” a los países capitalistas hegemónicos, lo que supone la continuidad histórica de los patrones coloniales. Las políticas orientadas a favorecer la producción de agrocombustibles en nuestro países se sustentan en los mismos elementos que caracterizaron la colonización entre los siglos XVI y XIX: apropiación del territorio, de los bienes naturales y del trabajo, lo que significa mayor concentración de poder, de renta y de recursos estratégicos.

QUÉ SON LOS AGROCOMBUSTIBLES, QUÉ INTERESES SE TEJEN EN TORNO A SU PRODUCCIÓN MASIVA Y CUÁLES SON SUS POSIBLES IMPACTOS SOCIALES Y MEDIOAMBIENTALES

Los agrocombustibles son cualquier tipo de combustible, ya sea líquido o gaseoso, proveniente de la biomasa vegetal7 . Para la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los biocombustibles son aquellos: “producidos directa o indirectamente a partir de biomasa, tales como leña, carbón, bioetanol, biodiesel, biogás (metano) o biohidrógeno”.

Además, para la FAO, la biomasa es: “material de origen biológico (excluyendo el material incrustado en formaciones geológicas y transformado en fósil), tales como: cultivos energéticos, residuos y subproductos agrícolas y forestales, estiércol animal y biomasa microbiana”8 .

Los combustibles producidos a partir de la biomasa, entonces, pueden ser usados para sustituir parcialmente el uso de combustibles fósiles como la gasolina y el diesel. En la actualidad, los agrocombustibles más desarrollados son el etanol y el diesel vegetal, los cuales son obtenidos del procesamiento de diversos “cultivos energéticos” (como eufemísticamente los denomina la FAO), entre ellos la caña de azúcar y el maíz (de los que se obtiene etanol), y de cultivos oleaginosos como la soya, la canola, la palma aceitera y la jatrosa (de los que se obtiene el diesel vegetal). El etanol y el diesel vegetal son llamados por sus promotores “biocombustibles de primera generación” y debemos indicar que la producción de estos combustibles está controlada por grandes corporaciones ligadas a la industria petrolera, agroindustrial y automovilística, entre otras, mediante el control de enormes extensiones de tierra así como por diversos regímenes de propiedad intelectual sobre semillas modificadas genéticamente y, claro está, mediante el control de las plantaciones o cultivos con ellas desarrolladas9.

Para quienes promueven la producción y uso de los agrocombustibles, sus beneficios son prácticamente infinitos. Como hemos indicado, son presentados como la mejor alternativa posible a los combustibles fósiles, pero además se afirma que crearán miles de empleos, especialmente en los países del sur, donde harán producir las “tierras ociosas” de miles de campesinos pobres; se supone al mismo tiempo que limpiarán el aire y permitirán combatir efectivamente el cambio climático. Como señala la organización no gubernamental GRAIN: “Parecería que las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento global se reducirían sustancialmente en la medida que el CO2 emitido por los autos que funcionan con los combustibles derivados de material biológico ya ha sido previamente capturado por las plantas que lo produjeron. Los países pasarían a ser más autosuficientes en sus necesidades energéticas ya que podrían “cultivar” ellos mismos su combustible. Las economías y comunidades rurales se beneficiarían ya que habría un nuevo mercado para sus cultivos. Y los países pobres tendrían acceso a un nuevo y exuberante mercado de exportación”10.

Pero es necesario contrastar dicho discurso con las evidencias concretas que han ido generándose en los últimos años sobre su producción y consumo a gran escala, pues éstas muestran una cara muy diferente de la cuestión. También precisamos indicar algunos datos que permitan ver la magnitud del negocio de los agrocombustibles y quiénes, en última instancia, son sus beneficiarios directos.

A nivel mundial, los principales productores de etanol son Brasil y los Estados Unidos (45% y 44% de la producción global, respectivamente), y los principales productores de diesel vegetal son Alemania y Francia (63% y 17%, respectivamente). Países industrializados como Japón, y otros en abierto crecimiento en las últimas décadas como China y la India, han incursionado también en la producción de agrocombustibles11 . Brasil produce etanol a partir de la caña de azúcar, Estados Unidos lo hace mediante el procesamiento del maíz; por lo tanto, cabe preguntarse sobre los posibles impactos ambientales del crecimiento de estos monocultivos y sobre las implicaciones alimentarias de destinar crecientes porciones de las tierras cultivables a fines no alimentarios.

No obstante este marcado interés internacional en los combustibles vegetales, con la salvedad de Brasil, donde el 45% del consumo total de energía del país proviene de fuentes no fósiles12 , en los países industrializados el consumo de los mismos dista de ser generalizado, llegando al 6% en promedio en los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), de la que forman parte los 30 países de más alto desarrollo económico en el mundo, incluyendo a las principales potencias industriales.

Por tal motivo, los Estados Unidos, Japón y la Unión Europea, entre otros, están adoptando medidas para elevar el consumo de estos combustibles, aumentándolo hasta un 20% en promedio, en el transporte público, en los vehículos automotores y en otros usos industriales, meta propuesta para el año 2020. Con el fin de asegurar el cumplimiento de las metas, los países integrantes de la OCDE otorgan hoy día incentivos y subsidios masivos a la investigación sobre y a la producción de agrocombustibles, cuyo valor monetario se estima en unos 15 mil millones de dólares por año. Estos recursos tienen como fin incentivar la investigación y producción de agrocombustibles tanto en el territorio de los países miembros de la OCDE como, especialmente, en terceros países africanos, asiáticos y latinoamericanos13.

Este enorme flujo de recursos para incentivar la actividad, ha hecho posible el establecimiento de alianzas sin precedentes entre los gigantes petroleros, de la petroquímica y del agronegocio, apoyados por entidades estatales, académicas, organismos internacionales e incluso de investigación espacial. Es notable constatar el hecho de que los cultivos para agrocombustibles constituyen actualmente el segmento de mayor crecimiento en la agricultura comercial mundial (por ejemplo, sólo en el 2006 la producción mundial de etanol aumentó un 22% y la tendencia desde entonces ha sido al alza). Estos factores favorecen la articulación de enormes intereses financieros alrededor de la investigación, producción y comercialización masiva de los combustibles vegetales.

Es decir, el crecimiento acelerado del comercio mundial de agrocombustibles es un fenómeno que converge temporalmente con las expectativas en cuanto a la disponibilidad real de combustibles fósiles: la maduración del negocio mundial de agrocombustibles coincidiría con el “pico del petróleo”, hacia el año 2020 y es, podríamos decir, un intento por obtener mayores tasas de ganancia al tiempo que se atrasa el punto crítico en que la carencia de combustibles fósiles haría entrar al modo de producción capitalista en un colapso progresivo. Algunas de las corporaciones que ya están participando en este millonario negocio son:

Tabla Nº 1

Algunas corporaciones trasnacionales y entidades estatales vinculadas a la producción de agrocombustibles de primera generación, por sector de actividad

Entidades estatales, centros de investigación y organismos internacionales

• NASA (EUA)

• Petrobrás (Brasil)

• Universdad de California (EUA)

• Lawrence Berkeley National Lab

• Universdad de Illinois (EUA)

• Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA)

• Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)

Industria eléctrica, automovilística y/o del transporte

• Daimler-Chrysler

• Boeing

• Toyota

• General Electric

Agroindustriales y empresas petroquímicas

• DuPont

• British Sugar

• Cargill

• Syngenta

• Monsanto

• BASF

• Archer Daniels Midland

Petroleras

• Exxon Mobil

Fuente: ETC Group, 2007: 8-9; Moreno y Mittal, 2008.

Pero como los “agrocombustibles de primera generación” han sido criticados por competir y poner en riesgo la alimentación humana, varias empresas transnacionales e institutos estatales desarrollan en la actualidad alianzas para producir “agrocombustibles de segunda generación”, ya sea mejorando los cultivos actuales (caña de azúcar modificada genéticamente), o desarrollando nuevos cultivos como fuente de energía a partir de la biomasa, en particular plantaciones de eucalipto u otras variedades forestales, para producir etanol celulósico14 .

Estos nuevos agrocombustibles serían, ahora sí, la solución perfecta porque no compiten de forma directa con la alimentación humana y se desarrollan sobre la base de plantaciones forestales, lo que contribuiría todavía más a combatir el cambio climático.

No obstante, es necesario señalar que la producción a gran escala de agrocombustibles celulósicos supone la expansión de los monocultivos forestales, lo que trae consigo una serie de problemas como el uso intensivo de fertilizantes y la introducción de variedades genéticamente modificadas15 sin tener claridad sobre los impactos medioambientales de la liberación de dichas variedades vegétales modificadas en laboratorio. Muy significativamente, en Chile las plantaciones de eucalipto y otras especies en monocultivo se conocen como “milicos plantados”, pues ocupan grandes extensiones de tierra, amenazando las fuentes tradicionales de vida de los pobladores expulsados por el crecimiento del negocio. En Indonesia, el eucalipto es conocido como “el árbol egoísta”, pues retiene toda el agua necesaria para el crecimiento del arroz, base de la dieta campesina en dicho país16.

Tabla Nº 2

Algunas coorporaciones transnacionales y entidades estatales vinculadas a la producción de agrocombustibles de segunda generación, por sector de actividad

Agroindustria, industria genética

• Cargill

• Synthetic Genomics

Petroleras

• Chevron Corporation

• Shell

• Royal Dutch Shell

Centros e investigación, entidades estatales

• Centro de Tecnología Canavieira (Brasil)

• China Resources Alcohol Corporation

Fuente: ETC Group, 2007.

También es importante destacar que el cabildeo a favor de los agrocombustibles ha contado con la ferviente participación de importantes organizaciones conservacionistas o medioambientales en los Estados Unidos, entre ellas Enviromental Defense, Sierra Club, Natural Resources Defense Council y National Wildlife Foundation, que ven en los agrocombustibles una solución viable al problema del calentamiento global y que tienen gran peso en la conformación de la opinión pública y en la toma de decisiones en los aparatos de poder en dicho país sobre este tema17.

El impacto de los agrocombustibles en el aumento del precio de los alimentos y en la disponibilidad de los mismos para millones de personas en los países del sur, es uno de los aspectos críticos a tener en cuenta18. Los precios de los alimentos aumentaron un 37% en el 2007 respecto al año anterior, como resultado directo de las políticas de fomento de los agrocombustibles19. De acuerdo con información divulgada por el diario inglés The Guardian, un informe del Banco Mundial que quedó secreto por disposición del gobierno de George W. Bush reveló que los agrocombustibles hicieron subir el precio mundial de los alimentos mucho más de lo estimado por dicho organismo financiero20.

Así, un análisis de los precios de la canasta de alimentos de mayor consumo (trigo, soya, maíz, arroz, entre otros), muestra que desde el 2002 los precios han subido en un 140%, sumiendo a más de 100 millones de personas, que anteriormente no la padecía, en el hambre y la pobreza. Pero mientras el aumento en los costes del petróleo y en los agroquímicos apenas explica un 15% de dicho incremento de precios, los agrocombustibles son responsables por el 75% del aumento en el periodo de estudio (2002-2008), de acuerdo con dicho informe del Banco Mundial. La producción masiva de agrocombustibles presiona para una utilización cada vez mayor de las cosechas en la producción de combustibles en vez que en la de alimentos, redirecciona las prioridades de los productores en los países industrializados y fomenta la especulación financiera con el valor de los productos agrícolas destinados a convertirse en combustible.

Para lograr las metas de producción de los países industrializados, de forma que pueda sustituirse entre el 20% y el 25% de la gasolina con etanol, tendría que aumentar colosalmente el tamaño de los cultivos. Por ejemplo, toda la cosecha actual de maíz en los Estados Unidos apenas alcanzaría para cubrir la mezcla de 12% de etanol en la gasolina, y toda la cosecha de soya apenas permitiría cubrir el 6% de la mezcla de diesel vegetal en el diesel fósil. Pero ni aún juntando toda la producción actual de maíz de los Estados Unidos y Brasil (el primer y segundo productor mundial de dicho grano) se podría alcanzar el porcentaje de sustitución propuesto por la administración Bush21 .

Por su parte, como mencionamos anteriormente, la Unión Europea se ha propuesto para el 2020 que 10% de todo el combustible que se necesita para el sector de transporte provenga de fuentes renovables, lo cual incluye en teoría biogás, agrocombustibles, así como hidrógeno y electricidad de origen renovable; sin embargo, se espera que la mayor parte de este porcentaje sea cubierto por los agrocombustibles de primera generación.

Como vemos que las metas de sustitución de combustibles fósiles por vegetales no podrán alcanzarse con producción propia (europea o norteamericana), los países industrializados ya están expendiendo la industria a los países del sur, que cargarán en sus territorios con la producción masiva de dichos cultivos, siendo asimismo sus empobrecidas poblaciones las que pagarán primero la factura por las negativas e incluso no previstas consecuencias de esta actividad. En consonancia con lo anterior, la destrucción acelerada de enormes porciones de cobertura boscosa en diversas regiones del globo está asociada de forma directa con la expansión de la industria de los agrocombustibles. Recordemos lo obvio: los bosques son indispensables para regular los gases de efecto invernadero como el carbono, el metano y el óxido nitroso; además, los bosques regulan el estado del tiempo (al intercambiar humedad y energía con la atmósfera) y los ciclos hidrológicos planetarios22.

Pero además de todo lo anterior, los daños directos de los agrocombustibles sobre la salud humana pueden ser mayores que los de la gasolina y el diesel. Al menos eso afirma un artículo publicado el 2 de febrero de 2009 por el periódico inglés The Guardian, titulado Biocombustibles pueden ser más dañinos para los humanos que la gasolina y el diesel, alertan científicos23, donde se indica que una reciente investigación advierte sobre el hecho de que los combustibles vegetales pueden traer daños más severos sobre la salud humana, sobre el medio ambiente y, por tanto, dañar más directamente la economía, que los combustibles de origen fósil.

Con estos últimos, los daños sobre la salud son bien conocidos y estudiados y sabemos que se producen por la polución resultante de la combustión interna en los motores convencionales y por el uso industrial de combustibles fósiles. En el caso de los agrocombustibles, indica el texto: “los problemas son causados por partículas emitidas durante su crecimiento y manufactura”. En ese sentido: “El maíz requiere fertilizantes nitrogenados, algunos de los cuales contienen amoníaco, el cual a su vez se volatiliza en el aire (...). Las partículas de amoníaco atraen finas partículas de polvo y ambas se mantienen unidas, formando partículas del tamaño de 2.5 micrones24, lo que trae consigo significativos impactos sobre la salud. Algunas de estas partículas son llevadas por los vientos hacia las áreas de mayor densidad poblacional”25.

Dentro de los padecimientos que esta situación origina se mencionan el asma, enfermedades cardíacas, bronquitis crónica y muerte prematura. La investigación incluso recomienda hacer más lenta la introducción de los agrocombustibles hasta tanto no se conozcan mejor sus efectos y se puedan tomar medidas preventivas; si bien estas medidas no solucionan los problemas, es significativo que se haga una recomendación en ese sentido.

No obstante todo lo dicho hasta ahora, para organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el crecimiento en la demanda de agrocombustibles beneficiará a los países del sur, entre ellos a los de América Latina y El Caribe. El BID estima que para satisfacer el 5% de la demanda mundial de agrocombustibles, deberán quintuplicarse las tierras y los recursos destinados a su producción mediante la “expansión masiva” de la capacidad productiva en estos países. Un caso crítico es Brasil, que ya destina 6 millones de hectáreas para el cultivo de agrocombustibles, pero el BID recomienda que puedan destinarse otras ¡120 millones de hectáreas para este fin!26. El impacto ambiental y social de esta aventura es incalculable, en términos de pérdida de selva amazónica, tierras cultivables o ya cultivadas por pequeños y medianos productores rurales, diversidad ecológica, contaminación a gran escala, etc.

Para el BID, regiones como el África Subsahariana y el Asia Oriental pueden contribuir, junto con América Latina y El Caribe, a proveer más del 50% de la demanda de agrocombustibles para el año 2050; esto, si para ese año “...se reemplazan los actuales sistemas agrícolas ineficientes y de baja intensidad por las mejores prácticas en materia de sistemas de manejo y tecnologías agrícolas” es decir, reemplazar millones de hectáreas destinadas a la pequeña agricultura o a la preservación ambiental, por enormes plantaciones de cultivos genéticamente modificados. Además, citando de nuevo el trabajo divulgado por GRAIN: “Se toman los millones de hectáreas de lo que los ideólogos del modelo llaman eufemísticamente ‘tierras baldías’ o ‘suelos marginales’, olvidando para su conveniencia que millones de personas de comunidades locales viven de esos ecosistemas frágiles. Y donde no hay sistemas agrícolas indígenas para reemplazar, simplemente se toman los bosques” 27.

En el caso de América Latina y El Caribe, es preciso hacer notar que el BID promueve una agresiva estrategia para el impulso a los agrocombustibles, mediante el crédito y el asesoramiento técnico a países como Colombia, El Salvador, Honduras, Guatemala, entre otros, apoyando proyectos privados y públicos y fomentando a gran escala la reconversión productiva rural y la inversión en infraestructuras de transporte y almacenamiento, entre otras cosas, en éstos y otros países.

En este punto consideramos importante hacer una referencia más amplia al caso de Brasil, por la importancia que tiene su política sobre el tema en toda la región: el gobierno brasileño se ha propuesto fomentar la producción y comercialización de agrocombustibles de cara a la creación de un amplio mercado global para estas commodities energéticas. El liderazgo tecnológico de Brasil en la producción de etanol se basa en una agresiva política pública de investigación y fomento, que ha favorecido en especial al sector cañero, muy poderoso y que controla desde hace siglos enormes extensiones de tierra en dicho país (el cultivo de la caña de azúcar data de la época colonial28).

Hoy día, en Brasil el monocultivo del azúcar ocupa unas 6,9 millones de hectáreas, la mitad de ellas destinadas a la producción de etanol (otros cultivos para agrocombustibles, como soya y maíz, ocupan también vastas extensiones de tierra). Pero el auge de los agrocombustibles, basados en el monocultivo intensivo, está provocando efectos ambientales y sociales irreversibles ya anteriormente mencionados. Adicionalmente, debemos hacer referencia a las deplorables condiciones de trabajo de miles de peones en las plantaciones de caña y demás “cultivos energéticos”; en los ingenios azucareros, como bien demuestra el artículo de este Informe titulado “El monocultivo de caña de azúcar y su impacto en las mujeres en Pernambuco, Brasil”, se violan de manera sistemática los derechos humanos, el trabajo esclavo es una norma y muchos trabajadores mueren quemados, asfixiados o sufren de profundo agotamirnto durante sus largas jornadas laborales.

En América Latina y el Caribe se producen agrocombustibles (o hay ya planes de cultivo y expansión) en Brasil, Argentina, Bolivia, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, El Salvador, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela. Otros países, entre ellos Costa Rica, El Salvador, República Dominicana, Nicaragua, Jamaica y Panamá, vienen desde hace tiempo triangulando el comercio del etanol producido en Brasil con destino al mercado norteamericano, aprovechando ventajas arancelarias para el ingreso de esta mercancía al gigante del norte29.

Para cerrar el análisis sobre los impactos de los agrocombustibles podemos señalar a manera de síntesis que, producidos bajo el régimen del monocultivo, hay evidencias de que no sólo no contribuirán a aliviar el cambio climático sino que lo agravarán y traerán consigo deforestación, desalojo de miles de campesinos y poblaciones indígenas, contaminación de recursos escasos como el agua y el aire, erosión de los suelos y destrucción de diversidad biológica. Numerosos estudios vienen alertando sobre esta problemática, a pesar de la ceguera interesada de diversos sectores que continúan adelante con la expansión de la actividad. El presente Informe busca aportar análisis y experiencias sobre la mayoría de los impactos aquí señalados.

Otro efecto de estos cultivos es que harán aumentar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, como consecuencia de la destrucción indiscriminada de bosque. Además, como también se señala en otros artículos incluidos en este Informe, destinar de forma creciente las cosechas de maíz, azúcar, soya y otros granos a la producción de agrocombustibles, en lugar de a la erradicación del hambre que padecen millones de personas a lo largo del mundo, profundizará la crisis alimentaria global.

LA “ALIANZA DEL ETANOL” ENTRE BRASIL Y LOS ESTADOS UNIDOS: PUNTO DE INFLEXIÓN EN LA POLÍTICA DE EXPANSIÓN DE LOS AGROCOMBUSTIBLES

Un aspecto que merece un acercamiento especial, pero que tendremos que hacer de forma resumida, es la llamada “Alianza del Etanol”, entre Brasil y los Estados Unidos. Sellada mediante el Memorando de Entendimiento entre los Estados Unidos y Brasil para avanzar en la cooperación sobre Agrocombustibles30 , suscrito por ambos gobiernos en marzo del 2007, este acuerdo es un punto de inflexión en la política de expansión de los agrocombustibles a nivel global (especialmente del etanol), pues estos dos países concentran más del 80% de la producción.

Brasil fue el país pionero con la producción masiva de agrocombustibles a partir de los años setenta, en el marco de la dictadura militar y de la así llamada “crisis mundial del petróleo”. Por su parte, E.U. produce mucho etanol pero no lo utiliza masivamente como combustible, en gran medida porque los intereses de la industria automovilística han retrasado la puesta en práctica de planes efectivos de utilización del etanol como carburante. Asimismo, es sabido que los E.U. se resisten a adoptar medidas que mitiguen, aunque sea parcialmente, sus emisiones de gases contaminantes.

Tomando en cuenta estos factores, consideramos que la decisión del anterior gobierno norteamericano de elevar el porcentaje de mezcla de etanol en la gasolina hasta en un 20% se explica, por un lado, por cuestiones de seguridad nacional (pues Estados Unidos enfrenta la exigencia de reducir su extrema dependencia del petróleo importado), así como por las presiones que las industrias vinculadas al agronegocio vienen ejerciendo en los últimos años a favor de una mayor utilización de los combustibles de fuente vegetal.

Las expectativas que genera la ampliación del mercado del etanol como combustible en los Estados Unidos, donde hay 770 carros por cada 1000 habitantes (es decir, unos 234 millones de vehículos sobre una población de poco más de 305 millones de personas, según se informa en la página del US Census Bureau), sin duda son un gran incentivo para que la agroindustria y otros sectores estratégicos dentro del establecimiento industrial norteamericano presionen por una salida como ésta frente a las múltiples presiones energéticas que enfrentan los Estados Unidos en el esfuerzo por mantener su hegemonía a nivel mundial.

Tanto Brasil como los Estados Unidos se están dedicando a promover el uso de los agrocombustibles en una escala cada vez mayor (aunque no necesariamente con los mismos intereses estratégicos)31 . Muy en particular, están presionando por la eliminación de los aranceles sobre el comercio mundial de etanol y otros combustibles derivados de materia prima vegetal. El presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva, ha desmentido a los movimientos sociales y campesinos que en su país se oponen a la expansión arrolladora de las plantaciones para agrocombustibles, calificando de “mitos” las argumentaciones de dichos movimientos sobre los impactos negativos que el crecimiento de las plantaciones trae consigo, según declaraciones del mandatario brindadas al periódico Washington Post en marzo del 2007 (citadas por Folha de São Paulo en su edición digital)32 .

Los grandes empréstitos internacionales para la promoción del etanol no se han hecho esperar. Como lo informara en julio de 2007 el mismo diario Folha de São Paulo, el Banco Interamericano de Desarrollo aprobó un crédito por 120 millones de dólares para proyectos de “bioenergía” en Brasil. Un 40% del monto del préstamo fue cedido por el mismo BID, que canalizará el restante 60% con fondos de bancos comerciales, lo que demuestra los intereses privados detrás de este financiamiento. Este crédito es el primero de cinco; el monto total por desembolsar alcanzará la cuantiosa suma de 997 millones de dólares, con el fin de triplicar la producción de etanol brasileño hacia el 2020.33 Todo esto en un país donde millones de seres humanos no satisfacen sus necesidades básicas de alimentación, salud, educación y vivienda.

La llamada “Alianza del Etanol”, por el peso de los países signatarios del Memorandum como productores y consumidores de agrocombustibles, marca un punto de inflexión en el desarrollo de esta rama de la industria energética y tendrá importantes consecuencias para América Latina, para América Central en particular, y para otras regiones del mundo, que serán incorporadas en el ciclo productivo de estos combustibles. Hoy día, Brasil actúa sobre la base de una activa “diplomacia del etanol”, promoviendo el uso de estos productos a nivel global; así quedó demostrado con la celebración, en la ciudad de São Paulo en noviembre de 2008, de la Conferencia Internacional sobre Biocombustibles, que reunió a más de 92 delegaciones extranjeras y a más de 2 mil delegados, donde Brasil (anfitrión y convocante del evento), llamó a “construir el necesario diálogo y una proficua colaboración sobre bioenergía para el futuro bienestar de nuestras naciones”34.

LA RESPUESTA DEL MOVIMIENTO CAMPESINO MUNDIAL FRENTE A LOS AGROCOMBUSTIBLES

Frente al acelerado avance de los “cultivos energéticos” en diferentes regiones del planeta, en especial en América Latina, Asia y África, los movimientos y organizaciones campesinas (así como otros movimientos sociales no vinculados directamente al mundo rural), han alzado la voz para manifestar su oposición a estos cultivos y proponer alternativas para el desarrollo rural. Durante el Foro Social Mundial sobre Soberanía Alimentaria, que tuvo lugar en Nyéléni, Mali (África), entre el 23 y el 27 de febrero de 2007, los movimientos campesinos y demás participantes (pescadores y campesinos sin tierra, entre otros), coincidieron en señalar que los productos agroenergéticos promovidos por las grandes corporaciones compiten por la tierra cultivable, por el agua y otros bienes comunes, poniendo en riesgo la producción de alimentos y amenazando seriamente los delicados ecosistemas naturales que regulan el clima planetario35.

Las discusiones habidas durante este Foro permitieron acuñar el concepto de “agrocombustibles” así como identificar la necesaria discusión sobre la matriz energética que los pueblos, no el capitalismo industrial, requieren para satisfacer sus necesidades productivas y sociales. De acuerdo con la Vía Campesina, la producción y consumo de alimentos y combustibles controlados por las corporaciones del agronegocio está contribuyendo significativamente con el calentamiento global y con la destrucción de las comunidades rurales.

Por su parte, para el dirigente Juan Tiney, de la Coordinadora Nacional Indígena y Campesina (CONIC, organización miembro de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo y de la Vía Campesina), de Guatemala: “Los agrocombustibles invocan una imagen de abundancia renovable según los gobernantes de los países del G-8 y sus socios en los países del sur El BID, el Foro Económico de Davos, organismos de cooperación, las Naciones Unidas e incluso grupos predominantes en el Panel Intergubernamental para el Cambio Climático plantean que los combustibles elaborados a base de maíz, soya, caña y otros cultivos promueven una transición suave del consumo de petróleo a una economía de combustible renovable, amigable con el medio ambiente y que regida por el libre mercado, categóricamente contribuirá a mitigar el impacto del calentamiento planetario”.36

Pero los impactos reales de los agrocombustibles, de acuerdo con este dirigente indígena y campesino, son catastróficos, afectando en primer lugar la soberanía alimentaria de los pueblos. Otra cuestión muy grave denunciada por los movimientos campesinos es la rapidez con que avanza la concentración de tierra y recursos estratégicos en muy pocas manos, lo que conduce a una situación explosiva en el campo, frente al desplazamiento forzado que sufre el campesinado y las poblaciones indígenas de sus territorios y comunidades para hacer lugar a la materia prima para la elaboración de los nuevos combustibles vegetales. En América Latina, en el estado de Mato Grosso do Sul (Brasil), se registra un crecimiento del 87,5% de las disputas por tierra entre el 2003 y el 2005, al ser un área de expansión de la industria azucarera y en Colombia se registran casos de desplazamientos forzosos para facilitar la introducción de cultivos con fines energéticos37 .

Frente a esta compleja realidad, las propuestas del movimiento campesino se orientan hacia la reafirmación de la soberanía alimentaria, entendida como: “...el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo. Esto pone a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas”.38

Asimismo, los movimientos han planteado la necesidad de desarrollar energías verdaderamente renovables como la solar, la eólica y la misma biomasa, pero apuntando al mismo tiempo que cualquier sustituto del petróleo será efectivo sólo si dicha sustitución se acompaña de una transformación radical de los patrones de producción y consumo del capitalismo. Junto con la soberanía alimentaria, los movimientos están proponiendo el concepto de “soberanía energética”, es decir, que los pueblos puedan producir sus propias formas de energía renovable, a bajo costo y en una escala pequeña que proteja al medio ambiente de los impactos de la industria extensiva39 .

Los movimientos campesinos e indígenas reafirman también su compromiso de luchar por la reforma agraria integral, que elimine el latifundio y lleve a una justa distribución de la tierra para quienes la trabajan; es ésta una reivindicación histórica que adquiere renovada significación en el contexto actual. Abogan igualmente por el uso de semillas criollas y por el respeto pleno a los saberes, prácticas y formas de intercambio ancestrales de los pueblos originarios y las comunidades campesinas en todo el mundo.

La propuesta del movimiento campesino e indígena es impulsar un modelo de producción agropecuaria basado en la agricultura campesina y en la agroecología, que diversifique la producción y de prioridad al consumo interno, lo cual significa oponerse a las políticas que buscan convertir el campo en una vasta extensión agroexportadora con las consecuencias ya indicadas en este artículo. En este marco, la producción de agrocombustibles a escala local, para satisfacer necesidades locales, es una opción que diversas organizaciones campesinas no descartan; es el caso del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST, Brasil), entidad que en su 5º Congreso (Brasilia, junio 2007) se planteó el compromiso de “luchar para que la producción de los agrocombustibles esté bajo el control de los campesinos y trabajadores rurales, como parte de la policultura, con preservación del medio ambiente y buscando la soberanía energética en cada región”.40

CONSIDERACIONES FINALES

Con un discurso “verde”, las potencias capitalistas hegemónicas están apostando por la continuidad de la matriz energética basada en el petróleo sobre la base de la conversión de los alimentos en combustibles, para lo cual se desarrollará toda una industria complementaria que hará posible retrasar, por unos años, el colapso de la civilización basada en el uso intensivo de combustibles fósiles y sus múltiples derivados. La producción de etanol y otros agrocombustibles, hará posiblemente más lento el agotamiento del petróleo, pero no lo evitará ni será posible a futuro satisfacer la totalidad de la demanda con combustibles de origen vegetal.

Las amenazas que se esconden detrás de este discurso pro-naturaleza, basadas en la noción de que todos los países y regiones contribuyen por igual al calentamiento global y por lo tanto tienen la misma responsabilidad frente al mismo (ocultando con ello las abismales diferencias de poder y desarrollo industrial que han marcado el desarrollo del capitalismo y sus consecuencias medioabientales), deben ser evaluadas con detenimiento. Los grandes intereses que se tejen en torno a la producción y consumo de los agrocombustibles no toman en cuenta los intereses de los países, de las comunidades ni de los consumidores mucho menos expresan una auténtica preocupación por el medio ambiente; se trata en realidad, muchas veces, de las mismas compañías que han contaminado durante décadas y que hoy día tratan de desarrollar una nueva rama de la industria energética que permita evitar, por lo menos por un periodo, una crisis sistémica del capitalismo al tiempo que se hacen grandes fortunas con el desarrollo de estas nuevas actividades corporativas.

La cuestión de fondo que cruza nuestro tema es, al fin, la necesidad de superar el capitalismo industrial y sus formas de producción y reproducción, tanto de bienes materiales como de relaciones sociales y con la naturaleza.

El capitalismo industrial demanda crecientes suministros de energía y esa energía tiene que salir de algún lado, ya sea de la entraña o de la superficie de la tierra. Pero satisfacer la sed de energía de la inmensa maquinaria productiva contemporánea, amenaza con agravar la crisis actual y llevar a la ruina a millones de seres humanos alrededor del mundo. La escala crecientemente global y la dinámica expansiva del capitalismo no considera que el agotamiento de las fuentes de energía usadas en su funcionamiento, suponen un límite real de sus mismas posibilidades de existencia. Es preciso romper con la escala global y el crecimiento expansivo que el capitalismo contemporáneo supone, promoviendo alternativas novedosas tanto en lo relativo al uso de las fuentes de energía como en la organización de la producción material de nuestras sociedades.

Las organizaciones y movimientos sociales, especialmente del movimiento campesino en diversas partes del mundo, están proponiendo ideas y alternativas que urge discutir y conocer con mayor profundidad, puesto que representan la voz de los sectores más afectados y vulnerables frente a la expansión incontrolada de la agroindustria, pero la imposición del discurso a favor de los agrocombustibles pasa por alto y descalifica estas alternativas, calificando como “mitos” las preocupaciones legítimas de estos movimientos y de los sectores de la población que representan. Producir energía para satisfacer necesidades a escala local, favorecer el desarrollo de la agricultura campesina y asegurar la soberanía alimentaria y energética, experimentar con y utilizar fuentes de energía limpias y renovables, entre otros, son planteamientos que deben ser tomados seriamente en cuenta ya que en su raíz se contraponen al modelo depredador del capitalismo global.

NOTAS

1 En nota aparecida en la página web de Telesur el 14 de agosto de 2009, la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que para fines del 2009 habrán en el mundo más de mil millones de personas víctimas del hambre. En América Latina estas cifras alcanzan los 53 millones de personas. Pero a pesar del diagnóstico tan negativo, la FAO no dice absolutamente nada del impacto de los agrocombustibles en esta cuestión. Ver nota completa en: http://www.telesurtv.net/noticias/secciones/nota/55859- NN/fao-preve-53-millones-de-hambrientos-en-america-latina/

2 La Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y el Gas (ASPO, por su sigla en inglés), respalda la conocida “Teoría del Pico de Hubbert”, teoría que permitió anticipar con significativa precisión, para el caso de los Estados Unidos, el momento en que se alcanzaría el pico máximo de extracción de crudo, acontecido a inicios de los años setenta. Luego de producir la mitad del petróleo que consumía, hoy día Estados Unidos importa más del 60% de su consumo total y para el 2015 este porcentaje alcanzará el 90%, según las previsiones. De acuerdo con la ASPO, el pico de producción de crudo será alrededor del año 2010 y máximo en el 2020, momento a partir del cual comenzará a declinar la producción mundial y la estructura productiva del capitalismo colapsará progresivamente. (Ver Ballenilla Fernando, El final del petróleo barato: la principal fuente energética de nuestra sociedad en crisis, en Revista El Ecologista Nº 40,Alicante, España, 2004).

3

4 Agencia Interncional de Energía, World Energy Outlook, 2008 (Resumen ejecutivo). Obtenido en internet, citado el 2 de octubre de 2009

5 Fuser, Igor, O etanol é o verde enganador, en Le Monde Diplomatique Brasil, Año 1, Nº 5, diciembre de 2007, São Paulo, Brasil. Traducción al español realizada por el autor.

6 Vélez, Hildebrando y Vélez, Irene, Los espejismos de los agrocombustibles, en Agrocombustibles: llenando tanques, vaciando territorios, Censat-Agua Viva, Amigos de la Tierra Colombia, Bogotá, Colombia, 2008.

7 Pérez Rincón, Alejandro, Los agrocombustibles: ¿sólo cantos de sirenas?, en Agrocombustibles: llenando tanques, vaciando territorios, Censat-Agua Viva, Amigos de la Tierra Colombia, Bogotá, Colombia, 2008. Por otra parte, notemos que el diccionario de la Real Academia Española incluye dos acepciones para “biomasa”, a saber: “1. f. Biol. Materia total de los seres que viven en un lugar determinado, expresada en peso por unidad de área o de volumen. 2. f. Biol. Materia orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía”. Ver

8 Moreno, Camila y Mittal, Anuradha, A Aliança do etanol: ameaça à soberania alimentar e energética, Terra de Direitos/Oakland Institute, São Paulo, Brasil, marzo 2008.

9 ETC Group, Combustibles alternativos o abusos alternativos, Boletín Nº 96, noviembre/diciembre 2007. Consultado el 13 de febrero de 2008:

10 GRAIN, No a la fiebre de los agrocombustibles, obtenido en internet, citado el 12 de marzo de 2008

11 Comisión Pastoral de la Tierra y Red de Justicia y Derechos Humanos (CPT-Red), Agroenergía: mitos e impactos sobre América Latina, São Paulo, Brasil, agosto de 2007.

12 Moreno et al., op. cit.

13 ETC Group, op. cit, Tamra et. al., Paving the way for agrofuels: EU policy, sustainability criteria and climate calculations, Transnational Institute, The Netherlands, 2007.

14 ETC Group, op. cit.

15 Las variedades forestales modificadas genéticamente producen menos lignina y eso permite un rompimiento más fácil de la celulosa, con lo que el crecimiento de las plantas se acelera y la productividad crece.

16 Vargas Collazos, Mónica, La deuda ecológica de los agrocombustibles, en Agrocombustibles: llenando tanques, vaciando territorios, Censat-Agua Viva, Amigos de la Tierra Colombia, Bogotá, Colombia, 2008.

17 Smolker, Rachel, et. al., El verdadero costo de los agrocombustibles: alimentación, bosques y clima, Global Forest Coalition/Global Justice Ecology Project, Estados Unidos, 2007.

18 En México, en enero de 2007 se produjo un incremento en el precio de la tortilla asociado al aumento del precio del maíz importado desde los Estados Unidos, que se utiliza cada vez más para la producción de etanol y no para fines alimentarios. Los conflictos no se hicieron esperar pues los más perjudicados fueron los sectores campesinos y las comunidades indígenas, justamente la población más pobre del país. 19 Moreno et al., op. cit.

20 The Guardian, Secret report: biofuel caused food crisis. Internal World Bank study delivers blow to plant energy drive, obtenido en internet, citado el 24 de agosto de 2008

21 GRAIN, op. cit., CPT-Red, op. cit.

22 Smolker et. al., op. cit.

23 The Guardian, Biofuels more harmful to humans than petrol and diesel, warn scientists, obtenido en internet, citado el 9 de febrero de 2009

24 Un micrón o micrómetro, es una unidad de medida equivalente a la millonésima parte de un metro.

25 Ibídem.

26 GRAIN, op. cit., Moreno et al., op. cit

27 GRAIN, op. cit.

28 CPT-Red, op. cit.

29 Honty, Gerardo; Gudynas, Eduardo, Agrocombustibles y desarrollo sostenible en América Latina y El Caribe, Centro Latino Americano de Ecología Social, Montevideo, Uruguay, 2007.

30 Disponible (en inglés) en: http://www.state.gov/r/pa/prs/ps/2007/mar/81607.htm

31 Finalmente, es Estados Unidos y no Brasil (a pesar de la crisis), la mayor potencia industrial y militar del planeta y su desesperación en el plano energético se incrementa conforme se agotan las reservas de petróleo, de las cuales no dispone en su propio territorio. Como señaló recientemente el profesor John Saxe: “No hay que olvidar que la gran mayoría de los recursos minerales que consume EE.UU. son importados. Anualmente ese país debe importar 4.000 millones de toneladas métricas de minerales frescos, sin incluir los que se reciclan”, semanario universidad, San José, Costa Rica, del 7 al 14 de octubre de 2009. Edición 1825. Año XIII.

32 Folha de São Paulo, No “Washington Post”, Lula diz que ameaça ambiental do etanol é mito, obtenido en internet, citado el 15 de marzo de 2008 33 Folha de São Paulo, BID aprova US$120 milhões para projeto de biocombustíveis no Brasil, obtenido en internet, citado el 15 de marzo de 2008,

34 Comienza en Brasil Conferencia Mundial sobre Biocombustibles y Desarrollo, obtenido en internet, citado el 12 de febrero de 2009,

35 Moreno et. al., op. cit.

36 Tiney, Juan, Agrocombustibles y seguridad alimentaria, ponencia presentada en el VII Encuentro Hemisférico de Lucha contra el ALCA y los TLC’s, La Habana, Cuba, 10 de abril de 2008, obtenido en internet, citado el 15 de abril de 2008

37 Vélez et. al., op.cit.

38 Declaración de Nyéléni, Selingue, Malí, febrero de 2007. Obtenido en internet, citado el 13 de febrero de 2009

39 Moreno et. al. op.cit.

40 Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (MST), Declaración del 5º Congreso Nacional, Brasilia, Brasil, junio de 2007. Obtenido en internet, citado el 15 de abril de 2008

Gerardo Cerdas Vega - CEPRID