Fuego de cobertura y maniobra de distracción

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En la jerga militar, se entiende el fuego de cobertura como el que, en virtud de su potencia desmesurada, mantiene las cabezas del enemigo agachadas permitiendo a las tropas propias adoptar una mejor posición de tiro.

JULIO 2010

Artículos de Opinión | José Haro | 23-07-2010

En la jerga militar, se entiende el fuego de cobertura como el que, en virtud de su potencia desmesurada, mantiene las cabezas del enemigo agachadas permitiendo a las tropas propias adoptar una mejor posición de tiro. Así pues, el oponente se asusta, se esconde y no ve los movimientos que se disponen para un efectivo asalto final. La maniobra de distracción, como su propio nombre indica, pretende despistar al contrario colocándole un cebo en el que picar, lo que posibilita un ataque contundente de tropas propias sobre los flancos que la caída en la trampa ha puesto al descubierto. Me va a permitir el lector que utilice esta terminología bélica para explicar lo que a mi juicio son las actuaciones que la clase política europea está emprendiendo en la guerra sin cuartel que ha declarado al Estado del Bienestar, en nombre y representación de esa plutocracia que adopta el más respetable nombre de mercados financieros. El primer movimiento lo llevó a cabo hace unas semanas Durao Barroso, cuando en un encuentro con John Monks, Secretario General de la Confederación de Sindicatos Europeos (ETUC), afirmó, sin despeinarse según cuentan las crónicas, que si las sociedades del sur de Europa no aceptan resignadamente los planes de austeridad, la democracia podría desaparecer tal como la conocemos actualmente, implantándose regímenes militares en estos países. Es decir, el Presidente de la Comisión Europea nos advierte de que la alternativa a los durísimos paquetes neoliberales no es otra que el fascismo. Tenemos, pues, que elegir entre la dictadura de los mercados financieros con apariencia de democracia o el terror, sin más. Se trata de un ataque mediante fuego de cobertura realmente de libro: ante tamañas declaraciones(fuego masivo sin reparar en gasto de munición) del máximo representante de la UE, anfitrión por más señas del famoso trío de Las Azores, un estremecimiento de temor paralizante recorre nuestro espinazo y, mientras, la plutocracia y sus representantes políticos se cargan, sin resistencia social, lo que queda de nuestros derechos sociales, políticos y económicos sin quiebra aparente del sistema institucional. Otro ataque con fuego de cobertura ha tenido igualmente como protagonista a la Comisión Europea, erigida en máximo representante, no de los ciudadanos europeos, sino de los bancos y fondos especulativos. Este gobierno europeo ha tenido la ocurrencia de proponer que la edad de jubilación en el Viejo Continente se extienda progresivamente hasta los 70 años, bajo el falso argumento de que en un futuro no muy lejano el número de perceptores de pensiones superará al de trabajadores en activo. El sentido común y muy reputados economistas nos dicen que incluso en el caso de que la cantidad de pensionistas superara a la de activos, lo cual no está determinado en absoluto, lo que verdaderamente cuenta para garantizar las retribuciones de los pasivos es el nivel de riqueza global de la sociedad, y éste, que se sepa, no está en cuestión dadas las proyecciones de crecimiento económico para las próximas décadas. Bien, con esa andanada feroz de los 70 años(otra vez munición gruesa), lo que pretende el gobierno europeo es que, como en el caso de los planes de ajuste, doblemos la cerviz, nos carguemos de miedo, y aceptemos como mal menor la idea de que en España el gobierno amplíe la edad de jubilación hasta los 67 años (en Francia a los 62).

Y, finalmente, la gran maniobra de distracción: mientras todos nos galvanizamos con los éxitos de la selección española de fútbol en Suráfrica, y nos embobamos ante unos telediarios que dedican el 70% de todo su tiempo a contar las hazañas deportivas de nuestros jugadores y los más insustanciales y frívolos detalles de la competición (eso antes de la victoria final), por el flanco derecho, y casi a hurtadillas, nos privatizan las Cajas de Ahorro, más de la mitad del sistema financiero español, que se entrega a los banqueros, con merma sobrevenida de la obra social y despido masivo de trabajadores (más de 26.000, según el Banco de España). Lo dicho: el capital y sus políticos no escatiman recursos de guerra psicológica para, reduciendo nuestros derechos, incrementar sus ganancias.

José Haro - TerceraInformacion