¿Existe el capitalismo?

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¿Existe el capitalismo o es un invento de los anticapitalistas? ¿Son los ciudadanos mayoritariamente capitalistas? Ningún medio de comunicación estatal emplea la palabra capitalismo. Este concepto es un tabú sustituido por otros términos como sistema económico, economía mundial, sistema financiero… términos imprecisos e incluso incorrectos desde un punto de vista léxico. Emplear la palabra capitalismo en una frase es sinónimo de señalarte como rojo, subversivo, marxista, comunista, terrorista…

JULIO 2010Escuchar

El comunismo era y es una hermosa utopía realizable que nada tiene que ver con el socialismo ‘real’ que conoció el siglo XX, errores o prácticas no muy afortunadas con las que quieren destruir la esperanza en la utopía.

Al capitalismo, que históricamente sólo ha practicado la democracia y el voto cuando la dictadura y la tortura no le han hecho falta, le quitas sus plusvalías y entonces deja ver su verdadera cara: o vuelve a las andadas del golpismo (contra Cuba o Chile) o exagera su propaganda (como hizo contra la Unión Soviética). Quien defiende la democracia de fachada de Israel y Estados Unidos y de sus esclavos (ONU, OTAN, Unión Europea), defiende el capitalismo, aunque critique sus excesos.

Otra nota llamativa de la propaganda capitalista es que desde el primer momento el diagnóstico económico que nunca se centra en analizar las características del sistema utiliza calificativos religiosos sacados del catecismo. Por ello los “problemas” del sistema son causa de la avaricia desmedida de unos pocos, gente sin escrúpulos que se beneficia de las desgracias ajenas. ¿Acaso el sistema capitalista no se fundamenta en el individualismo por encima de todo, en el beneficio como meta y la competencia como garantía de equilibrio? Entonces, porque aquellos que utilizan el sistema tal y como es, de base, llevando la teoría a la práctica en todo su esplendor, son los culpables de la desigualdad y la injusticia resultante. ¿No será culpa del sistema?

El marxismo (para todos los que no sepan que es) es un modo de analizar la realidad, nace de la crítica del capitalismo puro, del capitalismo en sí, en esencia, no del capitalismo malo porque exista un capitalismo bueno. Para ser marxista basta ver la doble alienación y fetichismo del trabajo como mercancía, del dinero como plusvalía y de la injustica como ley.

Todo trabajo, en tanto “explotación del hombre por el hombre” es injusto. Trabajar o dar trabajo es una acción que incurre en un delito natural contra el hombre. Si hubiera trabajo justo, habría salarios justos y, si fueran justos los salarios no habría beneficio dando como resultado el aniquilamiento del capitalismo.

No contento con la alienación del trabajo, el capitalismo multiplica la adoración del capital, del dinero. Dinero y trabajo se unen para construir un sistema de esclavitud. El pobre, el esclavo, trabaja intentando alcanzar el sueño de ser alguna vez el rico, el esclavista. Eso que se denomina “El sueño americano” de tal manera que el sistema nos propone algunos modelos o excepciones: el espabilado, el trabajador, el aplicado, el pelota o el trepa. Siempre hay quien estudiando llega, siempre a alguien le toca la lotería, siempre alguno sale del arroyo para que los demás crean que es posible cambiar de clase.

Tendríamos que coger la escopeta y tirarnos al monte. No lo hacemos porque la vida es breve y el pensamiento, débil. La propaganda a desvirtuado los ideales y a empapado todo de un olor a conformismo.

Si resistes el juego sucio y no caes en las trampas de la fe, si buscas el significado de los conceptos y no te dejas engañar por propagandas y anuncios comerciales, si crees en la justicia y ves todas aquellas cosas que están mal en la realidad buscando la manera de cambiarlas, de mejorar es muy probable que usted sea un desagradable marxista.

Y no se trata de haberse leído El Capital, de predicar marxismo ni plantearse la vigencia del marxismo en pleno siglo XXI. Tampoco hemos leído a Darwin ni está ‘vigente’ Darwin en todos nuestros días y a todas horas y, todos somos darwinistas, bueno todos no, sólo los racionales.

Tampoco hemos leído a Nicolás Copérnico (yo por lo menos no), ni falta que me hace para creerme que la Tierra no es el centro del universo.

Podrán no gustarnos Darwin, Freud o Marx y sus teorías, pero ¿es que hay otras? ¿Hay otra explicación del eslabón perdido y de lo que nos parecemos a los orangutanes?, ¿o de las neuras que habitan en nuestro fondo oscuro? ¿Hay alternativa al axioma marxista de que la riqueza, como la energía, ni aumenta ni disminuye, simplemente se reparte?

¿Dónde cree que va el emprendedor que se crea una empresa creyendo que crea puestos de trabajo y por lo tanto un beneficio para los trabajadores? Supongamos:

El emprendedor ignora que sin explotación no hay beneficio, y que él, ingenuamente, lo que quiere es no explotar a nadie demasiado.

El emprendedor quiere salva a su patria creando puestos de trabajo y una empresa productiva. Aunque, más gana un depredador de la Bolsa en solitario, que un empresario industrial que tiene que abrir fábricas y bregar con sindicatos. En el sistema actual no producir nada es más productivo que producir algo. ¿No ven nada raro?

Que no cuenta el dinerito previamente acumulado, la herencia de papá.

Que no cuentan quienes, como autónomos o funcionarios, dan por buena una “explotación razonable” de sus personas a cambio de no explotar mucho a nadie, a cambio de unos ingresos acordes a sus gastos que les permita seguir manteniendo un nivel de vida “respetable”.

El resultado, quizá estoy totalmente equivocado, pero es que un grupo de trabajadores tiene que dedicar toda su vida a mejorar su productividad para pelearse a muerte por unos puestos de trabajos escasos donde una minoría de empresarios (capitalistas) los van a explotar beneficiándose de lo que ellos producen. ¡Ah!, se me olvidaba, eres libre de elegir entre ser un esclavo o morirte de hambre.

Durante años se ha argumentado que los capitalistas trabajan gestionando las capacidades y las necesidades de sus empresas, filosofando sobre el mercado, realizando reuniones de negocios… pero en la actualidad y, en la mayoría de los casos son otros trabajadores (los esclavistas, los del látigo vamos) los que realizan estos trabajos. De todas maneras estos argumentos que pretenden legitimar el divino beneficio capitalista se olvidan con demasiada celeridad de las nociones más básicas de matemáticas y, para desgracia de los primeros autores liberales de los ensayos sobre el capitalismo (como sistema teórico)

¿Pero el capitalismo funciona y ha permitido que exista la clase media, el estado de bienestar…, no? Para los trabajadores, que son quienes pagan, quienes mantienen el sistema, las trampas del capitalismo (los beneficios mejor repartidos, entiéndase) duran lo que duran las organizaciones obreras, lo que dura el ideal y la utopía en sus esperanzas.

Durante la segunda mitad del siglo XX el capitalismo (en Europa) debía tener cuidado con el poder del pueblo, la democracia siempre ha sido un problema para un sistema que agrupa el 90% de la riqueza en el 1% de la población, porque ya no sólo votan los ricos y aunque existen mil trampas y algoritmos matemáticos para gestionar los resultados electorales, que un pobre tenga un voto y un rico tenga un voto, es un problema grave.

Por eso se creó el estado de bienestar, amparado por el sentimiento de conservación de una clase en auge, la clase media. El estado de bienestar mantenía a los obreros trabajando porque les garantizaba derechos y libertades, protección sanitaria, pensiones de jubilación, un trabajo decente (que no justo) etc.

Los obreros producían mientras el estado se hacía con las responsabilidades sociales que antes habían soportado los sindicatos. La “lucha” dentro del sistema pasaba a deslegitimar la lucha fuera. “Si quieres cambiar las cosas preséntate a las elecciones” es una buena frase que define la derrota del marxismo teórico como lucha dentro y fuera de un sistema burgués.

Sin funciones, bajo una propaganda que tachaba a los sindicatos como estructuras acabadas, antiguas, superadas o incluso antidemocráticas (asociaciones ilegales) permitía la burocratización o la estatalización de los sindicatos. Sindicatos que dejaban de representar los intereses de los trabajadores para comportarse como una herramienta más de control del estado.

Los partidos de izquierdas iban perdiendo fuerza tanto por las normas o leyes electorales como por la creciente victoria de la socialdemocracia. El gobierno es de todos y gobierna para todos, las ideas radicales y la lucha de clases son cosas del pasado, ya no hay capitalistas y proletarios sino trabajadores y empresarios.

Finalmente, destruida todo alternativa política y económica al sistema, el estado de bienestar ya no es necesario y los ricos y poderosos que sometieron la política a la economía, que permitieron que sus beneficios se redujeran a corto plazo para aumentarlos a largo plazo tiene la capacidad de destruir todas las “conquistas” obreras de la historia.

Ni siquiera es necesario que ellos lleven a cabo dichas reformas. Serán los propios gobiernos de la clase media los que, para sobrevivir como clase destruirán el estado que les permite vivir, prolongando así su existencia unos pocos años. Serán los sindicatos los que pactarán las nuevas normas de explotación con los empresarios, renunciando a los derechos para poder seguir trabajando. Serán los obreros, sin organización ni ideal, instruidos en el individualismo capitalista más atroz los que miraran hacia otro lado mientras sus hermanos se mueren de hambre los que, cuando les toque a ellos se darán cuenta de que pudieron hacer algo pero ya es demasiado tarde.

La riqueza ni aumenta ni disminuye, simplemente se reparte.

Luis González Varela - TerceraInformacion