Costa Rica: El interés norteamericano en la región

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La excusa de "la lucha contra el narcotráfico" con Porta-Aviones no se la creen ni ellos. Por otra parte, es sumamente sospechoso que JAMÁS HAYAN LOGRADO CAPTURAR NI SIQUIERA A 1 NARCO DE ELLOS.

JULIO 2010

Han transcurrido varios días desde que la Asamblea Legislativa aprobó –dentro del marco del convenio referido a la lucha contra el tráfico de drogas con los Estados Unidos de América- un permiso para la llegada a nuestros mares de naves y tropas estadounidenses desproporcionadas y, para decir lo menos: sospechosas.

Diversas voces se alzaron en contra de este nuevo despropósito de los diputados y de lo que es una muestra de las verdaderas intenciones en este campo del Poder Ejecutivo, pero todo quedó en nada. Como se acostumbra en este país. Pues no existen los arrestos ciudadanos para levantarse en protestas significativas, como en otros países, y ello se considera localmente como una muestra de “civilidad”, cuando en realidad es indiferencia y, en el peor de los casos, cobardía.

Pero, bueno, no es eso lo que nos trae a estas reflexiones. Lo que nos interesa es tratar de desentrañar qué es lo que hay detrás de este fenómeno. Porque –como dijimos en otro artículo anterior- está hartamente demostrado que los ejércitos jamás han logrado nada significativo en la lucha contra el tráfico y la comercialización de las drogas.

Existe un escenario a nivel global mucho más complejo del que nos enteramos a medias en este pequeño país, en donde nos interesa más la farándula y la prensa amartilla que las realidades geopolíticas de extrema gravedad que se están desarrollando a nivel mundial. Y todo comienza con las circunstancias relacionadas con Irán y Corea del Norte. Dos realidades absolutamente diferentes, pero dos incómodas piedras en el zapato de los Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Y lo primero que debemos anotar como antecedente se refiere a que el sueño de los invasores estadounidenses en Irak y Afganistán, de crear un cercano oriente estable, próspero y democrático, resultó absolutamente en lo contrario, y las consecuencias para la paz y la seguridad mundiales de las aventuras fallidas iraquí y afgana se extiende más allá del Cercano Oriente. Lo que hizo fue ayudar a alimentar el extremismo por todo el mundo islámico y más allá, que ha hecho muy difícil la tarea de los líderes de las repúblicas islámicas moderadas.

La guerra en Irak contribuyó a la percepción de que se está dando un choque de civilizaciones, de que hay una nueva cruzada contra el islam, de lo cual resultó directamente responsable el gobierno genocida de Bush. Y es así como muchos en el Cercano Oriente consideran que existe una estrategia estadounidense para, por ejemplo, sembrar la discordia entre suníes y chiíes, desinformar acerca de Irán, ocultar los fracasos escandalosos en Irak y Afganistán, y los costos astronómico de estas aventuras absurdas, no solamente para los estadounidenses, sino también para sus aliados más cercanos, como los ingleses. Y la animosidad creciente ha demostrado ser una fuente de conflictos que durará muchos años.

El prestigio de los Estados Unidos en el mundo nunca ha estado más bajo. Cualquiera que esté medianamente informado lo sabe. Lo confirman también las encuestas y los estudios de opinión como los realizados por el Pew Research Center de los Estados Unidos  (Junio del 2007), pero no hay marcha atrás.

En este momento el imperio tiene ubicada una flota descomunal en el golfo pérsico, reforzada por su díscolo aliado israelí (que posee la bomba atómica), como acción subsiguiente a la decisión de la Naciones Unidas sobre las sanciones a Irán. Guarda silencio, sin embargo, sobre las escaramuzas entre las dos Coreas, lo que resulta hartamente sospechoso.

En los países islámicos, la mayoría de los ciudadanos consideran que el móvil de los Estados Unidos es dominar el mundo, no con su prestigio y poderío económico, o como defensor de las mejores causas de la libertad y la democracia, sino de hacerse con el control del petróleo del Cercano Oriente y los enormes yacimientos de minerales raros que se extienden desde Siria hasta Paquistán (un ejemplo de ello ha sido la noticia de la identificación de los enormes yacimientos de litio). Y no se le considera ya como un bastión de los derechos civiles y de la democracia.

Más bien, la guerra de Irak puso al descubierto la enorme corrupción que campea allí, que adopta una forma más sutil que en otros lugares. Las recompensas rara vez se materializan en sobornos, sino en contribuciones a las campañas políticas de ambos partidos. Por ejemplo, entre 1998 y el 2003, las contribuciones de la empresa Halliburton (uno de los más grandes contratistas en la guerra en Irak) al Partido republicano alcanzaron la suma de 1,146,248 dólares, mientras que 55,650 dólares para el Partido Demócrata, y por ello recibió como pago al menos 19,300 millones de dólares en contratos que fueron licitados sin competencia.

Es decir, volviendo al tema, existen dos focos de inquietud importantes a nivel mundial que, aunque nos parezcan lejanos, pueden traer consecuencias catastróficas si alguno de los agredidos decidiera responder de forma violenta.

Por otro lado, la reactivación de operaciones de la Cuarta Flota norteamericana, surcando los mares que rodean a Latinoamérica, en actitud de vigilante frente a los gobiernos díscolos que le han plantado cara, nos está dando señales de que en las estrategias globales del poderío militar norteamericano se está buscando algo diferente. Y que los convenios para la utilización de bases colombianas (una cuña entre Venezuela y Ecuador), las o­nce bases otorgadas por el gobierno panameño a contrapelo de la constitución y las leyes de ese país, dizque para la lucha contra el narcotráfico, y ahora la solicitud de presencia en los mares costarricenses, nos está diciendo que es otra cosa lo que se busca. Porque si fueran efectivas las o­nce bases en Panamá, no debería pasar ni una o­nza de cocaína hacia Costa Rica en su camino hacia México y los Estados Unidos.

Y nos preguntamos: ¿Si nuestros gobernantes conocen de ello, de las verdaderas intenciones, cómo es que en esta cacareada “democracia sin transparencia” no nos dan una explicación más amplia a los ciudadanos que expresamos algunas cuestiones lógicas? ¿O es que los tienen tan engañados que se han creído lo de la guerra contra el narcotráfico? ¿Tienen miedo de que este país de campesinos se les rebele porque les digan la verdad, cuando la mayoría de los costarricenses adoran y sueñan con el imperio?

Algo está detrás de este juego geopolítico norteamericano en nuestro continente. Y por ello es inevitable que quienes ven de forma desfavorable el gobierno estadounidense y su forma de llevar las aventuras bélicas en el Medio Oriente, empiecen a considerar a los Estados Unidos y su forma de llevar sus relaciones globales a la misma luz. No es de extrañas que los países que han sido más críticos con la forma de manejar su política exterior y de impulsar sus intereses comerciales y de negocios (entre los que se encuentran Alemania y Francia), tengan una opinión poco favorecedora sobre él. Y deben estar observando con cierta curiosidad –y solamente eso- los movimientos militares en nuestro continente, porque en realidad poco les importa lo que hagan con nosotros. Ellos tienen bien claro que América Latina es el campo más custodiado por el imperio, por razones geográficas, por las inmensas riquezas que aquí se esconden y que no están explotadas, y porque han sido bien claros en establecer que América es para los (norte) americanos.

Es decir, el aventurerismo militar del gobierno de Bush continúa de cierta forma con el gobierno de Obama, ya que están conscientes que los costos y las consecuencias de un fracaso en el restablecimiento del liderazgo estadounidense –tanto para Estado Unidos como para el resto del mundo- serían probablemente enormes. Y algo temen con relación a nuestra América Latina.

Sin embargo, lo que ha quedado bien claro es que la democracia constituye un impedimento para las guerras, y así lo demostró el pueblo norteamericano al detener en cierta forma el aventurerismo militar de Bush, aunque sobreestiman su importancia a la hora de aportar liderazgo, y se demuestra en cómo se han alcanzado acuerdos globales de importancia en diversos temas sin los Estados Unidos.

Lo que importa para Costa Rica, finalmente, es que nos digan claramente el porqué de esta aprobación dada a las fuerzas armadas norteamericanas, a contrapelo de todo lo cacareado por el país durante al menos cincuenta años. Somos tan insignificantes que sería mejor que nos dijeran la verdad. Toral, no podemos hacer nada. Ya que la excusa de la lucha contra el narcotráfico solamente se lo creen los ingenuos.

Alfonso J. Palacios Echeverría - KaosEnLaRed