Ahora, las cajas de ahorros…

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En estos últimos tiempos el Gobierno español, como los del resto de la UE, se ha visto obligado por la presión de los mercados a tomar una serie de medidas neoliberales. Entre ellas el Real Decreto que modifica la Ley de Órganos Rectores de Cajas de Ahorros, (LORCA) aprobado en el Congreso con 323 votos a favor -PP, PSOE, CC y UPN-; 9 en contra -ERC, IU-ICV, BNG, NaBai y UPyD-; y 16 abstenciones de CiU y PNV. Este cambio normativo sobre las cajas, no ha merecido tanta atención como otras medidas.

AGOSTO 2010Escuchar

Cándido MarquesánEl Periódico de Aragón

En estos últimos tiempos el Gobierno español, como los del resto de la UE, se ha visto obligado por la presión de los mercados a tomar una serie de medidas neoliberales. Entre ellas el Real Decreto que modifica la Ley de Órganos Rectores de Cajas de Ahorros, (LORCA) aprobado en el Congreso con 323 votos a favor -PP, PSOE, CC y UPN-; 9 en contra -ERC, IU-ICV, BNG, NaBai y UPyD-; y 16 abstenciones de CiU y PNV. Este cambio normativo sobre las cajas, no ha merecido tanta atención como otras medidas.

Los orígenes de estas entidades se remontan al siglo XIX, iniciándose como instituciones benéfico-sociales a instancias de la Iglesia Católica y algunos grupos ilustrados. Surgieron para luchar contra la usura que sufrían los pobres y los pequeños agricultores en años de malas cosechas, cuando caían en manos de los prestamistas y banqueros privados. La gran mayoría de las cajas tenían ámbito local o provincial; muy enraizadas en la sociedad, servían como depósito del ahorro familiar y de préstamo para las familias, el agricultor y el pequeño empresario; y una parte de sus beneficios destinados a obras sociales.

Un cambio radical supuso, siendo ministro de Economía Enrique Fuentes Quintana, el Real Decreto 2290/1977, de 27 de agosto, por el que se regulan los órganos de gobierno y las funciones de las cajas de ahorros, ya que significó, pasar de ser pequeñas, muy limitadas en su operatoria crediticia, a convertirlas en equiparables a la banca tradicional. Más todavía eran pequeñas, sin experiencia, prudentes y muy alejadas del riesgo que asumían habitualmente los bancos. Otro cambio fundamental fue el Real Decreto 1.582/1.988, de 29 de diciembre, por el que se autorizaba la libre expansión geográfica. En los primeros años solo algunas de ellas (La Caixa, Ibercaja, Caja Madrid) tantearon el terreno de la expansión geográfica, instalando algunas oficinas en las grandes ciudades. Más tarde hubo un gran expansión de estas entidades, siendo competidoras en plano de igualdad con los bancos. El crecimiento y la fortaleza de las cajas interesó a la clase política que vieron la oportunidad de hacerse con unas entidades fuertes, sin propietarios, sin accionistas, que les podían servir para financiar a los partidos y también a sus instituciones políticas. Por ello se aprobó la Ley 31/1985, de 2 de agosto, de regulación de las normas básicas sobre Órganos Rectores de las Cajas de Ahorro. Con ello se consagró la politización, si bien es cierto que no todas lo fueron en el mismo grado, existiendo muchas totalmente profesionalizadas. Desde 1985, han ido incrementando su tamaño, sus cuotas de mercado, su competitividad…

Con la crisis financiera, en buena parte propiciada por la explosión de la burbuja inmobiliaria, nuestro sistema bancario y especialmente el de las cajas comenzó a tener problemas, lo que hace imperiosa, eso nos dicen, una reforma estructural de estas últimas. Las cajas están esquilmadas, con índices de morosidad muy elevados, sin liquidez, con inversiones importantes realizadas con criterios no económicos sino políticos, etc. Pero no todas. Primero se empezó con las fusiones. Y ahora ha llegado el real decreto que modifica la LORCA, que va a suponer su privatización, ya que entre sus disposiciones se encuentra el que se les va a permitir emitir cuotas participativas (similares a las acciones de los bancos) hasta un 50% de su valor. También podrán operar mediante un banco, cotizado o no, dentro de un SIP o directamente. En caso de que su participación baje del 50%, deberán convertirse en una fundación que gestionará la obra social. Además van a verse despolitizadas.

Si las entidades se privatizan es porque son muy atractivas para cualquier grupo privado por el enorme volumen de su negocio que sobrepasa a los bancos privados y la dura competencia que hacen al sector. Algo que están solicitando hace tiempo ya desde determinados poderes económicos, políticos y mediáticos. Tal como ha señalado Antonio Morales, alcalde de Aguimes: en noviembre de 2009 Aznar decía en una conferencia en Santander que “las cajas deben ir a un proceso de privatización progresiva”. En la misma línea se han manifestado Fernández Ordóñez, gobernador del Banco de España, la UE y el FMI.

Con estos antecedentes ha ocurrido lo que tenía que ocurrir. Era la crónica de una muerte anunciada. No hace falta haber cursado estudios en Harvard: las cajas se convertirán en bancos, muchas de sus oficinas serán cerradas, 30.000 o 40.000 empleados serán prejubilados. Más esta circunstancia ya la avisó J. A. Martínez Serrano, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Valencia en un artículo: “La privatización sería un triste final para las cajas de ahorro” y “resultaría gracioso que unas instituciones nacidas para huir de los usureros del siglo XIX acabase en las manos de los ambiciosos banqueros privados del siglo XXI”.

No obstante hay otras opciones. Con las cajas se podría crear una auténtica banca pública, profundamente social y ética a la hora de las inversiones y los créditos. Una banca pública que tuvimos (Banco Exterior, Caja Postal, Banco de Crédito Industrial y los bancos del Instituto de Crédito Oficial) y que se fusionó en Argentaria para ser vendida posteriormente a las bancas privadas tras poner Aznar al frente de ellas a personas de su cuerda. Pero por ahí no van las directrices de los mercados.

Cándido Marquesán - ATTAC