Lección de historia para George Osborne

george osborne
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En 1937 Franklin Delano Roosevelt abandonó el gasto del New Deal y recortó el déficit. ¿Resultado? Una desastrosa recaída en la recesión.

JUNIO 2010Escuchar

Puede que a George Osborne [ministro de Economía del gobierno británico] le falte el encanto de escolar que tiene Matt Smith [1] – por no mencionar su destornillador sónico – si el muy rastreado presupuesto de emergencia del martes [22 de junio, fecha de presentación de los recortes presupuestarios en el Parlamento] sirve de indicador, el Dr Who [2] es el único que está haciendo el viaje de regreso al futuro. Desde luego, si el maletín del Canciller [de Exchequer, título del ministro de Economía] fuera un Tardis, [3] estaría fijo con firmeza en 1937. Fue en esa fecha cuando Franklin Roosevelt decidió que la Gran Depresión había terminado y que había que coto al aterrador déficit federal norteamericano (en aquella época, cerca de 4,5% del PIB. Por dar una referencia, la cifra actual en Gran Bretaña es de un 11,4%).

El New Deal de FDR rompió con el pasado de varias maneras: por primera vez en la historia norteamericana, el gobierno federal asumió la responsabilidad de dar empleo. Se crearon nuevos programas casi de la noche a la mañana para estabilizar las rentas agrícolas, financiar la adquisición de viviendas, regular los bancos y el sector de valores y suministrar electricidad a millones de hogares. No todas estas innovaciones tuvieron éxito, pero ninguna de ellas habría sido posible sin la voluntad de Roosevelt de desafiar a la ortodoxia económica de la época, conocida entonces en los Estados Unidos, al igual que en Gran Bretaña, como "la opinión del Tesoro", la cual mantenía que el gasto público teniendo déficit no sólo era malo sino ineficaz.    

El responsable del Tesoro en 1937 era un hacendado de manzanares, Henry Morgenthau, quien, tal como apunta el historiador Alan Brinkley, [4] debía su empleo "en buena medida a un accidente geográfico: era vecino de Franklin Roosevelt en el condado de Dutchess, en el estado de Nueva York". Morgenthau no era una completa inutilidad; se convirtió en un auténtica china en el zapato intentando que su amigo cayera en la cuenta del Holocausto nazi. Pero hasta sus admiradores dudarían en llamarle gran economista, y después de la abrumadora reelección de Roosevelt en 1936, Morgenthau convirtió el recorte del déficit en su causa personal. 

Para otoño de 1937 ya había convencido al presidente de que, aunque "el paciente pueda gritar un poco", era hora de "tirar las muletas". No todos estaban de acuerdo. Marriner Eccles, banquero mormón cuyo pensamiento coincidía con John Maynard Keynes, avisó que la recuperación era demasiado frágil; lo mismo hizo el minúsculo puñado de economistas norteamericanos que habían oído de verdad a Keynes. Pero Roosevelt, al igual que David Cameron, creía que un presupuesto equilibrado era señal de virtud fiscal, y se recortaron o eliminaron cientos de programas gubernamentales.

Al igual que hoy, la austeridad se consideraba inevitable. Por ende, tal como observó Business Week, para el fin de semana del 4 de julio "los ferrocarriles añadieron trenes extra. En la montaña o en la playa, se llenaron los hoteles". La crisis había pasado. Hasta The Nation comenzó a preocuparse por un "presupuesto desequilibrado" que llevara a una  "inflación descontrolada".

Por el contrario, el intento de Roosevelt de equilibrar el presupuesto lanzó a los Estados Unidos a lo que se conoció como "recesión de Roosevelt": a finales de 1937, la producción industrial decayó en un 40%, los ingresos descendieron en un 13% y 4 millones de trabajadores más se quedaron  sin empleo. A finales de año, Maury Maverick, congresista del New Deal por Tejas, estaba preocupado porque "ya hemos sacado todos los conejos del sombrero. No nos quedan más conejos".

Roosevelt invirtió el rumbo en 1938-39, pero el daño no se desharía hasta que la Segunda Guerra Mundial devolviera la respetabilidad al déficit presupuestario.  

Aunque publicada en 1936, y de poca influencia directa sobre el New Deal, durante mucho tiempo se pensó que la Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero de Keynes explicaba por qué había tenido éxito la voluntad de Roosevelt de utilizar fondos públicos para estimular una economía desfalleciente, y porque la rápida rescisión de esos fondos en 1937 había supuesto un desastre de tal magnitud. Pero como muestran los titulares de estos días, Keynes, aunque todavía influyente en círculos políticos norteamericanos (y entre ellos, en neokeynesianos como Paul Krugman), [5] parece considerarse una curiosidad histórica aquí en Gran Bretaña , donde "la opinión del Tesoro" de los años 30 es, una vez más, la opinión del Tesoro.  (Marshall Auerback, escritor sobre economía en la Red y gestor de inversiones, llama a esto el retorno a la "economía de la Tierra es plana". Pero, al cabo, Auerback cree también que los conservadores han sacado a su vez las lecciones equivocadas de Canadá). [6]

Por supuesto, hay quien todavía argumenta que "no se puede salir de una recesión a base de gastar". Así lo creía Milton Friedman, y así lo cree, según parece, George Osborne. Pero cuando estaba en el poder el laborismo, ni Gordon Brown ni Alistair Darling ofrecieron jamás una robusta argumentación del gasto anticíclico. Por el contrario, a los votantes se les ofreció escoger entre recortes con desgana y recortes con fruición. Estamos a punto de llegar a la fruición.

¿Funcionará? Bueno, una de las cosas que impide que la historia sea una ciencia es la imposibilidad de repetir las condiciones del pasado. Pero si la experiencia de 1937 sirve en algo de guía, nos espera un paseo repleto de baches.

Ahora, que si el Tardis tuviera cinturones de seguridad…

Notas del t. [1] [2] [3] Dr. Who es un popularísimo programa televisivo de fantasía científica, ya muy veterano, emitido por primera vez en 1963 por la BBC británica; Matt Smith es su protagonista actual y el Tardis es la máquina del tiempo (cuyas siglas corresponden a Time and Relative Dimension in Space) empleada en la serie.   [4] Alan Brinkley, The End of Reform: New Deal Liberalism in Recession and War, Vintage Books, 1996. [5] Paul Krugman, "Now and Later", The New York Times, 20 de junio de 2010. [6] Marshall Auerback, "The United Kingdom Draws the Wrong Lessons from Canada", new deal 2.0, 6 de junio de 2010.

D.D. Guttenplan es corresponsal en Londres de la revista norteamericana The Nation, y autor de American Radical: The Life and Times of I. F. Stone. Antiguo reportero y columnista del New York Newsday, ha escrito para The Atlantic Monthly, The Financial Times, Harper's, The London Review of BooksLos Angeles Times, The New York Times, Vanity Fair y The Village Voice. Ha sido también productor del documental Edward Said: The Last Interview.

Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

The Guardian, 21 junio 2010

D.D. Guttenplan - SinPermiso