Fútbol por pelotas

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Hace años que se conoce el destino de los dineros de la Federación Internacional de Fútbol, los métodos de funcionamiento más bien indecentes de ese entramado empresarial. No es un secreto para nadie.

JUNIO 2010Escuchar

La andanada periodística que el ciudadano francés Fabien Ollier*, filósofo y director de la revista Quel Sport (Qué Deporte), lanzó contra lo que él define como la alienación planetaria, en referencia al actual Campeonato Mundial de Fútbol de Sudáfrica, me ha llevado a escribir, casi en contra de mi voluntad, este breve artículo, que impulsó definitivamente el hecho de que más de 13 millones de espectadores alucinaran en colores con la primera victoria del equipo español sobre la débil Honduras.

Jamás en la historia de la caja tonta se ha dado un éxito de audiencia tan absurdo, en tiempos en los que el bolsillo de esos millones de seudo patriotas aparece tan vacío, como lleno el de los chicos de la Roja y Gualda. Debe ser (aunque no me he apercibido de ello) que las penas y las miserias, con fútbol, son menos. Y para colmo, soportar el espectáculo para paletos de balcones y ventanas adornados con la enseña nacional, que no era sino fruto del enorme complejo de inferioridad que existe en esta España borbónica de tortura y pandereta.

Se supone que el presidente ilegítimo de aquella nación centroamericana, obsequiará a los jugadores con una buena ración de peroratas acerca del patriotismo, asunto del que ignora lo más esencial, porque si Porfirio, El Lobo Feroz, fuera un verdadero hondureño, hubiese dimitido nada más terminar la pantomima de las ilegítimas elecciones en las que salió vencedor, para pedirle a Manuel Zelaya que regresara al lugar de donde jamás debió salir, empujado por la hipocresía de los gobiernos de la Comunidad Europea, el de Barak Obama (cada día más Bush), y el descaro del Secretario de la OEA, José Miguel Insulza, tan corrompido socialista como Felipe González, o sea, tan indiferente a los golpes de estado cruentos como Juan Luis Cebrián y toda la Falsimedia que tiene delante, detrás y a ambos lados de su querida Camorra Bilderberg

Debe ser que ese otro deporte, el de las asonadas “a la hondureña”, son bien recibidos por el régimen capitalista del primer mundo (al que llaman democracia), con lo que podemos afirmar que, merced al esperpento y tragedia que atraviesa aquel noble país, se abrió la veda para animar a los ejércitos venezolano, boliviano, nicaragüense, ecuatoriano y cubano, para que sigan el inmundo y rastrero ejemplo de las Fuerzas Armadas hondureñas, vergüenza castrense similar a sus homólogas colombianas, peruanas, argentinas, chilenas, y de otras naciones masacradas por las dictaduras protegidas desde la democrática Casa Blanca.

Fabien Ollier
precisa de manera nítida, que basta con repasar la historia de casi todas las Copas futbolísticas celebradas hasta hoy, para extraer la conclusión de que forman parte de una larga estafa deportiva, una infamia política y una sutil estrategia de enajenación planetaria. El Mundial sudafricano no es una excepción a esa norma. Las marcas multinacionales, socias de la FIFA, y distintas organizaciones mafiosas similares, se lanzaron sobre esa competición para obtener inmensos beneficios, siguiendo el ejemplo dejado por el fascista Juan Antonio Samaranch, en su vergonzoso papel de un Vito Corleone del COI. 

Hace años que se conoce el destino de los dineros de la Federación Internacional de Fútbol, los métodos de funcionamiento más bien indecentes de ese entramado empresarial. No es un secreto para nadie. Pero por si ello fuera poco, el mentado organismo quiere convencer al mundo de que aprovechará parte de los réditos que se obtengan, para dedicarlos a la limpieza de los barrios pobres de Johannesburgo, Durban, Polokwane, Ciudad del Cabo y otras urbes, a la reubicación, en hogares menos humillantes, de los cientos de miles de ciudadanos (el 99% negros) hacinados hoy en inmundas chabolas, sin luz ni agua, y a la depuración de las áreas contaminadas, cuando lo cierto es que, desde que comenzó el Campeonato, los desheredados de la fortuna en aquella nación son controlados en todo momento por helicópteros, por millares de policías y militares, que sólo están allí para evitar que la miseria sea tan visible como los partidos de fútbol, protegiendo el acceso a las zonas lujosas y golpeando a quienes osen acercarse a las urbanizaciones elegantes.

El capitalismo sabe que en tiempos de vacas flacas hay que tramar estrategias con sabor hiper nacionalista. La movilización de las masas en torno a los equipos induce la instauración de una histeria colectiva obligatoria, controlando ideológicamente a las poblaciones de medio mundo. Así pues, debemos convencernos de que en años de crisis económica, el único tema que nos debe preocupar es la salud de nuestros futbolistas y sus triunfos, sus novias y sus alegrías o penas.

Para colmo de males, asistimos estas semanas a un espectáculo circense en el que cada ciudadano se convierte en analista deportivo. Parece que la victoria del equipo español ha hecho retroceder el escaso pensamiento crítico que quedaba en este país. Aquel 2 - 0 sobre Honduras, generó una nueva derrota del pensamiento. Numerosos intelectuales eligieron descender a los infiernos de la mediocridad, aplicando una tesis inmunda, que consistía en ahogar la disidencia, destacando los “valores positivos” del deporte que, por desgracia, manipulado como la única solución de todos los problemas del mundo, implica a veces comportamientos límite, violencia gratuita, histeria colectiva y avance del cretinismo de las hinchadas más radicales.

El fútbol así concebido, entregado y alabado, tiende a exacerbar las tensiones nacionalistas, suscitando emociones falsamente definidas como patrióticas. El deporte origina una forma de violencia menos evidente que la que provoca una bomba, pero no ayuda al retroceso del fanatismo, de la furia animal, la excitación y sus lamentables consecuencias en la vida ciudadana.

No hay duda de que la televisión y el resto de los medios de comunicación, siguen utilizando cualquier evento deportivo de la manera menos altruista, tiñendo su historia con un matiz de colorido innegablemente político, que explota la derecha y anula a la izquierda. Esta última rompió con parte de sus valores para suscribir el modelo del capitalismo, basado en el principio de rendimiento, jerarquía y competición, que han supuesto una derrota política del auténtico socialismo, de la verdadera democracia, frente a la estrategia neoliberal, a través de las multinacionales privadas que sirven a la FIFA o al COI para “asear” miles de millones de euros y dólares.

Insisto en que un período de crisis como el actual, que se intenta cubrir bajo el manto dorado de una aparente competición deportiva, no va a mejorar azuzando a las hinchadas, para convencerlas de que las victorias se han convertido en la clave de nuestro futuro, sino más bien al contrario; cuando desaparezca del horizonte el arco iris balompédico y las aguas retornen a su cauce, los hooligans del globo se darán cuenta de su ingenuidad, simpleza e inutilidad.

Lo indiscutible es la hermosura plástica que brota del deporte, su colorido, el hechizo del movimiento de sus practicantes en las distintas superficies donde se desarrolla; pero ello no es obstáculo, como es natural, para decir que no sufro, ni entro en éxtasis, si España pasa, no pasa, yerra, juega mal o bien, gana o no; lo maravilloso es ver jugar a Argentina, con la magia de Messi desplegada sobre la yerba. 

Un placer de una belleza e intensidad, sólo comparable a una canción de Silvio Rodríguez.
 

Notas

Fabien Ollier (Francia, 1973), es doctor en Filosofía y director de las revistas Quel Sport y Mortibus; ha publicado un gran número de obras en las que critica radicalmente los aspectos oscuros del deporte, en ensayos como El integrismo del fútbol (2002, colab. Henri Vaugrand), Footmania, crítica de un fenómeno totalitario (2007), El Libro Negro de los Juegos Olímpicos de Pekín (2008, colab. Marc Perelman), Deporte Rojo y estrategia del capitalismo; Mitologías deportivas y represión sexual (2004).

Carlos Tena en Kaos en la Red
Carlos Tena - KaosEnLaRed